Los ‘sí culpables’ del ‘caso camps’

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/01/12

Siempre sostuve que el macrojuicio por el minicaso de los trajes de Camps era un exceso. Un juicio de faltas convertido en todo un proceso contra la corrupción política. Si los tres trajes, una chaqueta y unos zapatos tenían un valor aproximado de cuatro mil euros, ¿cuánto le ha costado al contribuyente español el desarrollo de un proceso que ha durado semanas, con pago de dietas a los jurados incluido?¿Cuánto ha costado la persecución de banquillo a Garzón, una persecución que bien podría haberse sustituido por una sanción del Consejo del Poder Judicial y que hasta el fiscal del caso ha calificado con los términos más duros? ¿Cuánto puede costarnos el proceso, si lo hay, contra José Blanco? Y ¿por qué se olvidó tan fácilmente, en cuanto Rubalcaba se convirtió en un derrotado político, el ‘caso Faisán’, que tanto revuelo provocó durante años?

Los españoles nos vamos acostumbrando a que los procesos judiciales pasen ante nuestras narices sin que estén siempre del todo justificados, y con la evidencia de que hay ‘manos negras’ (o ‘limpias’) que intervienen excesivamente en las filtraciones y en las acusaciones particulares. Eso, sin contar la constante utilización partidista que se hace de cada resolución judicial, de cada comparecencia de un imputado ante el juez. Luchar contra la corrupción es, me parece, algo más serio que eso. Hay evidencia de existencia de prácticas corruptas en la Comunidad valenciana, en la balear, en Andalucía, quién sabe si en Galicia. De lo que no estoy tan seguro es de que siempre se acierte en la persecución y búsqueda de castigo de los presuntos o reales responsables de esa corrupción. Para mí, el juicio acompañado de trompetas contra Francisco Camps ha supuesto un retroceso en la lucha contra las irregularidades: todo ha quedado en una farsa, la farsa de los tres trajes, un viaje para el que no hacían falta tantas alforjas.

Me siento incapaz de opinar acerca de si Camps era o no culpable de una falta inserta en una figura penal extraña y mejorable, como es el cohecho impropio. Casi estoy por decir que me da igual si el ex presidente de la Generalitat valenciana –que obviamente no volverá a serlo—pagó o no de su bolsillo los dichosos trajes; hubiese bastado con que hubiese reconocido de entrada que no lo había hecho, que a continuación los hubiese abonado… y entonces se hubiese ahorrado toda esta vergonzosa ordalía. Lo que de verdad me preocupa es que ha habido algo de persecución (‘el pueblo contra el poderoso que ya no lo es tanto’), no poco de pelea callejera política, toneladas de la infamante ‘pena de telediario’ y mucho de chascarrillo judicial. Y muy poco de lucha, de verdadera lucha, contra la corrupción. Lo mismo, opino, que en el ‘caso Garzón’. O en el ‘caso Blanco’. Demasiadas interferencias en la labor de la Justicia procedentes de quienes no quieren que de verdad la Justicia se imparta.

Camps, absuelto; era lo más razonable…

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/01/12

Yo sé que la sentencia que absuelve, por 5-4, a Camps y Costa va a ser polémica Lo hubiera sido en cualquier forma. Yo siempre dije que el ‘affaire’ de los trajes era ridículo en comparación con otros muchos casos de corrupción en España, y que el juicio mediático que se ha montado por una cuestión que, en el fondo, es una falta, no se sostenía. ¿Inocente?¿Culpable? Yo lo que sé es que, si Camps hubiera empezado por reconocer haber recibido tres trajes, una chaqueta y unos zapatos, si se hubiera ofrecido a pagarlos –’fue un despiste; no sabía que no se habían pagado’…Cualquier cosa pudo haber alegado–, aquí paz y después gloria y se hubiera evitado este ignominioso juicio. Que lo único que ha demostrado es, por un lado, el gusto hispánico por un buen acoso y derribo al poderoso que ya no lo es tanto. Y, por otro, ha dejado patente que Camps no merecía gobernar una Comunidad como la valenciana (hoy en quiebra, por cierto); pero no por chorizo, que pienso que no lo es: por incapaz de enfrentarse a una situación dura, de crisis. Olvidémosle y dejémosle que se lama las heridas, pero no cometamos el error de intentar recuperarlo para la política. Ha demnostrado que, aunque le voten, no vale para esto.

Sé que esto es polémico, pero…

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/01/12

Me ocurre cada vez que opino sobre esta cuestión: me machacan con llamadas más o menos humorísticas, diciendo que me estoy volviendo un discípulo de la escuela de Chicago. Yo no le veo tanta gracia: el fantasma de cinco millones de personas –ponga usted cuatro, o tres, si quiere– sin nada que hacer, pasando estrecheces de todo tipo, es algo que tenemos que erradicar. El descontento de nuestros jóvenes, sus ganas de huir, su total falta de fe en el sistema, hay que atajarlo.
Por eso pienso que hacen falta soluciones nuevas, quizá duras (pero nada más duro que estar mano sobre mano, sin esperanza). Y por eso ayer envié este comentario a mi columna sindicada de OTR:

Más vale minijob en mano…
Fernando Jáuregui

Hace unos días, defendía yo en un programa de radio la existencia y regulación de los mini-empleos (ahora los llamamos, quizá para vestir el santo, minijobs) en España. Inmediatamente, me llamó un amigo: “te estás haciendo de derechas; ¡pues no se te ocurre defender ahora el trabajo basura!”, se indignó. Le expliqué que no soy ni un liberal feroz del ‘laissez faire’ ni un experto en economía miltonfriedmanita; soy apenas un pequeño empresario que muchas veces quisiera contratar, pero que no tiene la posibilidad de hacerlo con los actuales moldes legales. Al tiempo, caía en mis manos el resultado de una encuesta, según la cual casi un setenta por ciento de los jóvenes españoles menores de treinta años estaría encantado de tener, al menos, un empleo a tiempo parcial, que les permitiese acogerse a la Seguridad Social y disfrutar de unas mínimas ganancias y de un máximo aprendizaje.

Pienso que la reforma laboral que se delinea no puede ser timorata, ni atenerse a esquemas desfasados o a clichés que ya poco representan: lo urgente es mover el campo de los desempleados, evitar ese ejército desesperado de cinco millones de personas al borde del abismo personal y social. Nada atenta más a la dignidad de una persona que verse privada de la posibilidad de ganarse la vida con un trabajo digno y honrado, que discurra por los cauces legales y no esté sometido a la explotación y a los riesgos del empleo ‘negro’. Millones de jóvenes se acogen ya a los minijobs en Alemania, lo que frena las cifras oficiales del paro, abre la posibilidad de un primer o un segundo empleo para los recién salidos de las universidades o de las escuelas y supone un incremento para las arcas del Estado, dado que esos jóvenes se dan de alta, con tarifas lógicamente mínimas, como autónomos.

Naturalmente que esta idea tendría que tener una regulación estricta para evitar abusos -la contratación por cuatro o cinco horas, pero una jornada laboral real de más tiempo, por ejemplo–, unos límites temporales y de edad…Como ya ocurre en el caso de Alemania. Pero qué duda cabe de que hay que abrir nuevas expectativas. Hay que reconquistar los derechos laborales desde cauces inéditos. A mi amigo acabé replicándole que ya no sé si soy de derechas, de izquierdas o de centro, porque pienso que muchas cosas de las que estaban ideológicamente ‘establecidas’ han saltado por los aires a raíz de las grandes crisis económicas, políticas y de valores que nos han sacudido en los dos últimos años. De lo que estoy seguro es de que ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro, creen que con los remiendos actuales, y con los que parece que se delinean, será posible ese objetivo básico de ir creando puestos de trabajo. Aunque sean, por ahora, mini-puestos de trabajo.

fjauregui@diariocritico.com

El simpático de los Emiratos

Enviado por Fernando Jáuregui | 16/01/12


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Foto en Abu Dhabi con el tirano fundador de la dinastía de jeques ‘bienhechores’. Menuda cara simpática tiene el tío…

Homenaje a Fraga de un antifraguista

Enviado por Fernando Jáuregui | 15/01/12

Acabo de regresar de Abu Dhabi. Me llama el director del periódico, Pablo Muñoz: “que ya se ha muerto Fraga”. Le pido que publique el art´ñiculo que ya envié hace algo más de una semana, cuando Don Manuel ya se estaba acabando. Luego, herehecho un poco aquel trabajo, que erá el prólogo de un libro de inminente aparición, ‘Homenaje a Fraga de un antifraguista’. Este es el texto:

El último deseo (insatisfecho) de Manuel Fraga

Fernando Jáuregui

Me llamó alguien que ha querido mucho a quien él, y solamente pocos más, llamaba «Manolo». «Que se está muriendo; escribe sobre él, todo lo que has vivido con él», me dijo. Moriría pocas horas después, en la noche del 15 de enero. He desempolvado recuerdos, escritos…Muchas, muchas páginas escritas sobre Manuel Fraga por un periodista que, como yo, le criticó mucho, le fastidió bastante y, en el fondo, creo que le quiso, que le quise.
He escrito, ya digo, mucho sobre Fraga. Unas veces bien, otras mal. Alguna vez me sentí, cuando los accesos de cólera del indomable don Manuel, antifraguista. Reconozco que en otras ocasiones me sentí cerca del estadista, del hombre que-todo-lo-tenía-en-la-cabeza. Luego decía aquello de «la calle es mía» y nuevamente se convertía en el hombre prepotente que a nadie le gustaba. Fraga, esa fuerza de la naturaleza. Sea como fuere, ahora, en el trance de su desaparición, hay que recordarle, cómo no, en sus mejores perfiles, en los del hombre que nos blindó contra la extrema derecha, en los del político que construyó una alternativa que hoy ha llegado al Gobierno.
El último superviviente de la época dura del franquismo. El hombre que supo evolucionar hasta posiciones democráticas. Sesenta años en la brega política. Estoy convencido de que él creyó siempre que prestaba un servicio público a sus compatriotas, aunque a veces lo hiciese a su manera. No resulta difícil entrar en la personalidad recóndita de Fraga, el colérico, el que una vez, irritadísimo ante algunas preguntas con las que yo le machacaba en las campañas electorales, me lanzó, enrojecido: «cuando usted esté en política, que todo se andará…». Reconozco su nula capacidad de rencor: era capaz de expulsarte de su despacho y al día siguiente lo había olvidado, quizá porque tenía cosas más importantes en las que pensar.
Me cuenta Ángel Sanchís, su amigo, con el que almorzaba últimamente casi cada semana en compañía de Carlos Robles Piquer, de Abel Matutes y de algún otro (asistí recientemente a uno de esos almuerzos; don Manuel seguía gozando del viejo buen apetito), que su último sueño era morir como senador. No pudo ser. Mariano Rajoy se lo ofreció a la vuelta del verano, cuando ya Fraga estaba atado irremediablemente a la silla de ruedas, con dificultades para hablar, pero con el espíritu explosivo indomable: «¿quieres seguir de senador?», le dijo. «Si», respondió, sin más, don Manuel. Pero la familia se opuso: demasiado desgaste, dijo Pisco, Isabel, la hija médico que lo acompañaría siempre. Quizá quienes lo querían no deseaban que hiciera el patético. Y don Manuel, rugiente, se quedó clavado en su silla, dándole vueltas al magín, quién sabe si pergeñando su sexto volumen de memorias. Me dicen que quería morir con las botas puestas, como ese John Wayne al que me aseguran que, en secreto, admiraba.
Escribí sobre él un libro que se tituló , en el que contaba algunas de las anécdotas que me ocurrieron cuando le seguí, durante años, profesionalmente, yo como periodista, él a veces como víctima de mis escritos. Prometí a Sanchís, que fue tesorero en Alianza Popular y que nunca necesitó de la política para ser rico —más bien, creo que la política le costó dinero—, que escribiría algo así como un epitafio titulado «homenaje a Fraga de un antifraguista».
Ambos tratamos de encontrar una sexta hora para ver al León de Perbes, enjaulado en su silla de ruedas; ya era tarde. Cuando Sanchís, acompañado de Matutes, le comunicó mi intención de verle, Fraga, ya muy mal, le dijo: «Prepáreme una nota agradeciéndole que quiera venir». Le gustó que quisiera hacerle la que sin duda iba a ser la última entrevista. A continuación, Sanchís le contó el chiste de aquel sacerdote que, en misa, preguntó a sus feligreses si había alguno de entre ellos que no tuviese enemigos. Se levantó una anciana, doña Francisca. «Y ¿cómo es que, a sus ochenta años, no tiene usted ningún enemigo, doña Francisca?», quiso saber el cura. «Porque los muy cabrones se han muerto todos» dijo la anciana. Fraga, que sí tuvo muchos enemigos, se rió con ganas; puede que fuese la última vez que soltó una carcajada. Me parece que, al final, eran muchos más sus amigos que sus enemigos, aunque durante bastante tiempo fue mucho más fácil ser lo segundo que lo primero.

Creo que, todo incluido, la figura de Fraga, por legendaria, ha acabado gustándome, y que no me importa poner como título a un libro remodelado –he escrito tres que le tienen más o menos como protagonista—ese que le prometí a Sanchís: Elogio a Fraga de un antifraguista. Al fin y al cabo, uno no tiene muchas oportunidades de decir que ha pasado cinco horas y toda una vida con alguien que, sin duda, ocupará bastantes páginas en la historia de España. Así que en esta noche, 15 de enero de 2012, cuando me acaban de anunciar que Manuel Fraga Iribarne ha cejado en la lucha contra la muerte, concluyo estas líneas, que serán el prólogo del libro con el que quisiera homenajear a un hombre al que tanto critiqué y al que, casi sin enterarme, fui apreciando poco a poco.

Desde lejos con amor

Enviado por Fernando Jáuregui | 13/01/12

Sí, estoy –circunstancias de la vida– lejos. Regresaré el domingo. No son propiamente unas vacaciones –todo se disfraza de trabajo–, pero casi. Perdón si tardo en responder a algunos mensajes: todo se andará. Gracias por la comprensión.

Pero ¿de qué se ríe ese tipo?

Enviado por Fernando Jáuregui | 10/01/12

No entiendo de qué diablos se ríe ese periodista que nos deshonra, Antonio Alemany, el hombre que elogiaba con fondos públicos a Jaume Matas. Qué poco me gusta que un colega haga eso (otros, la verdad, elogian más barato, o gratis, pero mejor no entrar en ello)…El caso es que los periódicos se llenan de casos de corrupción. Y debo decir que no me desalienta el hecho de que los periódicos se llenen estos días con noticias sobre casos de corrupción. Por el contrario, me parece bueno que se conozcan y, sobre todo, que la información se deba mayoritariamente al hecho de que esos casos de presuntos corruptos, llámanse Camps, hijo de Chaves, ERE, Jaume Matas o Urdangarín, entre otros, se encuentran ya en los tribunales (y en las picotas de la condena ciudadana).

Cierto que los casos de corrupción -presunta, ya digo-son demasiados, y algunos de alto nivel: ahí es nada, un yerno del Rey y dos ex presidentes autonómicos, además del hijo de otro ex, viéndose en los juzgados o cercanos a ello. Pero a mí lo que me llena de gozo es que aprovecharse para el propio bolsillo de dinero público -o privado- no resulta impune. Ya sé, ya sé que aún quedan muchos huecos; que no todos devuelven, aunque pasen por la cárcel, el dinero malhabido y también sé, de otro lado, que en este país nuestro aplicamos con excesiva frecuencia la llamada pena infamante, o de telediario; ya sé que a veces casos que no deberían hacerlo prescriben, sé que hay jueces que se equivocan o incluso que se hacen los distraídos, sé que se filtran sumarios secretos que no deberían filtrarse e incluso sé que algunas veces los códigos benefician más a unos que a otros …Pero también constato que son muy pocos los que se van de rositas y que los asuntos más escandalosos acaban indefectiblemente estallando y siendo sometidos al peso de la ley y de una Justicia acaso demasiado lenta, sí, a veces algo cojitranca, no siempre escrupulosamente igual para todos, pero generalmente implacable.

Y es que, contra lo que muchos dicen y hasta contra lo que pudiera parecer, España no es un país podrido. Nos gustará más o menos nuestra clase política, pero admitamos que, salvo las excepciones que conocemos y quizá hasta algunas más que no conocemos, nuestros políticos son gente honrada; puede que gastadores en demasía -cuando había dinero para gastar–, acaso demasiado aficionados al viaje ‘gratis total’ y a los automóviles de gran cilindrada, pero honrados ‘básicamente’, como en una ocasión sentenció, para quitarse sambenitos de encima, Felipe González.

Creo firmemente, porque soy un optimista incorregible, que la limpieza que se está produciendo con la divulgación de esos casos de corrupción con los que nos estamos escandalizando va a ser una vacuna eficaz para prevenir nuevos brotes. Eso y, claro, que hemos entrado en una nueva era, en la que el dinero destinado a alegrías, las prebendas, el boato y el despilfarro van a ser mucho más escasos. Algo bueno tenía que tener la crisis, qué caramba.

Y, por fin, volviendo a Alemany. Que digo yo que deberíamos reflexionar acerca de esos turiferarios que van más allá que nadie en su elogio mediático al gobernante que los beneficia. ¿O es que otros gobernantes, además de Matas, no han beneficiado, y no poco, a algunos sedicentes periodistas?

Me siento de sobra aquí…

Enviado por Fernando Jáuregui | 08/01/12

En este mundo de silencios, donde a los periodistas se nos convoca para leernos comunicados y para darnos información ‘oficial’, donde se nos expulsa de los actos oficiales –no damos brillo a las charreteras–, simplemente, los plumillas y micrófonos ambulantes sobramos. Bastante mal están las cosas ya en la empresa periodística como para que, encima, se nos quiten de encima eso que llamamos ‘fuentes’, que est´ñan, para colmo, secas. ¿Dónde, ante quién, hay que protestar?

Carme Chacón se presenta, al fin, como candidata y…

Enviado por Fernando Jáuregui | 06/01/12

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(Ahora, Rubalcaba y Chacón ni se miran, pese a aquel cínico mitin de ‘los mimitos’, inmediatamente antes de las elecciones del 20-m. ¿Qué hubiera pasado si se hubieran dado unas primarias como las de Hollande-Aubry en Francia?)
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Esta es la colunma que he enviado hoy a Off the Record:

Este sábado es el día en el que la ex ministra de Defensa, Carme Chacón, se presenta, al fin, en el pueblo andaluz de sus ancestros, como candidata a la secretaría general del PSOE en el congreso del partido que se inicia dentro de un mes en Sevilla. Alfredo Pérez Rubalcaba ya lo hizo hace algunos días, y parece dudoso que pueda darse una ‘tercera vía’, por más que algunos alcaldes hayan tratado de fomentar otra candidatura, para la que se pensó en el alcalde de Toledo (pero no diputado), Emiliano García-Page. Así que todo indica que el duelo por el control del principal partido de oposición, con toda la fuerza y alcance que aún le queda, se limitará al veterano, experimentado y derrotado en las pasadas elecciones generales, ex vicepresidente del Gobierno con Zapatero, frente a la bastante joven y relativamente poco conocida –pese a su paso por dos ministerios; sus declaraciones han sido más bien escasas— Carme Chacón, apoyada por el socialismo catalán y por significativas, pero parece que minoritarias, fracciones del socialismo madrileño.

En principio, podría pensarse que el veredicto de la militancia en febrero tendrá como favorito a Rubalcaba, aunque la cosa puede dar muchas vueltas: recuérdese lo que le ocurrió al entonces ‘oficialista’ Joaquín Alumnia en sus primarias frente al teórico perdedor Josep Borrell. Lo cierto es que Rubalcaba no se la quiso jugar en su momento en unas primarias frente a Chacón, e incluso amenazó al entonces presidente y aún hoy secretario general del PSOE, Zapatero, con organizar un considerable alboroto interno y externo si esas elecciones se llevaban a cabo. Finalmente, entre conatos de sollozo, la que era ministra de Defensa anunció que renunciaba a presentarse, pero el cisma, entre dos personas cuyas relaciones han pasado por muchas fases, estaba servido.

Hoy, lo cierto es que los programas con los que ambos parecen concurrir al congreso federal socialista son bastante similares: ninguno de los dos puede dar un paso atrás respecto de lo que el otro ofrece ahora –pero no lo hicieron antes– en cuanto a apertura y flexibilidad para la militancia, facilidad para celebrar elecciones primarias multitudinarias…”Si se hubiese propuesto antes ese programa, si se hubiese imitado a los socialitas franceses en las primarias ejemplares que ellos celebraron, quizá el resultado de las elecciones generales del 20 de noviembre hubiese sido bastante diferente; pero, claro, se aplicaron las fórmulas de siempre, la cerrazón de siempre, se pusieron las zancadillas internas de siempre, y pasó lo que pasó”. El comentario pertenece a un destacado socialista, ya un histórico, que ha ocupado importantes puestos en el socialismo madrileño y en la Administración de Zapatero. Ocurre que ese destacado militante, interlocutor de quien suscribe, no ha sido invitado a asistir a ese congreso, ni, en el caso de haberlo sido, hubiese aceptado, asegura. Simplemente, parece haberse desinteresado de la marcha de la histórica formación de Pablo Iglesias. Como tantos otros.

Quienes conocen la historia de las relaciones entre Rubalcaba y Chacón, las cosas que ocurrieron en el pasado –hechos que adquirieron relevancia política, no meramente personales, y a los que los medios, no obstante, han otorgado un inevitable respeto–, no creen que la victoria de uno u otra para la secretaría general vaya a dotar al PSOE de la voluntad renovadora suficiente como para remontar lo que parece que van a ser años de travesía del desierto. La etapa Zapatero ha dejado al PSOE anémico, desmotivado, desilusionado. Y ahora, muchas de las novedades que, en cuanto a ideas e iniciativas, se presenten ante el congreso sevillano, o bien serán ejecutadas por el Gobierno del PP o tendrán escasa credibilidad: ¿por qué no se hicieron cuando se podían hacer? Esta es la pregunta que, fatídicamente, hundió la campaña de Rubalcaba en las generales y la sombra maligna que le persigue, y que se proyecta también sobre Chacón, pese a su juventud y a no haber estado tan involucrada como su competidor en el trayecto de ZP.

Cada uno de los dos contendientes por el liderazgo de ese PSOE desanimado tiene sus luces y sus sombras: se trata de dos personajes honrados, que han dado mucho de sus vidas por el partido que ahora quieren liderar. A Chacón algunas quieren verla implicada en el mundillo de los negocios, por sus connotaciones familiares; a Rubalcaba, en el ansia de poder puro y duro, dado que, al fin y al cabo, no conoce otra cosa. Uno aparece más brillante, más preparado, con mayor veteranía, que la otra; pero ella carece de demasiadas connotaciones –más allá de sus pertinaces silencios ante la prensa– peyorativas en su paso por la gobernación del país.

Es de temer que este congreso del PSOE, precedido por absurdas guerras de comunicados y documentos, carezca, de lejos, del interés que tuvieron aquellas elecciones primarias francesas que ganó en octubre François Hollande frente a Martine Aubry. Y es que en Francia el socialismo es más atractivo por muchos (y evidentes) conceptos. Además, los franceses pueden ganar unas elecciones, mientras que sus correligionarios españoles parecen cada vez más alejados de cualquier expectativa cercana de poder.

Esto está haciendo furor en el marketing viral…

Enviado por Fernando Jáuregui | 05/01/12

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(Rubalcaba quiere ahora abrir su partido. Y me parecen bastante buenas sus propuestas. Lo único es que no queda otro remnedio que insistir en la maldición que le ha cañído encima: ¿por qué, entonces, intentó frenar de todas las maneras posibles unas primarias frente a Chacón?¿Por qué no lanzó antes estas propuestas?
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Copio aquí algo que hoy me ha llegado nada menos que por cinco sitios diferentes. Las redes de marketing viral, junto con las redes sociales, siguen hablándonos del hartazgo de los españoles de una clase política a la que, acaso excesivamente, se culpa de casi todo, pero que no parece haberse enterado muy bien de por dónde va la fiesta, o, mejor, el fin de la fiesta.
Esto es lo que están enviando en la cadena de mv:

Ley de Reforma del Congreso de 2011 (enmienda a la Constitución)
DESPIERTA ESPAÑA !

Pido a cada destinatario que reenvíe este e-mail a un mínimo de veinte personas de su lista de contactos, y a la vez, pedir a cada uno de ellos que hagan lo mismo.

En tres días, la mayoría de las personas de este país tendrán este mensaje. Esta es una idea que realmente debe ser considerada y repasada para el Pueblo.
Ley de Reforma del Congreso de 2011 (enmienda de la Constitución de España)

1. El diputado será asalariado solamente durante su mandato. Y no tendrá jubilación proveniente solamente por el mandato.

2. El diputado contribuirá a la Seguridad Social. Todo el mundo (pasado, presente y futuro) actualmente en el fondo de jubilación del Congreso pasará al régimen vigente de la Seguridad Social inmediatamente. El diputado participará de los beneficios dentro del régimen de la S.Social exactamente como todos los demás ciudadanos. El fondo de jubilación no puede ser usado para ninguna otra finalidad.

3. El diputado debe pagar su plan de jubilación, como todos los españoles.

4. El diputado dejará de votar su propio aumento de salario.

5. El diputado dejará su seguro actual de salud y participará del mismo sistema de salud que los demás ciudadanos españoles

6 El diputado debe igualmente cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles

7. Servir en el Congreso es un honor, no una carrera. Los diputados deben cumplir sus mandatos (no más de 2 legislaturas), después irse a casa y buscar empleo.

Si cada persona pasa este mensaje a un mínimo de veinte personas, en tres días la mayoría de los españoles recibirán este mensaje.

La hora para esta enmienda a la Constitución es AHORA.

ES ASÍ COMO PUEDES ARREGLAR EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.

Si estás de acuerdo con lo expuesto, reenvía. Si no, bórralo. <<

—–No estoy seguro de estar del todo de acuerdo en que al político haya que tratarlo peor que a cualquiera, pero tampoco lo estoy en que sea mejor tratado que los demás. ¿Que el no mantenimiento de algunos privilegios puede empobrecer la calidad de la clase política? Puede que sí; pero lo cierto es que esa calidad ya es bastante baja. A lo mejor se mejora precisamente considerando que servir a la nación desde el Parlamento es un honor reservado a los mejores, desbloqueando las listas electorales y dejando que la militancia participe de verdad en las decisiones del 'aparato' de sus partidos. Algo parecido a lo que ha dicho el candidato a candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, claro que muy tarde, demasiado como para considerar sinceras sus propuestas: mañana cuento cómo y por qué no permitió que Carme Chacón se presentase a las primarias frente a él.———



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