España, un país en elecciones

Enviado por Fernando Jáuregui | 15/04/14



Inmovilizados

Enviado por Fernando Jáuregui | 12/04/14

Del peligro del inmovilismo en política….

Un finde conviviendo (ufff) con el tocho de Pilar Urbano…

Enviado por Fernando Jáuregui | 06/04/14


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(hay quien ha pretendido comparar el ‘invento’ (reconocido) de Jordi Evole sobre el 23-f con este libro de Urbano. No es justo ni para uno ni para otro. Aunque cierto es que útimamente se empieza a considerar periodismo a cosas que desde luego no lo son. O no lo eran en tiempos más…’¿clásicos?’
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Reconozco que no tenía intención de leer el ya famoso libro de mi colega Pilar Urbano, ‘La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’. Me disgustan esos ‘libros verité’ en los que el autor se siente legitimado para inventar diálogos en los que no ha estado presente y describir actitudes y gestos que, por lo mismo, desconoce. Hace falta mucho desparpajo, por ejemplo, para escribir que “el Rey le quitó la funda a un habano Hoyo de Monterrey Doble Corona y escuchaba sin dejar de atender al ritual de cortar la punta y encender su cigarro. Suárez empalmaba un cigarrillo Ducados con otro”. Así enmarca la señora Urbano lo que a continuación sigue, que es una presunta bronca, contada de manera literal, entre el todavía presidente del Gobierno y el jefe del Estado. Y la primera pregunta que me surge es: si lo del habano y detalles similares es algo simplemente inventado para dar color y verosimilitud al texto, ¿por qué debo considerar reales las palabras que de dos interlocutores se reproducen a continuación, como si se tratase de una grabación, cuando uno de ellos está muerto y el otro, el Rey, consta –porque él mismo lo ha dicho– que no ha hablado del asunto con la autora?

Conste que no estoy acusando a la periodista, como ha hecho nada menos que Felipe González, de mentir. Ella sabrá. Como tantos otros informadores veteranos, he tenido acceso a algunas confidencias de Suárez, que yo podría oponer a algunas de las cosas que Urbano coloca en su muy grueso volumen, del que, por cierto, sobran más de la mitad de esas páginas dedicadas a tan comerciales como irreales inventos destinados a colorear situaciones y diálogos. Pero Suárez, que está muerto y cuya mente ya había quedado oscurecida desde hace más de una década, no puede corroborar mis desmentidos a lo que Urbano afirma, como tampoco puede negar –ya lo acaba de hacer su hijo y depositario de los documentos del ex presidente– lo que en el libro de Urbano se contiene. Prefiero, pues, no invocar el testimonio de alguien que ya no está entre nosotros. Pero basarlo todo en lo que alguien fallecido te dijo o no te dijo, me parece temerario y difícilmente creíble. Sobre todo, cuando los vivos a los que aludes rechazan en bloque, y de manera tajante, tu versión.

Debo también reconocer que he sido incapaz de leer –quizá finalmente lo haga, con tiempo y algo de paciencia—íntegramente el libro, en el que, por cierto, se me cita dos veces entre los autores consultados. Ya digo que no me gusta el género: prefiero las investigaciones más austeras y menos ‘coloristas’ (vamos a llamarlo así). Sí leí obras anteriores de la autora y siempre, especialmente el último volumen sobre la Reina, me parecieron al menos discutibles: poner en boca de Doña Sofía algunas de las cosas que Urbano pone, es, simplemente, increíble para alguien que conozca el talante, la prudencia y hasta la sobriedad de palabras de la sufrida esposa del Rey. Otra cosa es que la miopía de La Zarzuela, o la inercia, o la pereza de algún secretario, dejase pasar, sin contestación, aquel libro.

Creo que ha hecho bien La Zarzuela saliendo, con un lenguaje quizá no muy ortodoxo, al paso de un libro que en nada va a contribuir a la solidez de la implantación de la Corona en España, en momentos en los que la Institución que encabeza Juan Carlos I atraviesa una situación delicada. Solo puedo afirmar, al respecto, que, si se tratase de una obra de investigación rigurosa, sin diálogos y coyunturas inventados, irrefutable, Pilar Urbano y sus editores habrían prestado un gran servicio a España. Tal y como se han puesto las cosas, y tras un fin de semana conviviendo con esta ‘desmemoria’, me temo que ha sucedido exactamente lo contrario. Y, por favor, que nadie vea en estas descalificaciones el más mínimo intento de ayudar a un ‘statu quo’ en el que se aprecian graves malformaciones. Es que, simplemente, mi verdad, que no es necesariamente la verdad, pero que necesariamente no es la verdad que predica Urbano, pasa por creer más la versión de Zarzuela, que sin duda no será toda la versión posible, y la versión de Suárez Illana, y la de los ex ministros de UCD, y hasta la de Felipe González, que me consta que no siempre nos ha dicho toda ‘su’ verdad, que la de una periodista a la que algunas veces he visto ir más allá de los límites que pienso que ha de tener esta profesión. Que son unos límites mucho más estrechos de los que algunos profesionales notables de este oficio, que debería ser maravilloso, se han marcado.

El país de las desigualdades

Enviado por Fernando Jáuregui | 28/03/14

Me cuesta creer que sea verdad que nuestros niños son los que tienen mayor riesgo de exclusión de Europa (tras Rumanía). Pero tengo que confiar en el informe de Cáritas, por mucho que, a veces, me suene excesivamente alarmista: se ahonda la brecha entre ricos y pobres, va desapareciendo la clase media del país (que es la más industriosa), nuestros jóvenes más preparados se marchan y los abuelos, los ‘yayos’, se convierten en el arquitrabe del país. Mal asunto, si lo pones todo junto, por muchoque Moody’s empiece a ver brotes verdes en la primavera hispana.

Aquel PCE, esta izquierda y algunas insidias…

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/03/14

Se nos murió Armando López Salinas, que fue, junto con Tamames, el ‘tolerado’ del PCE durante el franquismo. Era otra izquierda, pero una izquierda que quería ser democrática. ¿A qué viene llamar ‘izquierda’ a lo que representan, si es que representan algo más que la falta de civismo más feroz, estos jóvenes insolidarios con cualquier idea que pretenden instalar la violencia porque sí?

España le prepara su homenaje: necesitamos a otro como él

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/03/14

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(y, además, nunca le pude ganar al mus. Sobre todo, cuando jugaba con el gran Chus Viana)
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Hoy, es de temer –¿se teme lo inevitable?– será el día en el que él, el gran Adolfo Suárez, nos abandonará físicamente. Hemos escrito muchas cosas muchos sobre él, le hemos homenajeado, hemos hablado de las incógnitas de su vida, de algunos comentarios que a mí particularmente me hizo. Aquí está el ‘todo Adolfo’, que nos habla de un personaje irrepetible, pero que debería, necesariamente, repetirse: necesitamos a alguien capaz de darle la vuelta al Estado en once meses, como él hizo.

“Seamos realistas, pidamos lo imposible”

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/03/14

Uno de los lemas luego más repetidos de aquella nueva ‘revolución francesa’ de mayo de 1968 rezaba así: “seamos realistas, pidamos lo imposible”, decían algunas pintadas en los Campos Elíseos o en el Barrio Latino de París. Luego, muchos años después, aquel 15-m, los ‘indignados’ adoptaron paradójicos y sugerentes lemas de este tenor. Pero la imaginación y el humor estuvieron, es de temer, bastante ausentes en las ‘marchas por la dignidad’ de este sábado, que aún coleaban en la madrugada del domingo, ya desprovistas, merced a la actuación de algunos extremistas muy minoritarios, pero también muy violentos, de su carácter inicial de protesta pacífica y razonable.

La jornada del sábado 22 de marzo de 2014 será histórica por bastantes conceptos y tendrá, sin duda, consecuencias. Las tendrá la muerte física de un gran presidente, Adolfo Suárez, que agonizaba mientras las gentes, venidas de toda España, pero especialmente de Extremadura y Andalucía –las dos comunidades más golpeadas por la crisis—manifestaban su descontento, su decepción, su angustia, por las calles de Madrid. Esa propia gran marcha, que colapsó el centro de ese manifestódromo que es la capital española, también debería quedar plasmada en algún tipo de reacción oficial, más allá de la absurda descalificación comparándola, como hizo el presidente de la Comunidad madrileña, con el ‘ultra’ Amanecer Dorado griego. Y más allá, desde luego, de la mera crónica policial: ¿cómo no condenar la conducta incivil y antidemocrática de quienes, aprovechando la marea pacífica, se vuelven tiburones que todo lo destrozan a su paso y son capaces de agredir a la propia policía, que se defendió como pudo, creo que esta vez sin excederse?

Pero eso es la anécdota, más que discutible, que no invalida lo anterior. La categoría es el descontento de amplias capas de la ciudadanía con una manera de gobernar que pertenece a un pasado con el que Adolfo Suárez, por ejemplo, comenzó a romper, aunque la obra del hombre que en once meses dio la vuelta a un Estado injusto quedó inconclusa: una democracia se perfecciona día a día, nunca es una obra lo suficientemente perfecta y acabada. Y conste que no quiero justificarlo todo en una marcha en la que se pidieron, como en las pintadas de la Sorbona y Nanterre, cosas imposibles, como que España no pague la deuda. ¿Cómo es posible que una formación política seria, en alza, que compone un grupo parlamentario en el que figuran gentes como Cayo Lara y Gaspar Llamazares, secunde semejante exigencia, plasmada en buen número de pancartas? ¿Pueden secundarla los sindicatos? ¿Se trataba, por otro lado, de una manifestación de protesta económica o de un intento de plebiscito pro República, a la vista de la cantidad de banderas tricolores, allí impertinentes, pienso, que se exhibían? ¿Era el ‘actor’ Willy Toledo, figura antisistema y folclórica por principio, la persona más idónea para dirigir una soflama a los asistentes?

La exasperación de una parte de la sociedad existe, el abandono, por un sector significativo de la población, del apoyo a los dos principales partidos del arco parlamentario también existe, y las encuestas nos hablan semana tras semana del poco aprecio de la ciudadanía a unas formas de comportamiento de eso que se llama ‘clase política’. Una clase que debería, incluso mirando a lo que está sucediendo en el mundo –también por eso, porque se oyeron los primeros disparos en Crimea, la jornada de este sábado fue histórica–, pensar en ir modificando cuanto antes sus pautas de comportamiento. Pues ¿no vemos que hasta la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, ex presidenta del Senado, ex ministra y figura en alza en la ‘contestación interna’ dentro del partido gobernante, reclama que se pida perdón por los casos de corrupción dentro de su propia formación política?

Creo que, en efecto, es la hora, más que de pedir perdón ante la leche derramada, de arbitrar soluciones para que nada de eso vuelva a suceder, para que una política más equitativa quite la espoleta de muchas protestas justificadas y deje a algunos ante su propia demagogia de exigencias imposibles. Pero nuestros representantes permanecen como aletargados, culpando a agitadores, o al mensajero, o vaya usted a saber a qué malvada mano oculta, de una desafección que poco tiene que ver con el mensaje oficial de que todo va bien. Algunas cosas van en camino de la mejora, es cierto. Pero cualquiera que, sin los anteojos oscuros para no ver, se diese una vuelta el pasado sábado por la plaza de Colón, que amenaza con ser, junto con la Puerta del Sol, nuestra particular plaza de Tahrir, podrá comprender que no, no todo va bien. Y alguien, desde las tribunas oficiales, debería reconocerlo un día de estos, más pronto que tarde. Es, en efecto, posible dar más, aunque algunos se empeñen en pedir lo imposible.

¿Qué está (no) haciendo Rajoy con el PP?

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/03/14

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(¿es este hombre digno de que en él se deposite toda la ilusión del PP andaluz ante ‘sus’ elecciones más decisivas?)
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Rajoy parece incapaz de dinamizar algo su partido.A mí, lo de Andalucía, por mucho que el candidato haya obtenido el 98 por ciento de respaldo, me parece una demasía política. No puedo ver a Arenas trasteando por ahí, muñéndolo todo: es la política como a mí me horroriza, como, creo, que la ven esos ciudadanos que en más de un 80 por ciento dicen desconfiar de sus políticos. En fin…

Bueno, siempre nos quedará Uganda…

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/03/14

Sí, siempre nos quedará Uganda.Increíble, pero cierto: una resolución denunciando la homofobia en Uganda fue una de las escasas que obtuvieron aprobación unánime tras el debate sobre el estado de la nación. Siempre nos quedará Uganda en este país alicorto, incapaz de grandes vuelos políticos, que se mira el ombligo y que concede más importancia al por otra parte intolerable ‘affaire’ de los coches horteras de Pujol Jr. o a si Rajoy y Cospedal se abrazan en Sevilla que a las cesiones de Europa en sus obligaciones. Y eso sí que puede resultar peligroso, cuando el terrible Putin, a quien ni me atrevo a nombrar, empieza a marchar a su libre albedrío sobre una Ucrania cautiva. Maaadre mía…

Preparándome para el debate del año, otro año…

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/02/14

Diosss, el martes es el debate sobre el estado de la nación. Hay que ir reservando asiento para un acontecimiento parlamentario que, si nadie lo remedia, va a ser como las veinticuatr ediciones precedentes…