“La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía” dijo Beethoven. No se me ocurriría jamás intentar contradecir a este genio Alemán de la música clásica, más bien al contrario, coincido en la parte de inspiración casi mística que se desprende de una pieza musical con calidad. Y no únicamente las sinfonías de este músico, obras maestras, sino cualquier partitura te puede llegar a llevar a un plano filosófico, comprensible a veces sólo para eruditos, pero emocionante y conmovedor para todo aquél que quiera abrir sus oídos y su corazón a unas buenas notas musicales.

 

Mientras hacía su entrada oficial en el recinto del Palacio de Congresos el Presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, todos los Diputados nacionales y un nutrido grupo de Senadores del Reino se ubicaban en sus escaños a la espera del comienzo de la sesión.

 

Antes de hacer su entrada en el edificio principal y de firmar el Libro de Honor del Congreso en la Sala de la Constitución, el protocolo de la Cámara Baja tenía preparada la audición de los Himnos nacionales en el patio exterior junto a unas banderas de los dos países, como podéis ver en la foto.

 

Los Diputados y Senadores veíamos por las pantallas del Hemiciclo el momento y comenzó entonces a sonar el Himno Francés. Hubo un momento de desconcierto, no éramos parte de la oficialidad de ese instante y tampoco había representantes franceses en la cámara, aún así algunos Diputados fueron discretamente poniéndose en pié hasta que la totalidad del Hemiciclo adoptó esa posición de respeto.

 

Tras varios minutos de sintonía marsellesa comenzó a sonar nuestro Himno nacional. Tengo que reconocer que, como comenzaba este post, cuando escucho el Himno de España, mi imaginación comienza a volar y son muchos los diferentes sentimientos, todos ellos relacionados con el respeto a mi país y a sus símbolos nacionales, los que empiezan a surgir.

 

Qué grande es querer a tu Patria de forma abierta, plural y moderna. Qué envidia siento de los países, como Francia, que miran sin complejos sus colores y escuchan con respeto los acordes que antes que ellos millones de compatriotas han mirado y escuchado con orgullo y con honor.

 

Escuchaba el himno y miraba los rostros de las Cortes Generales. ¿Es tan difícil que la izquierda española pueda entender la importancia de mimar la identidad nacional de nuestros ciudadanos? Si giraba el cuello un poco más hacia el centro del Hemiciclo me cruzaba miradas con los Diputados de ERC y del PNV, no os miento si en ese momento se me cortaba un poco el paso de aire por la garganta y se me secaba la boca.

 

Preferí volver a mirar a la pantalla. En el rostro de Sarkozy había mas respeto a lo que escuchaba que en los antes citados. A su lado los tres españoles institucionalmente más relevantes de nuestro país. El único que desprendía respeto y entendimiento a lo que estaba sonando era el Presidente del Congreso José Bono, los otros dos parecían perdidos. Uno de ellos, el Presidente de España.

 

¿Cómo va a saber Zapatero el significado real de lo que ahí pasaba si en los actos de su partido esos colores no se ven, es más, con transigencia y decoro, si se permiten los colores de otra época republicana que con nostalgia recuerdan?

 

La sensación fue extraña, no creo que me evocase la filosofía a la que se refería Beethoven pero desde luego haber oído esta vez mi Himno en las condiciones que lo hice no me dejó indiferente.

 

Concentré mi mirada en el gesto más propio, digno y honrado que se percibía en ese momento y preferí terminar de oír el Himno de España observando a los dos militares que en último plano de la imagen aportaban toda la grandeza a la situación.

 

Treinta segundos en total de himno español. Escuchamos dos minutos de Marsellesa pero el nuestro fue el himno corto, supongo que por protocolo. Al final, en cualquier caso, los franceses siempre seguirán siendo los franceses; nosotros, como hace siglos seguimos preguntándonos sobre nosotros mismos.

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