Los polÃticos que tenemos
Andan las aguas siempre revueltas en esta España agitada ya por futuras confrontaciones electorales. La buena idea del Partido Popular celebrando una convención sobre seguridad ciudadana quedó machacada este fin de semana por la presentación de un vÃdeo tramposo. Les pasó a los de Convergencia en el inicio de la campaña electoral catalana. Le ha ocurrido al PSOE en iniciativas similares (no, no en ese reciente anuncio de una compañÃa pública, en el que los populares, sin demasiada razón, ven publicidad subliminal invitando a votar a los socialistas).
DeberÃan abandonar nuestros partidos la idea del vÃdeo-denuncia, por mucho que estemos en la era del vÃdeo; simplemente, les sale siempre mal porque exageran, porque carecen de la contención y moderación suficientes, porque llegan a las nuevas técnicas sin la adecuada preparación y porque, en el fondo, la gente anda reclamando menos palos y más zanahorias en forma de propuestas constructivas que sepamos que luego, tras las elecciones, se van a cumplir. No como esas promesas de, por ejemplo, desbloquear las candidaturas electorales, siempre plasmadas en los programas y jamás, desde hace décadas, concretadas a la hora de la verdad.
Algo de esto explica que haya un sustrato de desconfianza en la ciudadanÃa, me parece, con respecto a su clase polÃtica. Y es que da la sensación de que a nuestros polÃticos a veces les falta confianza en los cauces democráticos. Incluso lo vimos el pasado sábado en la reunión del comité federal del PSOE, donde algunos militantes pidieron la vuelta a las elecciones primarias. Aquello, lo de las primarias, fue un avance democrático que duró poco, y hoy casi nadie, excepto las voces discrepantes, se acuerda: resultó, ustedes sin duda lo recuerdan, demasiado complicado. La democracia es complicada, qué le vamos a hacer. Pero ya se ha visto, por ejemplo en el caso de Miguel Sebastián, que el nombramniento del candidato ‘por dedazo’ sigue sin estar del todo de moda, incluso entre los militantes más leales a sus jefes de partido. Y, claro, entre esto y lo del vÃdeo trucado del PP, el fin de semana no ha deparado ciertamente mucha cosa buena para la imagen de esa clase polÃtica que arranca motores para meterse en la batalla electoral.
Confiemos en que no sea solamente una campaña de vÃdeos, mÃtines de los de siempre y libros hagiográficos, de esos que se presentan –esta semana tendremos un par de ejemplos en la lista de eventos en Madrid– para hacer ruido en favor del biografiado, casi como un mÃtin de campaña más, pero ahora con periodista-escritor actuando de telonero.
La modernidad, que tiene mucho de participativo, llama a la puerta de los partidos, y los partidos no son capaces de responder a ese llamamiento. Son muy pocos los polÃticos que mantienen blogs con su circunscripción, es decir, son muy pocos los que mantienen contacto directo con sus electores. Y muchos los anclados aún en las técnicas convencionales que no sirven, en general, sino para consolidar el apoyo de los ya previamente convencidos. Pero que no generan ni un voto más, especialmente de aquellos que se incorporan ahora a la posibilidad de votar; estamos haciendo de nuestras generaciones más jóvenes –no hay más que ver en qué consisten las ‘juventudes’ de los partidos– unos pasotas polÃticos, y ello resulta especialmente evidente en el caso de la formación que ahora nos gobierna.
En el fondo, se percibe el temor de la clase consolidada española a los avances tecnológicos, que son mucho más que eso: son revoluciones del pensamiento. Nuestros polÃticos principales, como ciertos capitanes de empresa, algunos miembros de la Conferencia Episcopal o varios destacados personajes que se dicen (y posiblemente son) lÃderes sociales, carecen de ordenador en su mesa de trabajo. ¿Internet? Cosa de secretarias, que luego pasan los resúmenes en papel.
Y, claro, es esta una carencia que los que la favorecen van a pagar muy cara: a los polÃticos mitineros, a los ministros, se les llena la boca de promesas con ordenadores personales para todos los escolares, bandas anchas por doquier y sociedades de la información que, en el fondo, informan de muy poco. Pero ellos no conceden un ‘chat’ digital ni aunque los maten: demasiada libertad en las preguntas que pueden llegar, demasiado poco control.
Ese temor al que me referÃa es el que se detecta en esta clase polÃtica que acude al vÃdeo como si fuesde un ladrillo (con perdón) arrojadizo sobre la cabeza del rival. O que se complace en el libro hagiográfico. O que utiliza la publicidad como arma disuasoria, como premio al que ha sido bueno y como castigo al que ha sido malo. ¿Tendremos más de lo mismo en los dos años electorales que se nos avecinan? Que Dios se apiade de nosotros…y de ellos.
20 dUTC noviembre dUTC 2006 a las 23:32
Pobre Rajoy, el seguramente habÃa encargado el video con toda la buena intención que le caracteriza, y un malvado obrero le ha colado imagenes de violencia callejera durante su mandato y de Colombia.
Viendo que no es capaz ni de controlar sus maniobras manipuladoras, me explico como es que no se enteraron de que nos estaban preparando un atentado islamista, siendo ellos los responsables de nuestra seguridad.
¿No hay escuelas para formar politicos en España?
Un saludo Progresista.
22 dUTC noviembre dUTC 2006 a las 20:15
“Y muchos los anclados aún en las técnicas convencionales que no sirven, en general, sino para consolidar el apoyo de los ya previamente convencidos”
Yo sigo en mis catorce, las tendencias indomesticadas están aún en el terreno de las nuevas conquistas; coincido contigo que es penoso el panorama cuando se contempla la técnica del clásico mÃtin (por cierto, muy alejado ya del originario meeting) el clásico mÃtin solo sirve para reconocerse, no para ampliarse.
Además,… ¿no serÃa hermoso disponer de diversos modelos modelos de discursos electoralistas? Yo me apunto por el reflexivo, por el basado en la duda, por el que lanza preguntas y espera del público una reflexión aunque sea tardÃa.
24 dUTC noviembre dUTC 2006 a las 1:10
Señor Jáuregui, deseo expresarle mi felicitación por su último artÃculo publicado en DiariocrÃtico, titulado Reflexión de Navidad en Moncloa. Me ha parecido un editorial redactado con meticulosidad, matizado, sin ensañarse con nadie ni ser hiriente, que es lo más importante, y me alegro por ello en un periodismo como el español tan aficionado a ver las cosas blancas o negras y a la sal gorda. Ojalá todos los artÃculos de sus colaboradores fueran asÃ, pero yo ya he dejado de leer por sistema a algunos de sus colaboradores (y colaboradoras) porque sé lo que me voy a encontrar, y estoy harto de leer opiniones sectarias que ya me sé hasta de memoria. Lo dicho, mi enhorabuena.
28 dUTC febrero dUTC 2007 a las 17:31
raul…..tu sabes lo que dices?…yo creo que eres con todo el respeto 1 desgraciado que no tiene ideas propias….y yo me cago en rajoy!tenia que haber estado el en los atentados del 11-M en vez de toda la gente inocente.tb me cago en todo el pp,en todo el psoe y en los reyes!
viva la republicaaaa!raul casate con rajoy y haber si asi te callas!un saludo!