acerca de mí
N
ací en Madrid un 7 de agosto del año 80. Corrían años de aniñada democracia. Un año en el que ocurrían cosas tan sorprendentes como que a una mujer como Pilar Miró se le juzgara por la jurisdicción militar al reconocerse autora de la obra “El crímen de Cuenca”, pero al mismo tiempo podíamos ver como en nuestro barrio madrileño de Malasaña se cocía lentamente aquello que todos conocemos por “la movida madrileña”.
Me inculcaron desde pequeño el valor de la vida en democracia y desde muy joven fui consciente de que esa democracia era un regalo de nuestros padres; nuestra labor y misión, conservarla y trabajar por ella.
Quizá por eso, tras unos años en la Facultad de Administración y Dirección de Empresas, me di cuenta que necesitaba profundizar académicamente en algo que me resultase más atractivo y que fuese dándome respuestas a mis inquietudes e intereses por encima de las posibles salidas profesionales, y me matriculé en Trabajo Social, en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, de la Universidad Pontificia de Comillas. Estos estudios los compaginé con diferentes actividades y trabajos en organizaciones de carácter social. Una forma distinta de entrega a los demás que no muy tarde me llevó a mi verdadera vocación: la política. Hoy la practico desde la organización que presido, Nuevas Generaciones y desde el Congreso de los Diputados, como diputado por Valencia.
Hoy sigo rompiéndome la cabeza por seguir ampliando mis estudios en el poco tiempo que me deja la actividad política, se puede hacer, pero requiere mucha fuerza de voluntad y más aún cuando la adaptación al espacio europeo nos está modificando todos los planes de estudio, pero no los dejo ni los dejaré y espero pronto ir sumando líneas al curriculum académico, ahora comienzo la batalla de adaptar la Diplomatura al Grado que exige Bolonia.
La política no lo es todo en la vida de una persona, aunque es crucial para todos porque nos permite articularnos socialmente y supone el mayor instrumento de transformación que existe; pero la vida tiene que tener obligatoriamente un millón de cosas más que la política.
Una buena sobremesa, un libro que te hace cerrar los ojos y pensar, un viaje poco organizado que te obliga a cambiar de camino varias veces, una película que no has mirado cuántos minutos dura, una larga e intensa partida de mus con mucho humo y pacharán donde nos juguemos unas tapas para después. Una canción de Chaouen o Paco Bello de esas que te hace volver a enamorarte cada diez minutos.
La familia, los amigos, las personas sinceras que quieren aportar, todos aquellos que aportan sin darse cuenta, los que creen en sus ideas razonadamente sean del color que sean, los que no odian a nadie por su forma de pensar. A los valientes que se sumergen en el pensamiento con la libertad de no tener miedo a nuevas ideas, sin correas que le aten a una doctrina establecida y cerrada. A los iguales que no han tenido las mismas oportunidades, que no han tenido estudios, que no tienen para comer, que han caído en la droga; a los que huelen a podrido pero tienen la mirada y la sonrisa más limpia del mundo.
Todas son personas que quiero tener cerca, personas que me hacen no conocer el sacrificio o el cansancio para seguir ilusionado en esta gran tarea de querer cambiar las cosas incorrectas de nuestra sociedad, pera ir cada día mejorando lo que puede ser mejorado, para seguir soñando con el mejor lugar posible para que vivamos todos.
Algo que exprese este sentimiento? Un poema de Mario Benedetti, No te salves. Si te ves entre esas palabras, vente, que aquí en el PP estamos muchos.