Mas, que es un político menor, tiene en sus manos el destino de Rajoy

Enviado por Fernando Jáuregui | 15/06/13


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(este Artur Mas, que está a punto de pasar a la historia menor de los presidentes de la Generalitat, podrá presumir ante sus nietos de haber montado un pollo inmenso. Para nada, ya lo verán ustedes)
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Curioso: alguien tan poco sobrado de condiciones políticas como Artur Mas tiene en sus manos el destino político de Rajoy y, si me apuran, hasta de Rubalcaba, aunque este último vaya de retirada.

La revolucion espanola, en Francia

Enviado por Fernando Jáuregui | 08/06/13

En Paris, dando una conferencia en el Liceo Espanol sobre la segunda transicion. Hable, claro, de la ‘revolucion emprendedora’ espanola, que no es precisamente la revolucion francesa,, pero es la que es.

Ya está bien con Aznar, Felipe, Espe, Guerra, Piqué y todos ellos

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/06/13

Basta, basta ya de esta invasión de ex políticos –bueno, políticos siguen siendo– que nos cuentan sus memorias adulteradas, nos dan sus consejos envenenados y nos tratan como a niños desviados, a los que, por cierto, ellos no pudieron enderezar. Basta de los Aznar, Felipe, Guerra, Aguirre, Pujol, Bono, Piqué…No sé si lo que quieren es volver a la poltrona o, simplemente, vender más ejemplares de sus libros. Pero ya está bien de su mercancía averiada, de sus recetas pasadas de moda. España necesita gente nueva, caras nuevas. Y eso incluye también a los del presente, a todos nosotros, que debemos ir reduciendo nuestros protagonismos, aunque sigamos creyéndonos imprescindibles; los cementerios están llenos de imprescindibles, y a algunos nos falta menos para llegar allí…Hay que saber tener la grandeza de ir retirándose.

Ocho años de blog ya…

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/06/13

Estos cenáculos y mentideros cumplen, en este mes de junio, ocho años. Cómo pasa el tiempo y la de cosas que han sucedido en estos trepidantes, agitados, no sé si muy felices, años. Aquí hay, lo compruebo ahora, un compendio de la historia política –y social– de este endemoniado país nuestro: el zapaterato, ahora el marianato y todos los avatares que nos han ido cayendo sobre las desprevenidas cabezas. Cuando este blog nace, la crisis no había llegado y éramos dichosos a fuer de despreocupados. O desinformados.

Dicen, en fin, que las hemerotecas siempre acaban dejándonos mal a quienes, por oficio y casi nunca por beneficio, contribuimos a hacerlas. No sé, supongo que aquí, en estos cenáculos, algo de eso habrá.

Gracias a cuantos os habéis acercado por aquí. Aquí, por lo demás, y aunque esto de los blogs se haya pasado ya un poco de moda frente a los twitter y compañeros mártires, seguimos.

Este país de todos los diablos…

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/06/13

Uno tiene la sensación de que esta crónica podría haberla escrito hace algunos meses, y es hasta posible que uno, desmemoriado, haya escrito alguna vez algo semejante, esperanzado en ese pacto político que haga avanzar de una vez las cosas. Y luego, nada, pese a las palabras esperanzadoras, como las de este semana de Alfredo Pérez-Rubalcaba, claramente lanzado a la vía del acuerdo, del Gran Acuerdo, con el PP. Donde, por cierto, han recibido la mano tendida con menos frialdad que en otras ocasiones: hemos escuchado al líder del PSOE reconocer privadamente que se habla con Rajoy más que antes, y que se han reanudado los contactos telefónicos tras el indudable error de Rubalcaba de pedir públicamente al presidente que abandonase La Moncloa. Pero, la verdad, aún no se ha tomado, desde el Partido Popular, esa mano tendida, probablemente porque sigue en vigor esa nefasta ‘doctrina Rajoy’, que consiste en pensar que se está haciendo todo bien y que, por tanto, nada hay que cambiar en el rumbo ni en los métodos. Y que, si alguien quiere pactar, que firme en el contrato de las adhesiones incondicionales. Y así, claro, no hay manera.

Desde luego que todo el mundo es consciente de la debilidad en la que vive un PSOE dividido, desconcertado, sin demasiadas ideas, o con tanta superabundancia de ellas que cada Federación socialista aporta alguna casi a diario, anulándose las unas a las otras. Pero también todo el mundo ve que en el campo gubernamental no abundan los aciertos, ni el talante de transparencia, por mucho que el proyecto de ley de la cosa esté, quizá incluso consensuado, tan de moda: todos hablan de transparencia y todos siguen sin practicarla, palabra de periodista que se pasa el día pululando por ahí.

Es el caso que esta semana han vuelto todos los demonios familiares: un abucheo a los Príncipes de Asturias en el Liceu barcelonés puso de manifiesto que el catalanismo más desarraigado es capaz de cometer todo tipo de faltas de educación –¿es el tradicional recinto de la cultura el templo para mostrar desafecciones políticas antes de escuchar una obra de Donizetti??–. Y también puso de manifiesto, desde luego, que el futuro Felipe VI tendrá que trabajar mucho para ganarse a los casi irreductibles, que no habitan solamente en Cataluña y en el País Vasco.

Más demonios: ahí sigue la UE, dándonos palmetazos de mal maestro al discípulo díscolo –ah, pero ¿somos díscolos los españoles?. Yo, la verdad, no lo había notado–. Unos palmetazos que provocaron esa oferta de ‘euroconsenso’ de Rubalcaba a Rajoy; hay quien dice que probablemente ya tiene, vía telefónica con La Moncloa mediante, un ‘sí’ no demasiado comprometido por parte del galaico, helado, presidente.

Sigo con los demonios: pues ¿no nos viene el señor gobernador del Banco de España nuevamente con la cantinela de la bajada de salarios –incluyendo los mínimos–, con adelantar el retraso de la jubilación, suprema paradoja, y con que hay que seguir abaratando los despidos para fomentar la contratación, lo que no deja de ser, visto así sin filtros, otra ‘parajoda’, que diría el tragicómico que imita a Beppe Grillo? Claro, la salida a los medios del señor Linde ha sido mal acogida incluso en el seno del Ejecutivo. Donde el bravo ministro de Economía, Luis de Guindos, sigue luchando –¿hasta cuándo?—contra algunas exigencias europeas como la subida del IVA, cosa que sería un claro disparate para la economía española aquí y ahora. Pero ¿le importa de verdad al señor comisario Olli Rehn el aquí y ahora de los sufridos ciudadanos españoles?

Y, por supuesto, el último demonio familiar siguen siendo esos casos de real o presunta corrupción o corruptela que siguen poblando las páginas de los periódicos, con brotes –ya digo que afortunadamente pretéritos; ahora nada podría ser igual, confío—en Madrid, Barcelona, Andalucía, Valencia –ahora, nada menos que Camps y Rita Barberá van a ser imputados por el ‘caso Urdangarín’–, Baleares, Cantabria…Sospecho que los españoles ya casi hemos perdido la sensibilidad ante tantos ejemplos de mal uso de las facultades y funciones que hemos otorgado a nuestros representantes. Quizá por todo ello, y porque no nos unimos todos contra ellos, nuestros demonios familiares sigan tan campantes, haciendo eso: vida de familia, aquí, entre nosotros, como si tal cosa. Y es que el hispánico modo de entender estas cosas consiste en reservar los rayos y centellas para clamar porque los diputados se toman un gin-tonic más barato que los demás. País endemoniado…

Alguien que viene por ahí, a incordiar a los dos ‘grandes’

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/05/13


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(Ahora dicen que ‘Democracia real ya? está pensando en presentarse a las elecciones. Me parece buena idea; deberían hacer un primer test a escala nacional y circunscripción única en las elecciones europeas del año próximo)
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Cada día estoy más convencido de que las próximas elecciones generales, y es posible que ya las municipales y autonómicas, van a marcar un profundo cambio en el espectro político español. Se ve venir, y mucho tendrán que cambiar las cosas para que España siga siendo el país bipartidista ‘imperfecto’ que ha venido siendo desde que se hundió UCD, en 1982, y PSOE y AP, después transformado en PP, se enseñorearon de la inmensa mayoría de los escaños en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Han sido treinta años de predominio, de funcionamiento muchas veces abusivo, al amparo de una ley electoral injusta que trataba, y trata, de eso: de perpetuar un sistema de dos grandes partidos nacionales y de primar a formaciones nacionalistas que parecían, en su origen, moderadas, relegando a ‘terceras opciones’ como hoy son IU y UPyD. Pero hay alguien que viene por ahí, dispuesto a hacer trizas este ‘statu quo’ que, zarandeado por tanto escándalo, tanta falta de ideas, tantos egoísmos y personalismos, ya no aguanta mucho más.

Tome usted, por ejemplo, la irrupción previsible de alguien casi extra sistema, como el ex juez Baltasar Garzón, en la escena política. Seguramente fichará por una Izquierda Unida que no está tan unida –supongo que Garzón lo hará por la ‘fracción Llamazares’–, pero que asciende continuamente en las preferencias de los encuestados, que, en cambio, conceden calificaciones escandalosamente bajas a los dos principales partidos. No digo yo, claro está, que Garzón, que de personalismos sabe un rato, pero que tiene su público, vaya a cambiar el signo de las cosas, no; desde la propia IU se nos viene impartiendo un lenguaje bastante poco innovador. Lo que digo es que lo del que fue ‘juez estrella’ es todo un fenómeno a estudiar, como lo es la irrupción de plataformas que tratan de regenerar la democracia –así, esta semana se presenta un ‘manifiesto de los cien’ que quiere ser un aldabonazo más en la deseable reforma de los partidos españoles– . O la proliferación de pequeños partidos con ánimo centrista en muchas localidades españolas, que ya han empezado a buscarse y a contactar entre ellos. O el creciente auge del ‘partido en blanco’ y del abstencionista. O el éxito que tuvo el movimiento indignado, hoy quizá fraccionado y pensando, una parte, en convertirse en una formación que concurra a las elecciones.

Los profetas del pasado, esos que continuamente basan la renovación en los rostros de siempre, parecen no querer enterarse de estas cosas. Conceden escasa importancia a todos estos síntomas, que anuncian el fin de una era, porque no creen que la etapa actual haya terminado. Por eso quizá le damos tanta importancia a la reaparición televisiva de un ex presidente que ya nunca podrá retornar a la primera línea política, pese a sus indudables virtudes políticas, lamentablemente anuladas por sus defectos. Ya no caben experimentos que sean más de lo mismo.

O mire usted, si no, lo que está ocurriendo en una Europa cada día más inestable, más capaz de darnos sorpresas como la muy reciente de los disturbios sociales en Suecia, esa nación a la que muchos consideran un paraíso helado. Estructuras anquilosadas como la de la partitocracia española, a la que la historia viene ahora a golpear desvelando tanto escándalo reciente, ya no tienen cabida en nuestro entorno europeo. Es cierto: desde el principal partido de oposición nos lo recuerdan casi cada día; pero, aunque es cierto que algo se mueve en el PSOE, lo hace para que el partido sobreviva a sus actuales cuitas y vuelva a su época de ‘grandeur’. Una ‘grandeur’ a la que, por su parte, en el PP están tan acostumbrados –¡en apenas año y medio!– que ya nos dicen que es preciso que nada cambie para que todo siga igual, porque las cosas van muy bien. Lo dicho: se están colocando todos los cartuchos para dinamitar el actual ‘statu quo’, que tan bien les ha funcionado a algunos. Tan, tan bien que son incapaces de ver que este juego se está acabando, porque alguien, gente que no es de ‘la casta’, viene por ahí: se llaman votantes, están absolutamente desencantados y buscan algo nuevo. Y uno, que es un optimista inveterado, siempre anda por ahí, confiando en que ‘esta’ semana, otra más, registre algún paso de quienes nos representan en la buena dirección. Y otra semana, y otra…

El ‘aznarazo’ fortalece, mire usted por dónde,a Rajoy

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/05/13


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(Aznar demostró lo que todos sabían: su mala relación con Rajoy. ¿Por qué salió a contárselo a Gloria Lomana y, de paso, a dos millones de telespectadores? Al ex presidente no le ha hecho ningún bien su ‘arrancada’)
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De todos los rostros que protagonizaron la actualidad nacional de la semana –la infanta Cristina, Blesa, nuevamente Bárcenas…– yo destacaría esta vez, por lo inusitado, el del ex presidente del Gobierno José María Aznar. Ignoro quién le aconsejó expresarse como se expresó en la entrevista que concedió a Antena 3, pero, desde luego, le hizo un muy flaco favor. Y, paradójicamente, prestó un servicio considerable a Mariano Rajoy, el atacado: casi –casi– todo el Partido Popular se congregó en torno al presidente del Gobierno y del PP, acusando menos que veladamente a Aznar de ‘deslealtad’ al airear sus discrepancias con la política gubernamental. Y eso que no todos en la formación que gobierna en España se muestran privadamente de acuerdo con lo que hace y, sobre todo, deja de hacer, el señor Rajoy.

“Son cosas de los partidos”, me comentaba un ex ministro de Aznar, defendiendo el derecho de su antiguo jefe a mostrar sus discrepancias: “le ampara el derecho a la libertad de expresión como a cualquier otro”. Cierto. O quizá no tanto: acaso los ex presidentes del Gobierno deberían centrarse más en ayudar positivamente a la buena marcha de la nación que en lanzar alfilerazos a sus sucesores, máxime cuando estos están en momentos de extrema debilidad. Prefiero, sin duda, en esto, el ‘estilo Zapatero’, que resucitó de la mano del periodista Luis del Olmo para decir, en Radio Nacional, que a él no le busquen para criticar a Rajoy. Me pareció, la verdad, la posición de un estadista, virtud que se le apreció poco a Zapatero cuando era él quien gobernaba.

Pero lo que me hizo pensar fue esa frase de mi interlocutor, el ex ministro aznarista: “son cosas de los partidos…”. En efecto, los partidos políticos ‘a la española’ son personalistas, se enzarzan en cuchilladas internas que no siempre son ideológicas o programáticas y, en general, dejan fuera de sus pugnas y ambiciones al resto de los ciudadanos, que se limitan a ser espectadores desde la periferia de las más o menos educadas peleas en el Olimpo partidario. Tal vez por eso, en buena parte, su descrédito. Y lo cierto es que el culebrón que estamos viviendo estos días, en el que se nos muestra la suciedad de pagos injustificados –como el que benefició al ‘asesor Blesa’–, sobresueldos, donaciones a cambio de favores, contabilidades B y hasta C, dice muy poco de la transparencia con la que los partidos políticos españoles, pero muy especialmente el que nos gobierna, actuaron en el pasado.

Es un clamor que los partidos han de funcionar de otro modo, y lo cierto es que desde el PSOE, de la mano de Ramón Jáuregui, se han adelantado algunas soluciones, o tímidos intentos de ellas, que deben aplicarse urgentemente a la propia formación socialista, para no hablar ya del PP y de los restantes. Me consta que se está dando una reflexión muy generalizada en el seno de la sociedad civil en el sentido de que esa reorganización, esa apertura a la sociedad, gobernar de otra manera, es el primer paso inaplazable para la regeneración de nuestra maltrecha democracia, para que los representantes de la ciudadanía recuperen algo de la mucha credibilidad perdida. Así, en esta semana que termina se presentó, de la mano de dos ex ministros –uno, de Zapatero, el otro, de Aznar—un colectivo, llamado ‘Democracia’, que propicia esta regeneración. Dentro de pocos días, personajes independientes, entre ellos algunos notables de la economía y del Derecho, presentarán un ‘manifiesto de los cien’ en idéntico sentido: primarias obligatorias, limitación de mandatos, congresos más frecuentes y abiertos y un largo etcétera.

Tengo la impresión de que cosas como el ‘aznarazo’ aceleran la necesidad colectiva de cambios en nuestra democracia. No estuvo tampoco afortunado el ex presidente al atacar la política gubernamental precisamente cuando esta recibe sus primeros plácemes en mucho tiempo gracias al anuncio de una futura ley del emprendedor que ha sido bastante bien recibida, pese a su timidez, por todos los sectores, y que podría ser el primer proyecto de ley importante consensuado desde hace años. Supongo que Aznar, a quien le han llovido las críticas y que, con su salida televisiva, propició seguramente alguna filtración sobre sus actividades profesionales, habrá aprendido la lección. Ahora falta saber si la habrán aprendido todos los demás que estaban agazapados tras la iracunda reaparición del ex presidente: actuar de muy diferente manera es la receta.

¿Que yo he dicho que hay que reproducir el fusilamiento de Companys? Qué barbaridad…

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/05/13

Triste episodio este que me ha tocado vivir, y de paso, a mis compañeros de tertulia de un día en la COPE…Así, claro, jamás habrá entendimiento entre unos y otros y quienes, inmensa mayoría, estamos por la negociación, el entendimiento y por que los nacionalismos se sientan cómodos, en lo posible, en el Estado, acabaremos engullidos por los extremos. En fin, reproduzco mi respuesta a las burradas que algún medio (no sé si RAC1 o un digital llamado e-noticies, o ambos) ha intentado poner en mi boca.

¿Fusilar a Companys? Menuda barbaridad…
Fernando Jáuregui

Nada, que no hay nada que hacer. Es lo que uno –y perdón por personalizar en esta ocasión: hoy, me temo, toca, muy a pesar mío—piensa a veces al encontrarse con ciertos episodios de esa cierta ‘guerra mediática’ entre lo que llaman ‘Madrid’ y lo que otros llaman ‘Cataluña’; que, menos mal, ni es todo Madrid ni toda Cataluña. El caso es que una emisora a la que algunos consideran ‘oficialista’ de la Generalitat catalana –a saber…–pone en mi boca esta frase, textual: “Y si fusilamos a Companys, mejor todavía”. Horror. En efecto, pronuncié esa frase en el curso de una tertulia radiofónica en la Cope, en Badajoz, en un programa al que también asistió el presidente de Extremadura, José Manuel Monago, personaje controvertido, como se sabe, en algunos ámbitos catalanes.
Solo que el significado de mis palabras, si no hubiesen sido sacadas de contexto, era absolutamente el contrario, y el tono era, como bien se percibe en la grabación, claramente sarcástico: estaba diciendo -es mi línea de expresión habitual-que con Cataluña hay que negociar, que no basta con decir ‘no’ a todo desde ‘Madrid’ y que yo incluso sería partidario de reformar la Constitución para permitir, a cambio de otras cosas –menos emisoras oficiales, otro tratamiento lingüístico, menos ‘embajadas’…–, que Cataluña tenga un régimen fiscal distinto. Negociar, en suma. Porque mantenerse en esa línea ‘dura’ del ‘no a todo’, decía yo, sería exacerbar una línea de distanciamiento que nos llevaría a la aberración de algo casi semejante al ‘declaremos el estado de excepción’ tras el establecimiento del Estat Catalá en 1934, o incluso al “y si encima fusilamos a Companys, mejor todavía”.

Aislar esta frase, como hizo la emisora considerada nacionalista/secesionista, varía por completo el sentido de mi discurso, me hace aparecer como una especie de salvaje y me otorga un ‘pensamiento’ que es radicalmente el contrario al mío. Siendo, como soy, totalmente enemigo de la pena de muerte, sea contra quien sea y en las circunstancias que sea, habiendo dedicado mi vida y mi actividad profesional a fomentar el diálogo y el entendimiento entre ‘Madrid’ y ‘Cataluña’, se puede comprender mi pasmo al verme reflejado con ímpetus asesinos y haciéndome decir, sin más: “y si fusilamos a Companys, mejor todavía”. Diosss…

Lo peor es que, en estos tiempos de Internet, estas cosas quedan. Las recogen, quizá con la mejor voluntad (o no), algunos periódicos digitales, quedan imperecederamente reflejadas en Google, incendian las redes sociales. Y vaya usted a explicar a quien aisló la frase de marras -no puede haber sido sino maliciosamente– el daño moral que causa a alguien que, como quien suscribe, se ha forzado, hasta el extremo de crear un periódico ‘on line’ bilingüe en Cataluña -con los costes que ello tiene y las incomprensiones que ello provoca en ‘ambos lados’-, en dar cabida a todo el pensamiento democrático y respetuoso. Sea cual sea, nacionalista o no, secesionista o no, así como para contar sin prejuicios ni deformaciones lo que quienes creemos en la libertad de expresión consideramos la realidad. Cierto: en las últimas horas recibí llamadas de disculpa en las que unos medios –RAC1– culpaban a los otros –un digital llamado e-noticies– de esa manipulación. Ya era tarde…

Claro que quizá alguno trate de provocar ese daño moral. Todo sirve para alimentar los fanatismos de algunos que quieren la guerra, y ya se sabe que la primera víctima en las guerras es la verdad. Cierto, no soy catalán ni, por tanto, podría ser nacionalista catalán. Tampoco me considero nacionalista español. Nada, no soy más que un periodista que pretende hacer su trabajo con honradez. Lo cual, en mi código, no incluye sacar frases de contexto, ni encender hogueras artificiales, ni barrer para casa, ni hacerle la pelota al que paga, ni buscar enemigos de la ‘causa’ –a mí, desde luego, no me encontrarán en ese campo de enemigos: déjenme en paz…– En fin, que si alguien quería provocarme un acceso de tristeza, lo ha conseguido. Que ese alguien malicioso, o amarillo, se sienta satisfecho. No sé si ha conseguido mucho más, y probablemente ha hecho un flaco favor a esa ‘causa’, sea la que sea; en todo caso, la de él es una causa sectaria, ya se ve. Pues eso: que a veces uno, cabizbajo, piensa que nada, que no hay nada que hacer, por muy buena voluntad que le eches. Pero hay que seguir intentándolo.

fjauregui@diariocritico.com

Cuando un amigo se va…

Enviado por Fernando Jáuregui | 19/05/13

(oh, no hay foto en Google de Emilio Octavio de Toledo. Google ya no sirve…)

SE NOS MURIÓ EMILIO OCTAVIO DE TOLEDO, RARA AVIS DONDE LAS HUBIESE

Fernando Jáuregui

Lo importante, con serlo, de Emilio Octavio de Toledo y Ubieto no es que hubiese sido alto cargo, secretario de Estado en Defensa y Educación, en los ministerios desempeñados por Gustavo Suárez Pertierra; lo más importante, aun siéndolo, no son sus libros sobre ciencia jurídica, ni sus clases en la Universidad, ni su labor docente y académica, ni su carácter de historiador de la jurisprudencia. Todo ello fue, sin duda, una faceta destacada de su vida, truncada demasiado pronto, a los sesenta y cuatro años mal cumplidos. Pero, para quien suscribe, lo importante en Emilio Octavio de Toledo no fueron sus cargos, ni el excelentísimo e ilustrísimo señor con los que podía anteponer su nombre y de los que él se mondaba de risa. Para quienes le conocimos, lo verdaderamente importante de Emilio era su condición humana. No hay muchos tipos que te fascinen cuando hablan –y él hablaba mucho, sabiendo, rara avis, lo que decía–, y que te hagan, al tiempo, sentirte escuchado e incluso apreciado, lo cual enrarece el avis a tope.

Sus compañeros de la Facultad de Derecho, allá por los primeros años setenta, nunca olvidaremos su porte aristocrático, su trato afable –podía ser colérico a veces, jamás rencoroso–, su talante progresista contra los vientos dominantes, su bondad. Quienes fuimos, somos y seremos, amigos de su esposa, la gran catedrática de Penal Susana Huerta, no podemos obviar el cariño que repartió entre los suyos, ni su dedicación convencida al servicio público, ni la independencia con que siempre ejerció sus cargos: era incapaz de callar sus opiniones en privado y también en público, y eso, claro está, a veces le costaba caro. Y doy fe de que siempre sustentó sus tesis en datos incontrovertibles; hubiese sido un buen –e incómodo—periodista. Como tanta gente inteligente que escogió, por su bien, otros caminos…

Y allí, en su entierro, en el crematorio de La Almudena, estaban, estábamos, en este domingo de mayo lluvioso y desapacible, sus amigos de siempre. Los de la Facultad, como José Manuel Gómez Benítez, o María Emilia Casas, o Miguel Fernández Bragado, o Luis Figueroa; los del Ministerio, como Suárez Pertierra o Miguel Siva; los que escribieron con él sus libros, o los de la Universidad, como Carlos Berzosa, que fue rector de ‘su’ Complutense, o tantos otros, que habían comprobado de sobras su talante y su talento. No va a ser fácil, no, dejar de polemizar durante horas y con un gintonic a mano, quizá en su querida Covarrubias, o dondequiera que sea, con este Emilio Octavio de Toledo que nos deja un agujero de doloroso recuerdo, querido Emilio, y ahora qué será de nosotros, y de nuestras-incontrovertibles-opiniones, si tú no vienes, carajo, a rebatirlas.

¿Es la corrupción generalizada cosa del pasado? Brindo por eso. Y porque otros pasados, Videla, no vuelvan

Enviado por Fernando Jáuregui | 17/05/13

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DOS PERSONAJES UNIDOS POR LOS TITULARES DE ESTA SEMANA
(¿tienen algo que ver el horrible Videla y el presunto ingeniero financiero irregular –vamos a llamarlo así– Blesa? Claro que no hay comparación entre ellos. Excepto un dato: ambos contribuyeron a dejar el mundo un poco peor de lo que lo conocieron. Ambos abusaron de los demás, ambos mostraron desprecio por sus congéneres. Por lo demás, quiero dejar claro aquí que mi sentimiento de lástima por Blesa, que olvidó las reglas del ‘fair play’, nada tiene que ver con la repugnancia hacia quien desprecia la vida de los demás, a los que aniquiló en nombre de no sé qué ideas; ¿puede haber algo más odioso?)
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La Historia, dicen, hay que conocerla para que no se repita. No sé si estudiando Historia aprendemos a no volver a las viejas andadas, llámense corrupción, llámense cosas aún más graves. Y pienso, en estas horas, en todos esos casos de ente que ha pretendido reírse de los demás mortales, quizá creyéndose superiores a nosotros y también, al leer las noticias de las últimas horas, me ha venido a la cabeza un pasaje, lamentablemente olvidado, que viví cuando trabajaba en Ginebra para Efe, treinta y cinco años hace ya.

Todos los casos que estamos conociendo, desde Bárcenas hasta Blesa –salvando, por favor, las distancias–, desde Urdangarín hasta algunos episodios de los ERE, son cosa del pasado. Como Gürtel, aún pendiente de juicio. Como tantos casos que han ido apareciendo aquí y allá. Yo creo, espero, que corromper y corromperse desde la cosa pública –y desde la privada– ya no es tan fácil ahora como hace unos cuantos años. Ni aquí, ni en casi ninguna parte, y ahora estoy pensando en la Argentina del horrible Videla. Lo que no quiere decir que no haya que castigar a quien delinquió, entre otras cosas como advertencia de futuro. Sin utilizar –ay, la Asamblea de Madrid…– la tremenda acusación ‘corrupto’ como arma política arrojadiza, porque entonces estamos devaluando el término.

Y, desde luego, me parece que ese pasado de corrupción bastante generalizada –unos más, otros menos, desde luego– invalida a toda una generación de representantes. Se hacen precisas caras nuevas cuando entramos en una era nueva, caras limpias de sospecha y…con ideas frescas, que buena falta hacen.

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Y ahora déjenme, ya que estoy evocando el pasado, recordar el episodio que viví en Ginebra, en 1978. Allí conocí a Martita, una chica argentina que estaba en nuestro círculo de amigos, muchos de ellos exiliados argentinos y chilenos. Se empeñó Martita, simpatizante montonera, en regresar a Buenos Aires; todos le rogamos que no lo hiciera, en vano. Jamás volvimos, ni sus familiares, a saber de ella. He evocado el horror de aquellos años, finales de los setenta, en los que tantos amigos exiliados, escapados del genocidio, hicimos, al leer la muerte del ex general, traidor al uniforme y a su patria, Videla. Si hubiese un más allá, ¿qué destino se reserva a quien solamente sembró el mal?

Unifico corrupción más o menos reciente con estos recuerdos terribles y los unifico: hay que abolir ya toda posibilidad de abuso de unas personas sobre otras, hay que sembrar la infamia sobre las cabezas de quienes se aprovechan de los otros. La infamia, y el castigo, que en Argentina el consuelo es, al menos, que el genocida murió en prisión, viviendo en sus últimos años el asco que por él sintieron sus compatriotas. En otros países que yo me sé, el dictador genocida murió en la cama, aunque eso sí, su última imagen doliente fue robada por su propio yerno: corrupción hasta el último minuto. Quizá de aquellos polvos…