¿Chacón?¿Rubalcaba? Y eso ¿a quién le importa?

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/02/12


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(así están, que ni se miran. Quién lo ha visto y quién lo ve…)
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Estoy haciendo las maletas para, como el mirón profesional que es uno, ir al congreso del PSOE que comienza este viernes. Ir al cónclave sevillano es una obligación como periodista, pero confieso que ni como observador de la política ni como ciudadano interesado en ella me siento en absoluto apasionado por lo que pueda ocurrir en este encuentro. Me da igual que el ganador de la secretaría general sea Alfredo Pérez-Rubalcaba o que la vencedora a los puntos resulte Carme Chacón; ni el uno ni la otra han logrado convencerme de las bondades de sus postulados sobre los del otro/a, entre otras cosas porque, si ha habido debate sobre cuestiones de fondo, ha sido tan interno que se ha limitado a una parte mínima de la militancia, excluyendo a todos los demás españoles. De manera que me parece que los que no estamos afiliados al PSOE ni disponemos de canales privilegiados de contacto con este partido no tenemos la menor idea de por dónde pretenden, Rubalcaba o Chacón, que marchen las cosas en el futuro, qué partido quieren hacer, cuáles han de ser sus postulados de futuro en un mundo que cambia tan aprisa.

Me parece que Rubalcaba/Chacón, y los dirigentes socialistas que se han decantado por una u otro, han estado mucho más preocupados de atraer compromisarios para la votación del nuevo/a secretario/a general que de abrir el partido a la sociedad, como una manera de involucrar a todos los españoles en un debate sobre lo que debería ser la izquierda en el futuro, o cómo debe cooperar ahora la socialdemocracia, en estos tiempos de crisis y zozobra, con otros postulados ideológicos y económicos, suponiendo que ahora exista esa dualidad.

No, no he escuchado ni a Chacón ni a Rubalcaba hablar en serio de esos postulados de futuro, ni de cómo arreglar los flamantes problemas que España, Europa y el mundo tienen planteados; no digo yo que esos temas no se hayan suscitado en reuniones internas, pero sí puedo asegurar que alguien que, como yo, está interesado en esos debates, no se ha enterado de lo que dicen al respecto una u otro, desconoce qué soluciones se ofrecen para nuestras inquietudes y angustias. Me cuesta creer que cualquiera de los dos candidatos a la secretaría general pueda ser –ojala me equivoque—un elemento definitivo que forme de nuevo una alternativa de Gobierno creíble y posible, con esperanzas de ganar unas próximas elecciones generales. Más bien tiendo a pensar que tanto Pérez Rubalcaba como Chacón serán una salida provisional, a la espera de que alguien con mayor visión panorámica y con más proyección en la ciudadanía venga, dentro de algunos meses, a reemplazar a quien ahora resulte ganador o ganadora. Porque me parece que un partido como el PSOE, con tanta Historia a sus espaldas y tantas expectativas ante sí, no merece el trato que algunos (y algunas) de sus responsables le están dando. Así, como suena, y bien que lamento tener que decirlo.

Los Príncipes reciben a los del 2020

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/02/12


Los Príncipes nos recibieron hoy a quienes impulsamos el movimiento ‘España 2020′. Les entregamos el librote –el Príncipe, sin darse cuenta, habló de “ladrillo”, aunque refiriéndose a otra cosa– y hablamos con ellos un buen rato. Un acto muy amable, en el que les dijimos que ellos están “en la proa del futuro”: su papel, de cara a 2020, es, claro, esencial.

Se presentó ‘España del 20-n al 2020′

Enviado por Fernando Jáuregui | 31/01/12

Ya hemos puesto en marcha el debate ‘España 2020′, con la presentación masiva, ayer, del libro en Madrid. No vinieron ministros, que deben de estar muy okupados, pero sí los presidentes de Congreso y Senado (y sus antecesores), Esperanza Aguirre y algunos líderes de otras formaciones, como Cayo Lara o Rosa Díez. Se trataba de hablar de futuro, de futuro a medio plazo (2020), que es de lo que le vamos a hablar este miércoles al Príncipe, a quien le llavamos el libro a La Zarzuela.
En fin, el proyecto, del que tanto hemos hablado aquí en este blog, con los bloomsburianos, sigue adelante. Y con Pascua Mejía que se nos aleja y se nos va de delegado a Colombia…Colócanos a todos en las américas, Pascua, que aquí hay quien dice que no hay porvenir (aunque yo pienso que sí).

Los ‘sí culpables’ del ‘caso camps’

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/01/12

Siempre sostuve que el macrojuicio por el minicaso de los trajes de Camps era un exceso. Un juicio de faltas convertido en todo un proceso contra la corrupción política. Si los tres trajes, una chaqueta y unos zapatos tenían un valor aproximado de cuatro mil euros, ¿cuánto le ha costado al contribuyente español el desarrollo de un proceso que ha durado semanas, con pago de dietas a los jurados incluido?¿Cuánto ha costado la persecución de banquillo a Garzón, una persecución que bien podría haberse sustituido por una sanción del Consejo del Poder Judicial y que hasta el fiscal del caso ha calificado con los términos más duros? ¿Cuánto puede costarnos el proceso, si lo hay, contra José Blanco? Y ¿por qué se olvidó tan fácilmente, en cuanto Rubalcaba se convirtió en un derrotado político, el ‘caso Faisán’, que tanto revuelo provocó durante años?

Los españoles nos vamos acostumbrando a que los procesos judiciales pasen ante nuestras narices sin que estén siempre del todo justificados, y con la evidencia de que hay ‘manos negras’ (o ‘limpias’) que intervienen excesivamente en las filtraciones y en las acusaciones particulares. Eso, sin contar la constante utilización partidista que se hace de cada resolución judicial, de cada comparecencia de un imputado ante el juez. Luchar contra la corrupción es, me parece, algo más serio que eso. Hay evidencia de existencia de prácticas corruptas en la Comunidad valenciana, en la balear, en Andalucía, quién sabe si en Galicia. De lo que no estoy tan seguro es de que siempre se acierte en la persecución y búsqueda de castigo de los presuntos o reales responsables de esa corrupción. Para mí, el juicio acompañado de trompetas contra Francisco Camps ha supuesto un retroceso en la lucha contra las irregularidades: todo ha quedado en una farsa, la farsa de los tres trajes, un viaje para el que no hacían falta tantas alforjas.

Me siento incapaz de opinar acerca de si Camps era o no culpable de una falta inserta en una figura penal extraña y mejorable, como es el cohecho impropio. Casi estoy por decir que me da igual si el ex presidente de la Generalitat valenciana –que obviamente no volverá a serlo—pagó o no de su bolsillo los dichosos trajes; hubiese bastado con que hubiese reconocido de entrada que no lo había hecho, que a continuación los hubiese abonado… y entonces se hubiese ahorrado toda esta vergonzosa ordalía. Lo que de verdad me preocupa es que ha habido algo de persecución (‘el pueblo contra el poderoso que ya no lo es tanto’), no poco de pelea callejera política, toneladas de la infamante ‘pena de telediario’ y mucho de chascarrillo judicial. Y muy poco de lucha, de verdadera lucha, contra la corrupción. Lo mismo, opino, que en el ‘caso Garzón’. O en el ‘caso Blanco’. Demasiadas interferencias en la labor de la Justicia procedentes de quienes no quieren que de verdad la Justicia se imparta.

Camps, absuelto; era lo más razonable…

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/01/12

Yo sé que la sentencia que absuelve, por 5-4, a Camps y Costa va a ser polémica Lo hubiera sido en cualquier forma. Yo siempre dije que el ‘affaire’ de los trajes era ridículo en comparación con otros muchos casos de corrupción en España, y que el juicio mediático que se ha montado por una cuestión que, en el fondo, es una falta, no se sostenía. ¿Inocente?¿Culpable? Yo lo que sé es que, si Camps hubiera empezado por reconocer haber recibido tres trajes, una chaqueta y unos zapatos, si se hubiera ofrecido a pagarlos –’fue un despiste; no sabía que no se habían pagado’…Cualquier cosa pudo haber alegado–, aquí paz y después gloria y se hubiera evitado este ignominioso juicio. Que lo único que ha demostrado es, por un lado, el gusto hispánico por un buen acoso y derribo al poderoso que ya no lo es tanto. Y, por otro, ha dejado patente que Camps no merecía gobernar una Comunidad como la valenciana (hoy en quiebra, por cierto); pero no por chorizo, que pienso que no lo es: por incapaz de enfrentarse a una situación dura, de crisis. Olvidémosle y dejémosle que se lama las heridas, pero no cometamos el error de intentar recuperarlo para la política. Ha demnostrado que, aunque le voten, no vale para esto.

Sé que esto es polémico, pero…

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/01/12

Me ocurre cada vez que opino sobre esta cuestión: me machacan con llamadas más o menos humorísticas, diciendo que me estoy volviendo un discípulo de la escuela de Chicago. Yo no le veo tanta gracia: el fantasma de cinco millones de personas –ponga usted cuatro, o tres, si quiere– sin nada que hacer, pasando estrecheces de todo tipo, es algo que tenemos que erradicar. El descontento de nuestros jóvenes, sus ganas de huir, su total falta de fe en el sistema, hay que atajarlo.
Por eso pienso que hacen falta soluciones nuevas, quizá duras (pero nada más duro que estar mano sobre mano, sin esperanza). Y por eso ayer envié este comentario a mi columna sindicada de OTR:

Más vale minijob en mano…
Fernando Jáuregui

Hace unos días, defendía yo en un programa de radio la existencia y regulación de los mini-empleos (ahora los llamamos, quizá para vestir el santo, minijobs) en España. Inmediatamente, me llamó un amigo: “te estás haciendo de derechas; ¡pues no se te ocurre defender ahora el trabajo basura!”, se indignó. Le expliqué que no soy ni un liberal feroz del ‘laissez faire’ ni un experto en economía miltonfriedmanita; soy apenas un pequeño empresario que muchas veces quisiera contratar, pero que no tiene la posibilidad de hacerlo con los actuales moldes legales. Al tiempo, caía en mis manos el resultado de una encuesta, según la cual casi un setenta por ciento de los jóvenes españoles menores de treinta años estaría encantado de tener, al menos, un empleo a tiempo parcial, que les permitiese acogerse a la Seguridad Social y disfrutar de unas mínimas ganancias y de un máximo aprendizaje.

Pienso que la reforma laboral que se delinea no puede ser timorata, ni atenerse a esquemas desfasados o a clichés que ya poco representan: lo urgente es mover el campo de los desempleados, evitar ese ejército desesperado de cinco millones de personas al borde del abismo personal y social. Nada atenta más a la dignidad de una persona que verse privada de la posibilidad de ganarse la vida con un trabajo digno y honrado, que discurra por los cauces legales y no esté sometido a la explotación y a los riesgos del empleo ‘negro’. Millones de jóvenes se acogen ya a los minijobs en Alemania, lo que frena las cifras oficiales del paro, abre la posibilidad de un primer o un segundo empleo para los recién salidos de las universidades o de las escuelas y supone un incremento para las arcas del Estado, dado que esos jóvenes se dan de alta, con tarifas lógicamente mínimas, como autónomos.

Naturalmente que esta idea tendría que tener una regulación estricta para evitar abusos -la contratación por cuatro o cinco horas, pero una jornada laboral real de más tiempo, por ejemplo–, unos límites temporales y de edad…Como ya ocurre en el caso de Alemania. Pero qué duda cabe de que hay que abrir nuevas expectativas. Hay que reconquistar los derechos laborales desde cauces inéditos. A mi amigo acabé replicándole que ya no sé si soy de derechas, de izquierdas o de centro, porque pienso que muchas cosas de las que estaban ideológicamente ‘establecidas’ han saltado por los aires a raíz de las grandes crisis económicas, políticas y de valores que nos han sacudido en los dos últimos años. De lo que estoy seguro es de que ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro, creen que con los remiendos actuales, y con los que parece que se delinean, será posible ese objetivo básico de ir creando puestos de trabajo. Aunque sean, por ahora, mini-puestos de trabajo.

fjauregui@diariocritico.com

El simpático de los Emiratos

Enviado por Fernando Jáuregui | 16/01/12


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Foto en Abu Dhabi con el tirano fundador de la dinastía de jeques ‘bienhechores’. Menuda cara simpática tiene el tío…

Homenaje a Fraga de un antifraguista

Enviado por Fernando Jáuregui | 15/01/12

Acabo de regresar de Abu Dhabi. Me llama el director del periódico, Pablo Muñoz: “que ya se ha muerto Fraga”. Le pido que publique el art´ñiculo que ya envié hace algo más de una semana, cuando Don Manuel ya se estaba acabando. Luego, herehecho un poco aquel trabajo, que erá el prólogo de un libro de inminente aparición, ‘Homenaje a Fraga de un antifraguista’. Este es el texto:

El último deseo (insatisfecho) de Manuel Fraga

Fernando Jáuregui

Me llamó alguien que ha querido mucho a quien él, y solamente pocos más, llamaba «Manolo». «Que se está muriendo; escribe sobre él, todo lo que has vivido con él», me dijo. Moriría pocas horas después, en la noche del 15 de enero. He desempolvado recuerdos, escritos…Muchas, muchas páginas escritas sobre Manuel Fraga por un periodista que, como yo, le criticó mucho, le fastidió bastante y, en el fondo, creo que le quiso, que le quise.
He escrito, ya digo, mucho sobre Fraga. Unas veces bien, otras mal. Alguna vez me sentí, cuando los accesos de cólera del indomable don Manuel, antifraguista. Reconozco que en otras ocasiones me sentí cerca del estadista, del hombre que-todo-lo-tenía-en-la-cabeza. Luego decía aquello de «la calle es mía» y nuevamente se convertía en el hombre prepotente que a nadie le gustaba. Fraga, esa fuerza de la naturaleza. Sea como fuere, ahora, en el trance de su desaparición, hay que recordarle, cómo no, en sus mejores perfiles, en los del hombre que nos blindó contra la extrema derecha, en los del político que construyó una alternativa que hoy ha llegado al Gobierno.
El último superviviente de la época dura del franquismo. El hombre que supo evolucionar hasta posiciones democráticas. Sesenta años en la brega política. Estoy convencido de que él creyó siempre que prestaba un servicio público a sus compatriotas, aunque a veces lo hiciese a su manera. No resulta difícil entrar en la personalidad recóndita de Fraga, el colérico, el que una vez, irritadísimo ante algunas preguntas con las que yo le machacaba en las campañas electorales, me lanzó, enrojecido: «cuando usted esté en política, que todo se andará…». Reconozco su nula capacidad de rencor: era capaz de expulsarte de su despacho y al día siguiente lo había olvidado, quizá porque tenía cosas más importantes en las que pensar.
Me cuenta Ángel Sanchís, su amigo, con el que almorzaba últimamente casi cada semana en compañía de Carlos Robles Piquer, de Abel Matutes y de algún otro (asistí recientemente a uno de esos almuerzos; don Manuel seguía gozando del viejo buen apetito), que su último sueño era morir como senador. No pudo ser. Mariano Rajoy se lo ofreció a la vuelta del verano, cuando ya Fraga estaba atado irremediablemente a la silla de ruedas, con dificultades para hablar, pero con el espíritu explosivo indomable: «¿quieres seguir de senador?», le dijo. «Si», respondió, sin más, don Manuel. Pero la familia se opuso: demasiado desgaste, dijo Pisco, Isabel, la hija médico que lo acompañaría siempre. Quizá quienes lo querían no deseaban que hiciera el patético. Y don Manuel, rugiente, se quedó clavado en su silla, dándole vueltas al magín, quién sabe si pergeñando su sexto volumen de memorias. Me dicen que quería morir con las botas puestas, como ese John Wayne al que me aseguran que, en secreto, admiraba.
Escribí sobre él un libro que se tituló , en el que contaba algunas de las anécdotas que me ocurrieron cuando le seguí, durante años, profesionalmente, yo como periodista, él a veces como víctima de mis escritos. Prometí a Sanchís, que fue tesorero en Alianza Popular y que nunca necesitó de la política para ser rico —más bien, creo que la política le costó dinero—, que escribiría algo así como un epitafio titulado «homenaje a Fraga de un antifraguista».
Ambos tratamos de encontrar una sexta hora para ver al León de Perbes, enjaulado en su silla de ruedas; ya era tarde. Cuando Sanchís, acompañado de Matutes, le comunicó mi intención de verle, Fraga, ya muy mal, le dijo: «Prepáreme una nota agradeciéndole que quiera venir». Le gustó que quisiera hacerle la que sin duda iba a ser la última entrevista. A continuación, Sanchís le contó el chiste de aquel sacerdote que, en misa, preguntó a sus feligreses si había alguno de entre ellos que no tuviese enemigos. Se levantó una anciana, doña Francisca. «Y ¿cómo es que, a sus ochenta años, no tiene usted ningún enemigo, doña Francisca?», quiso saber el cura. «Porque los muy cabrones se han muerto todos» dijo la anciana. Fraga, que sí tuvo muchos enemigos, se rió con ganas; puede que fuese la última vez que soltó una carcajada. Me parece que, al final, eran muchos más sus amigos que sus enemigos, aunque durante bastante tiempo fue mucho más fácil ser lo segundo que lo primero.

Creo que, todo incluido, la figura de Fraga, por legendaria, ha acabado gustándome, y que no me importa poner como título a un libro remodelado –he escrito tres que le tienen más o menos como protagonista—ese que le prometí a Sanchís: Elogio a Fraga de un antifraguista. Al fin y al cabo, uno no tiene muchas oportunidades de decir que ha pasado cinco horas y toda una vida con alguien que, sin duda, ocupará bastantes páginas en la historia de España. Así que en esta noche, 15 de enero de 2012, cuando me acaban de anunciar que Manuel Fraga Iribarne ha cejado en la lucha contra la muerte, concluyo estas líneas, que serán el prólogo del libro con el que quisiera homenajear a un hombre al que tanto critiqué y al que, casi sin enterarme, fui apreciando poco a poco.

Desde lejos con amor

Enviado por Fernando Jáuregui | 13/01/12

Sí, estoy –circunstancias de la vida– lejos. Regresaré el domingo. No son propiamente unas vacaciones –todo se disfraza de trabajo–, pero casi. Perdón si tardo en responder a algunos mensajes: todo se andará. Gracias por la comprensión.

Pero ¿de qué se ríe ese tipo?

Enviado por Fernando Jáuregui | 10/01/12

No entiendo de qué diablos se ríe ese periodista que nos deshonra, Antonio Alemany, el hombre que elogiaba con fondos públicos a Jaume Matas. Qué poco me gusta que un colega haga eso (otros, la verdad, elogian más barato, o gratis, pero mejor no entrar en ello)…El caso es que los periódicos se llenan de casos de corrupción. Y debo decir que no me desalienta el hecho de que los periódicos se llenen estos días con noticias sobre casos de corrupción. Por el contrario, me parece bueno que se conozcan y, sobre todo, que la información se deba mayoritariamente al hecho de que esos casos de presuntos corruptos, llámanse Camps, hijo de Chaves, ERE, Jaume Matas o Urdangarín, entre otros, se encuentran ya en los tribunales (y en las picotas de la condena ciudadana).

Cierto que los casos de corrupción -presunta, ya digo-son demasiados, y algunos de alto nivel: ahí es nada, un yerno del Rey y dos ex presidentes autonómicos, además del hijo de otro ex, viéndose en los juzgados o cercanos a ello. Pero a mí lo que me llena de gozo es que aprovecharse para el propio bolsillo de dinero público -o privado- no resulta impune. Ya sé, ya sé que aún quedan muchos huecos; que no todos devuelven, aunque pasen por la cárcel, el dinero malhabido y también sé, de otro lado, que en este país nuestro aplicamos con excesiva frecuencia la llamada pena infamante, o de telediario; ya sé que a veces casos que no deberían hacerlo prescriben, sé que hay jueces que se equivocan o incluso que se hacen los distraídos, sé que se filtran sumarios secretos que no deberían filtrarse e incluso sé que algunas veces los códigos benefician más a unos que a otros …Pero también constato que son muy pocos los que se van de rositas y que los asuntos más escandalosos acaban indefectiblemente estallando y siendo sometidos al peso de la ley y de una Justicia acaso demasiado lenta, sí, a veces algo cojitranca, no siempre escrupulosamente igual para todos, pero generalmente implacable.

Y es que, contra lo que muchos dicen y hasta contra lo que pudiera parecer, España no es un país podrido. Nos gustará más o menos nuestra clase política, pero admitamos que, salvo las excepciones que conocemos y quizá hasta algunas más que no conocemos, nuestros políticos son gente honrada; puede que gastadores en demasía -cuando había dinero para gastar–, acaso demasiado aficionados al viaje ‘gratis total’ y a los automóviles de gran cilindrada, pero honrados ‘básicamente’, como en una ocasión sentenció, para quitarse sambenitos de encima, Felipe González.

Creo firmemente, porque soy un optimista incorregible, que la limpieza que se está produciendo con la divulgación de esos casos de corrupción con los que nos estamos escandalizando va a ser una vacuna eficaz para prevenir nuevos brotes. Eso y, claro, que hemos entrado en una nueva era, en la que el dinero destinado a alegrías, las prebendas, el boato y el despilfarro van a ser mucho más escasos. Algo bueno tenía que tener la crisis, qué caramba.

Y, por fin, volviendo a Alemany. Que digo yo que deberíamos reflexionar acerca de esos turiferarios que van más allá que nadie en su elogio mediático al gobernante que los beneficia. ¿O es que otros gobernantes, además de Matas, no han beneficiado, y no poco, a algunos sedicentes periodistas?



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