Adiós, Gallardón, adiós

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/09/14



Gallardón tenía que marcharse

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/09/14

Tenía que dimitir. Pero ¿a quién voy a criticar yo ahora? http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/462857

A Rajoy todo esto le suena a chino

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/09/14


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(he elegido una imagen ‘graciosa’, entre las que he encontrado, pero la cosa no tiene ni pizca de gracia: es muy seria)
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El ‘no’ al independentismo en Escocia se conoció el mismo día en el que el Parlament catalán aprobaba la ley de consultas con la que Artur Mas pretende celebrar ‘legalmente’ su propio referéndum el día 9 de noviembre. Ajeno a los ecos, unánimemente favorables, que el rechazo a la independencia de Escocia ha cosechado en el mundo entero, el president de la Generalitat mantiene su rumbo hacia algo que incluso sus asociados de Unió admiten que es bastante similar a un suicidio político. Así que lo importante ahora es dilucidar los efectos del terremoto generado por el voto escocés en la ‘otra parte’ del conflicto catalán, es decir, en Madrid. Y todo indica que, aunque de modo prudente y hasta timorato, el Gobierno de Mariano Rajoy está dispuesto a dar algunos tímidos pasos. Sobre todo, porque ya son bastantes las voces que en la UE empiezan a señalar sus paralelismos (y sus obvias diferencias) con el ‘premier’ británico, Cameron.

Lo menos que puede decirse del rumbo político del Gobierno español en las últimas semanas es que parece algo errático: marcha atrás en la reforma del aborto –dejando abierta la puerta de la dimisión al titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón–, marcha atrás en los planes de reforma de la normativa electoral para que el alcalde sea directamente el más votado. Muchos primeros ministros salieron el viernes a la palestra para explicar sus reacciones ante un acontecimiento político de primer orden a escala europea, como el referéndum escocés. Mariano Rajoy se conformó, como suele, con el vídeo. Plasma en lugar de afrontar las preguntas, que tanto parecen aburrirle, de los periodistas. Nada de dar la cara.

Me encuentro entre quienes piensan que David Cameron ha hecho una buena labor: algunos le critican haber permitido el referéndum. Yo discrepo: no había legalidad en contra y él creía que un debate convenientemente conducido podría, junto con la tozuda realidad de los intereses –bancos que amenazan con cambiar de sede, empresarios que amenazan con cortar inversiones, las presiones de la propia UE–, llevar a la derrota del ‘si’. Incluso, dicen que se barajó en el 10 de Downing Street, por más de diez puntos, como así fue. Pero donde Cameron ha dado muestras de grandeza política ha sido en el momento de las reacciones tras el veredicto de las urnas, que daba la razón a las tesis unionistas: fue generoso con el derrotado y consecuente con la hora de cumplir sus promesas de más autonomía para Escocia. Y dijo, y esto es lo que más me interesó, que se ha abierto una “oportunidad” para que los ciudadanos sean gobernados de otra manera.

¿Han entendido Rajoy, Pedro Sánchez y demás componentes de la ‘clase política’ (yo nunca la llamaré, pese a que a veces estoy tentado, ‘casta’) el mensaje? De momento, no hemos escuchado del secretario general del PSOE una explicación convincente al hecho de que los socialistas catalanes votasen el viernes ‘sí’ en el Parlament catalán a la ley de Consultas, que, como dijo el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, abre la puerta a los intentos secesionistas, cosa que todos saben menos, al parecer, los dirigentes del PSC, comenzando por Miquel Iceta. Espero que comprenda Sánchez que no basta con arriesgados –y por otra parte bien diseñados—gestos mediáticos para convencer al cada día más exigente, más confundido, más enfadado, electorado español.

En cuanto al PP, sus dirigentes han recibido instrucciones, parece evidente, para tratar con exquisita prudencia el ‘tema escocés’, o sea, dejémonos de disquisiciones, el ‘tema catalán’. Pero son bastantes las voces que critican el ‘dolce far niente’ de Rajoy, que previsiblemente va a afrontar la convocatoria del referéndum y el consiguiente recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional…en China. Visita importante, sin duda, y fijada con mucha antelación, pero altamente inoportuna en estos momentos en los que conviene saber qué tiene que decir el jefe del Ejecutivo, el hombre que más poder tiene en España para hacer y deshacer, pactar o no pactar, conversar o no conversar, ceder algo o tirar de las riendas en todo. Estoy deseando escuchar a Rajoy decir un día, aunque sea ante los enviados especiales a China, como Cameron a los británicos, que se abre una oportunidad para gobernar a los ciudadanos españoles de otro modo, no a base de aburrirlos con falta de participación y parsimonia máximas. ¿Cómo se dirá eso en chino mandarín? Porque a veces parece que el clamor en busca de otras formas de incorporar a los ciudadanos a la tarea política, a Rajoy –y a tantos otros—les suena a chino.

Puede que el próximo Consejo de Ministros extraordinario, para estudiar las reacciones a la convocatoria formal, ley de Consultas en mano, del referéndum, tenga un carácter deliberante además de ejecutivo. Y eso, aunque Rajoy acuda a la reunión con la maleta lista para irse a Pekín. El mundo entero está ahora, tras el adiós de Salmond, pendiente de lo que ocurra entre Madrid y Barcelona. Nos jugamos esta semana algo más que la ‘marca España’.

Y claro que la victoria tiene un precio. Que se lo digan a David Cameron. Pero la derrota tiene un precio mayor aún. Y, más que ambas, el caos. Y puede que, aún más que eso, tiene un alto coste el ‘laissez faire, laissez passer”, actitud que en política acaba siempre, siempre, pagándose.

Paisaje tras la Diada: 1734+300

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/09/14

1714+300

Todos estaban descolocados: los convergentes –por supuesto, Unió–, los socialistas, los de la Societat Civil Catalana, los de ‘Libres e Iguales’ en su acto de Madrid…Especialmente descolocados, claro, los grupúsculos de ‘ultras’, presuntamente violentos, que flaco favor prestan a la causa que dicen defender. Todos pululaban, se manifestaban, gritaban sus eslóganes y consignas. Parecían, algunos de los citados, estar juntos, otros enfrentados. Pero no: estaban alejados, muy alejados los unos de los otros. Se diría que solamente Esquerra Republicana de Catalunya y otras organizaciones que sustentan a ERC sabían exactamente lo que querían: violar la legalidad y forzar un proceso independentista a partir de la consulta del 9 de noviembre.

Paradójicamente, no ha sido este 11-s un buen día ni para la concordia nacional ni para el avance político en Cataluña. Hay, sí, una parte de la sociedad civil en la calle: mayoritariamente, se manifiestan por la independencia, digámoslo claramente. Minoritariamente, en contra. Hay muchos catalanes, dentro y fuera de Cataluña, que sin duda tienen algo que decir con su silencio, con su ausencia de los actos multitudinarios, vociferantes. ¿Es imprescindible consultarlos para saber si quieren dar el salto a la independencia? Eso es lo que han tratado de escenificar los organizadores de los actos de la Diada y, desde las bambalinas, la Generalitat de Catalunya. Se ha creado una necesidad artificial y ahora hay que responder a eso.

Pensamos que bien podría haberse arbitrado alguna fórmula de consulta –no vinculante—que respetase la legalidad constitucional. Incluso modificando la realidad de la Constitución donde proceda. Ahora es demasiado tarde: la tensión y las tensiones han llegado a unos niveles peligrosos. Seguramente, Rajoy se equivocó diciendo un ‘no’ tajante a las pretensiones económicas con las que Artur Mas le abordó hace dos ‘diadas’. Algo había de haber negociado. Sobre los errores de Mas mejor no entrar, por las limitaciones de espacio de este editorial: es un suicida político, que sabe que de esto no va a sacar sino la salida por la puerta falsa. Parece, increíblemente, que no le importa, ni eso, ni poner en riesgo la estabilidad y el bienestar de millones de catalanes que, sabiendo los peligros de la vía diseñada, se han lanzado ciegamente tras un líder que ni siquiera es demasiado carismático.

Así las cosas, más vale que ambas partes, el Gobierno central y la Generalitat, empiecen a hablar tras esta Diada que no demuestra nada más que lo que ya estaba demostrado: hay al menos medio millón –bien, pongamos un millón—de catalanes dispuestos a salir a la calle portando una camiseta amarilla o roja para pedir una consulta que, decíamos, bien podría haberse organizado desde el Estado, es decir, en este caso desde el Gobierno central y la Generalitat de consuno. Pero no se ha hechoo y ahora hay que dar una respuesta alejada de todo enfrentamiento, de toda provocación, de todo riesgo de futuros disturbios, a ese medio millón –bien, pongamos un millón—de catalanes que han salido a hacer la ‘V’ en las calles de Barcelona. No queda mucho tiempo: ese funesto 9 de noviembre, que nadie, con la mano en el corazón, quiere que llegue, está ahí, a siete semanas de distancia. Si diez días cambiaron, según la obra de Reed, el mundo, siete semanas bien pueden cambiar el que puede ser trágico sesgo de los acontecimientos en Cataluña.

Han pasado trescientos años desde aquel 1714 que conmemora algo sobre lo que ni siquiera los historiadores se ponen de acuerdo. Hora es de cerrar tan vieja herida.

Cinco afiliados por minuto es mucho afiliado

Enviado por Fernando Jáuregui | 09/08/14

Un poco de aburrimiento político; es lo que nuevamente nos deparó Rajoy al dar su versión tras el encuentro con el Rey en Marivent. Veintitantos minutos de referencia monocorde. Asegura que no hablaron de Cataluña, sino de política internacional, sobre el ébola…Bien está hablar de Gaza, de Irak, de Ucrania, de Putin y de Obama. Pero ¿y las cosas de casa? Falta, hoy, un mes y dos días para la Diada. ¿No hace eso pensar a nadie? Claro, por algo será que se afilien cinco personas por minuto a ‘Podemos’, si es que esos datos son ciertos: son afiliaciones nacidas del aburrimiento ante la atonía. No, yo, desde luego, no me voy a afiliar. Ni les gusto ni me gustan, aunque yo les comprendo y temo que ellos a mí, no.
Dejo aquí constancia de algunas de las cosas que he ido publicando esta semana, ‘for the record’:

Siete días trepidantes

Rajoy esquiva los titulares

Fernando Jáuregui

Debo confesarlo: los resultados del encuentro en Marivent entre el Rey Felipe VI y el presidente del Gobierno me han decepcionado. O, para ser exactos, me ha decepcionado la descripción que Mariano Rajoy ha hecho sobre una audiencia celebrada en momentos de bastante inestabilidad en la política internacional y de justificados temores sobre el equilibrio de la política nacional. Sin embargo, según Rajoy sí se habló del estado de cosas en Gaza, en Irak o en Ucrania, y, claro, sobre el ébola, y nada sobre Cataluña. Con todo y con eso, Rajoy echó un poco más de agua para prevenir cualquier incendio en los titulares de los medios y mantuvo su rumbo de negativas: no habrá referéndum nacional sobre Cataluña (y estoy muy de acuerdo con que, a estas alturas, diga eso) y no habrá reforma de la financiación autonómica (y, modestamente, estoy en profundo desacuerdo con esa ‘calma chicha’ presidencial en materia de reformas de calado).

Así que la primera reunión entre Felipe VI y su primer ministro ha pasado casi sin pena ni gloria por las portadas, y no por culpa del primero, desde luego, de quien se esperaba el silencio habitual cuando de cuestiones políticas se trata. No es que me parezca del positivo este silencio ante las cuestiones más candentes por parte de quien es, ahora, el principal activo político en España: nadie discute sus cualidades, como nadie discute ese ‘doble papel’ de los dos reyes con los que afortunadamente cuenta ahora el país: uno, en Marivent, a cumplir las tradiciones. El otro, a la toma de posesión de un presidente ‘hermano’, como es el colombiano, que, por cierto, rindió honores especiales a Juan Carlos I.

Por ese lado institucional, las cosas van bastante bien, me parece. Desde el prisma económico, la euforia gubernamental se mantiene, y sus razones parece haber para pensar que, con todos los riesgos aún pendiendo sobre nuestras cabezas, hemos salido del agujero en el que nos encontrábamos en agosto hace tres, dos y hasta un año. Pero, y será torpeza mía, veo pocos avances en eso que se llama política doméstica. Entendería ese ‘dolce far niente’ de Rajoy en estas vacaciones si no existiese ese reto, tan absurdo, planteado por Mas, agobiado ahora, por si tuviera poco en qué pensar, por las desafecciones de Esquerra en lo tocante a qué hacer con Jordi Pujol (si el ex president cree que agosto es el olvido, que aguarde al chaparrón de septiembre, con o sin Diada).

Pero ocurre que el reto existe, aunque tengo para mí que el presidente del Gobierno central está, en su fuero interno, esperanzado en una evolución, favorable por supuesto, de las cosas en Cataluña: sospecho, espero y confío en que se está dando una activa ‘diplomacia telefónica’ en estos días agosteños, en los que Rajoy se reparte entre Doñana y su querida Ribadumia, donde pronto le veremos trotar con su amigo Benito, el simpático marido de la ministra Ana Pastor.

Pero todo, este verano, está mudando, aunque parezca estar tranquilo. Ignoro si Rajoy está preparando la ‘ofensiva del regreso’, si se comunica o no con Artur Mas y/o con Pedro Sánchez, como ignoro el verdadero alcance de lo tratado este viernes con Felipe VI. Sólo sé que el desencanto sigue creciendo, que ‘Podemos’ cosecha cinco afiliados por minuto –son afiliaciones del descontento y de la desesperación al ver que aquí nadie hace nada para mover banquillos—y que, en Cataluña, muchas cosas están girando, aunque resulte imposible saber si lo hacen a derecha o izquierda, hacia la cuatribarrada o la estelada. Pero dejar que sea la inercia, así, sin ayudas, la que marque el ritmo allí es ahora muy peligroso. Por eso digo que me decepcionó el resultado de la ‘cumbre’ veraniega de Marivent, tras la que Rajoy, como siempre, se esforzó en mantener su política: no dar un solo titular en sus menos de treinta minutos de comparecencia ante los medios, un tiempo en el que, si los cálculos y las afirmaciones de los interesados son ciertos, la formación que lidera Pablo Iglesias, preparando lo que la ‘casta’ de antes llamaba ‘la rentrèe’, cosechó ciento veinticinco nuevos militantes. Gente que, además, está aburrida, señor Rajoy, del habitual discurso oficial, que no tiene por qué ser necesariamente el que se nos administra.

fjauregui@diariocritico.com
Y esto sobre Cataluña-Escocia

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/460786

Y esto sobre el encuentro de Marivent y el papel del Rey:

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/460747

Y esto sobre el fenómeno ‘del año’, ‘Podemos’:

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-alonso/fernando-jauregui/460656

Nada gusta más a Rajoy que Mariano Rajoy

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/08/14


(Volví a levantar me mano una media hora, pidiendo la palabra para hacer una pregunta al presidente. En vano. Fui uno de los dos que no pudieron preguntar y en mi caso llueve sobre mojado: en su última comparecencia de este tipo, el 28 de diciembre, tampoco me dio la palabra, aunque me miraba fijamente, como diciendo: “te j…”. ¿Es para tanto?¿Seré invisible?¿Es MR tan sectario?¿Casualidad?¿No te des tanta importancia, anda, Jáuregui? A mí, al menos, me sirve para este mini-comentario. A él, no sé para qué le sirve
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Mariano Rajoy, cada vez más encantado con Mariano Rajoy.Es el titular de mi crónica de hoy en OTR. La valoración del curso político por parte del presidente del Gobierno, este viernes en La Moncloa, no ha podido ser más autosatisfecha y, por ende, menos autocrítica: “estamos pisando terreno sólido, la recuperación ha venido para quedarse, vamos en la buena dirección”…Hasta tres veces repitió Mariano Rajoy, en la rueda de prensa con la que cerró el curso, la evolución satisfactoria de algunas cifras, como la prima de riesgo o el alza de los valores en Bolsa. La rueda de prensa –una hora—con la que Rajoy daba comienzo a sus vacaciones veraniegas aportó pocas novedades, aunque el presidente no había comparecido tras sus importantes encuentros esta semana con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez y con el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Y solamente aportó dos afirmaciones tajantes, que eran toda una declaración de intenciones: Sí agotará la Legislatura y No piensa hacer una remodelación ministerial. Más ambiguo se mostró, en cambio, cuando alguien le preguntó si piensa presentarse a la reelección en los próximos comicios, aunque, hoy por hoy, nadie tiene dudas al respecto: piensa que todo va tan bien que ¿por qué no repetir cuatro años más?

No se apeó el presidente de sus ya conocidas tesis: la reforma fiscal supondrá un alivio de las cargas de veinte millones de españoles; en Cataluña, que no pone en peligro la unidad de España, en su opinión, se cumplirá la legalidad, como el propio Artur Mas admite; y él no sabe muy bien qué es eso de la ‘tercera vía’, porque nadie se lo ha explicado; lo mismo sobre la reforma constitucional, a la que no se opone, pero alguien le tiene que decir qué es lo que hay que modificar…En fin, la línea argumental que ya le conocemos, al menos quienes hemos seguido sus por otra parte no muy numerosas comparecencias ‘libres’ ante la prensa. En otro orden de cosas, para Rajoy, a quien patentemente le gusta poco que los periodistas le pregunten sobre los casos de corrupción en el PP y aledaños, esos son casos que se están tratando por la Justicia, y la Justicia, por cierto, funciona bien en España. Y punto.

La satisfacción de Mariano Rajoy con el trabajo realizado en estos dos años y medio –aunque, claro, reconoció los sacrificios que ha tenido que realizar la ciudadanía— alcanza también los niveles europeos: “no creo que ningún otro país haya hecho esfuerzos semejantes a los nuestros con la ley de transparencia”, dijo, después de haber recalcado por dos veces que España crece ahora más que la mayoría de los países de la UE. Por parecerle bien y por no hacer cambio alguno, hasta le gusta el bipartidismo: abogó por un “entendimiento” con el líder de la oposición en temas como Europa, el modelo de Estado (es decir, el mantenimiento de la Monarquía), Cataluña y política de Defensa. SDobre un acuerdo en torno a la reforma constitucional, ni palabra.

Esto fue, más o menos, lo que dio de sí la tan esperada rueda de prensa de Mariano Rajoy, que trató de mostrarse conciliador tanto con Pedro Sánchez como con el propio Artur Mas, con quien no quiso abrir cualquier contencioso. Prudencia, prudencia, prudencia…y pocos titulares, es, sigue siendo, la máxima de Mariano Rajoy, que ya se ve que se marcha contento de vacaciones: ¿quién le habrá contado al secretario general del PSOE eso que tanto repite de que la modernización del país pasa por la ‘jubilación’ de Rajoy?. Nada, nada: con estos resultados, cuando las cosas van bien, ¿para qué hacer cambios? Ya digo: satisfacción total y duradera en el inquilino de La Moncloa. Incluso se ha quitado de encima le pesadez esa de comparecer ante los periodistas…

fjauregui@diariocritico.com

¿Los problemas? Siguen ahí, como el dinosaurio de Monterroso

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/08/14


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Hoy, rueda de prensa de Rajoy. En la última, no pude preguntarle. Hoy volveré a levantar la mano…¿en vano?)
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Mientras Mariano Rajoy, en La Moncloa, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en Ferraz ofrecían, separados por apenas kilómetro y medio, sus respectivas visiones sobre lo que está ocurriendo en España, millones de personas abandonaban sus hogares para iniciar unas vacaciones que no todos los españoles podrán tomar, pero que muchos, por fortuna, toman. Si el diagnóstico forma parte esencial, e irremisible, de la solución, convendría pensar en que hay distintas soluciones, porque muy diversos son los diagnósticos, sin ir más lejos en el Partido Popular y/o en el PSOE, como bien pudo comprobarse este viernes.

El curso político, de excepcional intensidad, se cierra tras unos meses en los que en España han cambiado el jefe del Estado y el líder de la oposición, el máximo representante del poder judicial y los directores de los periódicos más importantes. Eso, por poner apenas unos ejemplos. En Convergencia Democrática de Catalunya, y en su coligada Unió Democrática, el terremoto era ya perceptible incluso antes de que Jordi Pujol lanzase al mundo su confesión de que es un corrupto, y no de los de la última hornada, precisamente. Y la izquierda entera se agita con la irrupción de los votos de ‘Podemos’. Lo único que ha permanecido inalterable ha sido el talante imperturbable del presidente del Gobierno y, claro, su equipo. De no haber sido por las elecciones europeas, incluso el titular de Agricultura, Miguel Arias Cañete, seguiría sentándose en su lugar predeterminado en el Consejo de Ministros.

–A Rajoy no le gustan las sorpresas–

Que a Rajoy no le gustan los cambios, ni las sorpresas, lo dice él mismo. Dentro de cinco meses se habrán cumplido los tres años de su estancia en La Moncloa, y nadie podría decirlo que no ha hecho nada, porque sí ha hecho cosas, desde una reforma educativa hasta una frustrada reforma judicial (bueno, casi todo lo que ha emprendido Ruiz Gallardón, comenzando por la reforma de la ley del aborto, se ha ido frustrando). Pasando, claro, por una reforma laboral y una batería de medidas económicas que no han dado mal resultado, pero que, en todo caso, no han tenido unos efectos tan buenos como el no moverse a la hora de atender, por ejemplo, las exigencias de que España pidiese el rescate económico a Europa. Comparar hoy la prima de riesgo con la de hace dos años resulta, sin duda, espectacular, y tiene razón el presidente para sacar pecho.

LO que ocurre es que Rajoy todo lo fía a esas sin duda mejores cifras económicas y a la mayoría absoluta que logró el 20 de noviembre de 2011. Hace, pues, al ritmo que van las cosas –excepto, ya digo, las de Rajoy–, una eternidad. Y ocurre que, en política, los ritmos son diferentes al mero, seco, manejo de las cifras de la economía. Hay malestar en las autonomías, hay irritación con ciertos ministerios, hay ansia de conversación, de acercamientos, de pactos. Claro que nadie esperaba que Rajoy y Artur Mas apareciesen juntos a la salida de su encuentro en La Moncloa; pero el presidente perdió, pienso, una oportunidad dejando todo el protagonismo al presidente de la Generalitat en su tumultuosa comparecencia ante los medios en Blanquerna. Como creo que perdió otra oportunidad renunciando a dar personalmente su versión del encuentro con Pedro Sánchez, dos días antes. Y es que si hay algo que horrorice más a Rajoy que los cambios y las sorpresas, eso es una rueda de prensa; no es que se sienta demasiado importante como para comparecer cada dos por tres ante los periodistas; es que los periodistas le provocan erisipela. Y eso, es de temer, no va a cambiar.

Confieso que respeto a Rajoy, aunque esté lejos de admirarle. Le veo como el capitán del barco que, con el chubasquero puesto, permanece en el timón en medio de la tormenta. No hará una maniobra arriesgada y espera a que escampe. O a que el mar se seque, de puro aburrimiento. Lo que ocurre es que, a veces, no escampa a tiempo. Y, cuando usted y quien suscribe volvamos de vacaciones, nos encontraremos como el protagonista del meteórico cuento de Monterroso: el dinosaurio va a seguir ahí, entre otras cosas porque nadie se lo ha llevado a otra parte, ni lo ha cazado, ni lo ha hecho desaparecer como por arte de magia. Y el dinosaurio son los preparativos de una Diada que Artur Mas prevé “espectacular”, según nos dijo a quienes le escuchábamos el miércoles en Blanquerna. Y luego está el hito del 9 de noviembre; se ignora qué tiene previsto el timonel para que una parte de la tripulación deserte, violando, eso sí, la legalidad. Pero el barco no avanza solamente invocando una legalidad que otros, y no los nacionalistas catalanes precisamente, quisieran reformar.

–‘Lo’ de Pujol, una suerte—

Ni avanza a meros golpes de suerte,. Y convengamos que ‘lo’ de Jordi Pujol, que los gobiernos centrales de España conocían perfectamente, y callaron completamente, desde los tiempos de Felipe González, ha sido un golpe de suerte para Rajoy en la víspera de su ‘cumbre’ con un Mas tan desorientado por el ‘affaire’ que no se le ocurrió cosa mejor, para tratar de minimizar las andanzas del ex president, que comparar su caso con Gürtel, con Bárcenas, con los ERE y hasta con Urdangarín.

Fue el mismísimo Rajoy quien habló de ‘regeneración’, que es palabra que acabará poniéndose de moda. Hasta ahora, solo ha hablado de la elección del alcalde más votado, que es algo que le conviene y que no tiene por qué significar una regeneración de la vida política. Pero ahí queda, aparcado para septiembre, o para juliembre, tanto el desarrollo de ese tímido afán regeneracionista como otras reformas, la de las administraciones públicas sin ir más lejos. O la transparencia, o la reforma de los partidos. O una verdadera reforma fiscal, que la anunciada hace un mes parece algo claramente insuficiente.

Así que lo que nos vamos a encontrar al volver de vacaciones, una vez superado este mes de julio de infarto, va a ser más o menos lo mismo que hemos dejado atrás en un curso político –que comenzó en marzo, con la muerte de Adolfo Suárez, algo que a todos nos provocó un ‘revival’—verdaderamente apasionante. Y que tendrá consecuencias. Pero ya digo: la cosa será allá por septiembre, que ahora nuestros máximos representantes, saliendo del paso con dos ruedas de prensa en las que se miraban de reojo, también se nos marchan de vacaciones.

Un congreso para las clases medias

Enviado por Fernando Jáuregui | 27/07/14

Viendo a los compromisarios que asistieron al congreso extraordinario del PSOE, que se clausuró este domingo con un vibrante discurso de su nuevo secretario general, Pedro Sánchez, cabría preguntarse si las esencias tradicionales del partido que fundó Pablo Iglesias, incluyendo esa ‘o’ de ‘obrero’, se mantienen. Escuchando las palabras de Sánchez, que reivindicó a las clases medias, cabría interrogase, una vez más, por el papel de la socialdemocracia española, europea, mundial, y también por los cauces por los que discurre, y debe discurrir, eso que se llama, para entendernos, izquierda. Los más de mil quinientos asistentes a este congreso, entre los que faltaban bastantes figuras ‘históricas’ de este partido, pertenecían, sin duda, a esas clases medias, entre otras cosas porque el proletariado ha cambiado y poco tiene que ver con los destinatarios originales de ‘La Internacional’, que sigue cantándose tras los congresos socialistas.

Sánchez ha nacido, vive y piensa como uno más de esas clases medias que constituían la esencia de los delegados al congreso. Y que son también la base de esa formación de nuevo cuño, ‘Podemos’, a la que el ‘flamante’ PSOE nacido este domingo tendrá que disputar electores e ideas. De hecho, bastantes de las que escuchamos este domingo en boca de Sánchez podrían haber pertenecido a un discurso de Pablo Iglesias Jr. , aunque este las hubiese expresado con un tono más vociferante y con una sonrisa menos amplia que la del nuevo secretario general.

Sin ser entusiastas de nada, pensamos que ‘Podemos’, si no se da una estructura organizativa más completa, tiene escaso futuro en la partitocracia española. Y sí podría tenerlo, en cambio, este PSOE renacido del que apenas se conocen los nombres de la ejecutiva federal salida del congreso, pero cuyos curriculum evidencian una cierta preparación en medio de unas cortas trayectorias políticas. ¿Podría esta ejecutiva ser un ‘Gobierno en la sombra’? Ciertamente no, aunque los ejemplos que vemos en ciertas poltronas ministeriales nos hacen pensar que ser ministro, al fin y al cabo, no debe ser cosa tan complicada.

Hemos visto demasiados congresos aplaudidores y entusiastas con el líder emergente –el de 2000 en torno a Zapatero, sin ir más lejos—como para no tener cautelas con lo ocurrido este domingo, donde, sin duda, ha habido aplausos y entusiasmo a raudales. Pero ‘Pedro’ tendrá que poner en marcha muchos recursos, muchas cautelas, mucho entusiasmo, mucho trabajo y muchísima imaginación para consolidarse como el líder que le han hecho imaginar que es. Le toca, ni más ni menos, rehacer la izquierda, haciéndola posible para poder gobernar algún día no necesariamente lejano. Porque hoy en día la izquierda es un caos, repartido entre un PSOE que andaba sin rumbo demasiado fijo, una Izquierda Unida dispuesta a echarse en los brazos de la emergente ‘Podemos’ y un ‘Podemos’ dispuesto a…¿a qué? Posiblemente ni Pablo Iglesias, el joven, lo sepa a ciencia cierta.

Pero es la hora de la esperanza. La izquierda, hoy, está encarnada por tres personajes jóvenes, Pedro Sánchez, Alberto Garzón –el hombre al que Cayo Lara ha puesto para ordenar ‘su’ casa—y Pablo Iglesias, que para muchas capas de la población sigue siendo un enigma. Da la impresión de que los tres serán, como un colectivo, incapaces de entenderse. Y da igualmente la sensación de que, diga lo que diga ahora Sánchez, será más fácil que, en caso de necesidad, se acerquen el PSOE y el PP antes de que se forme un ‘frente popular’ de los socialistas con quienes se sitúan a su izquierda.

Sánchez se quiere esa izquierda reformista y hasta regeneracionista que nos hace tanta falta. Pero no será cayendo en los brazos del ‘nuevo’ Pablo Iglesias como lo logrará. Puede que ‘Podemos’ haya obtenido un millón trescientos mil votos y que el recuerdo del voto del 25 de mayo sea de casi el doble; la mayor parte de la población sabe que, con el programa de la formación que lideran Iglesias y Monedero, España no podría ir muy lejos. Bien está una conciencia crítica de la sociedad, que impulse cambios, reformas y revoluciones mentales; pero gobernar es otra cosa. Sánchez puede, quién sabe cuándo, llegar a gobernar; Iglesias, jamás.

Habrá que seguir con mucha atención los primeros pasos de ese hasta hace medio año casi desconocido Sánchez. El inicio de la trayectoria ha tenido de todo: errores en los que Sánchez se ratifica y aciertos como el discurso de clausura del congreso de este domingo. Pedro Sánchez reivindicó la izquierda, al menos desde la oposición. Pronto, tal vez este mismo lunes, tendrá que hacer algo muy similar a cogobernar con ese partido, el PP, que le necesita para llevar a cabo reformas que, en cualquier caso, Mariano Rajoy parece un tanto perezoso para poner en marcha, aunque sepa que no le queda otro remedio. El papel de Sánchez y del PSOE no será ponérselo difícil al Rajoy ‘regeneracionista’, sino más bien todo lo contrario. Este mismo lunes tendremos ocasión de comprobar si ‘Pedro’ (y Mariano, claro) han entendido el mensaje.

fjauregui@diariocritico.com

PSOE: otra vez el cambio .

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/07/14

El PSOE que a mí, al menos, me gustaría¨:

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/460197

Pedro y Mariano, dos que se entenderán

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/07/14

Sánchez y Rajoy, condenados a entenderse, aunque el primero diga que de ninguna manera quiere pactos con la derecha . Creo que ha sido un error del inminente secretario general del PSOE cerrar tan tajantemente esta posibilidad.