Lo que va de un 15-m a otro. Diossss…..
Enviado por Fernando Jáuregui | 14/05/12———
(¿llegarán estos dos a un pacto por fin?)
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(¿Ha leÃdo usted la portada de nuestra www.europacritica.com de hoy? Glub…)
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Estamos de conmemoración. De un 15 de mayo, que tanto revuelo trajo consigo, a otro 15 de mayo, este. Conste que si titulo este comentario ‘el año que cambió nuestras vidas’ no me refiero tan solo, obviamente, al movimiento de los indignados, con todo lo que ha traÃdo consigo. Me parece que esta ‘movida’ ha tenido, y tiene, su importancia, desemboque en lo que desemboque, por cuanto muestra la parte más extrema de la frustración y de la irritación social que, de todas formas, ya indican las encuestas. Pero ha habido más cosas. Muchas más cosas.
Pienso que este ha sido un año de cambio en muchas estructuras, y no estoy seguro de que haya sido para mejor. Ni, necesariamente, para peor. Depende de lo que aprendamos de las enseñanzas que estos doce meses, con unas elecciones, un cambio de signo polÃtico, un empobrecimiento general, nos han deparado. El acoso europeo ha sido asfixiante, obligando a improvisaciones –la última, me parece, la nacionalización parcial de Bankia—y, lo peor, a incrementar esa inseguridad jurÃdica que ya instalaron los socialistas en nuestras plazas.
La crónica del año de la desaparición de Zapatero y el ascenso de Rubalcaba al liderato de la oposición, del ascenso de Rajoy y de su equipo al poder, de una huelga general y de muchas manifestaciones de protesta, entre ellas algunas de estas protagonizadas por el movimiento ‘indignado’, es también la historia de la presencia de Amaiur en algunas instituciones, y del tambalearse de otras. Han pasado cosas –no necesariamente positivas, por cierto– en la Casa del Rey, en la presidencia del Tribunal Supremo y en el Consejo del Poder Judicial, en el Banco de España, en las televisiones públicas, en el acuerdo no escrito entre las dos grandes fuerzas no nacionalistas vascas…
Y lo peor, o lo mejor, es que todo lo anteriormente mencionado sigue abierto. Hay heridas no bien cerradas, incertidumbres no resueltas, reformas no culminadas o excesivamente cuestionadas, y no me refiero solamente al ámbito económico-laboral, porque el afán reformista del Gobierno, en principio loable, pero en no pocas aspectos cuestionable, ha incluido muchos ámbitos.
Hay amenazas de intervención en algunas comunidades autónomas, incluyendo la asturiana, donde no se ha cerrado la crisis polÃtica. Y España sigue mirando aprensivamente a Bruselas, o a BerlÃn, o a ParÃs, de donde en cualquier momento, piensa el ciudadano de la calle, nos puede venir un nuevo golpe. Los socialistas, que hasta diciembre ocuparon el poder, siguen lamiéndose las heridas, sin que su congreso poselectoral haya consolidado sus dañadas estructuras dirigentes. Los ‘populares’, que ocuparon el poder por mayorÃa absoluta, han iniciado una caÃda libre en los sondeos, derivada de la necesidad, impuesta desde el exterior, de imponer a los españoles cada viernes un ajuste duro sobre otros ajustes no menos duros.
PodrÃa también, en esta crónica del desastre, hablar de la pérdida de influencia exterior, especialmente en América Latina –en Europa ya la habÃamos perdido casi toda–. Y, buceando en causas más profundas, podrÃamos hablar del ensimismamiento de las fuerzas polÃticas y sociales, que ven con creciente claridad que los ciudadanos se sienten cada vez menos representados por quienes deberÃan representarles. Y, sin embargo, en esos ciudadanos, cada dÃa más escépticos y más euroescépticos, en esa sociedad tan invertebrada como cuando Ortega asà la denunciaba, está la solución. Y, para la clase polÃtica, el problema. Al menos, mientras se sigan ignorando las peticiones y aspiraciones de una ciudadanÃa que no acaba de entender muy bien por qué se hacen unas cosas y, en cambio, no se hacen otras que son demandadas por abrumadoras mayorÃas.
Creo tanto, dicho sea sin la menor ironÃa, en la buena voluntad y la honradez básica y general de la clase polÃtica española como en su desacierto a la hora de los grandes proyectos, de poner en marcha ideas elevadas y originales. Y temo que, a este paso, la crónica conmemorativa del 15 de mayo de 2013 podrÃa resultar, si nadie lo remedia, aún más pesimista que esta; y ello, suponiendo que tengamos dónde escribirla, aparte de los ciento cuarenta caracteres del cabreo en las redes sociales. Dicen que lo bueno de estudiar la Historia es aprender a que la peor parte de ella no se repita. Este año, de 15-m a 15-m, me parece que ha sido una lección a no olvidar. Y, desde luego, a no repetir. El mensaje de esperanza es que, si asà lo queremos y procuramos, no estamos necesariamente predestinados a esa repetición.






