Estamos pasando de escaño-castaño a muy oscuro

Enviado por Fernando Jáuregui | 26/08/16

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((lo del reparto de escoños es de coña. Y hay muchos más ejemplos del surrealismo político que no sé a dónde nos va a acabar llevando: ¿a la insumisión generalizada?))
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Lo que está ocurriendo en la política española, al borde ya de la semana de la (no) investidura de Mariano Rajoy, es, simplemente, de no creer. Imposible ofrecer un espectáculo más completo de incompetencia, mala baba, rencillas cuarteleras y desdén por el pobre contribuyente/votante, que somos usted, yo y unos cuantos millones de españoles más. Ahí van algunos ejemplos (recientes) del desastre en el que estamos metidos y no por la culpa de usted, ni por la mía, ni por la de esos millones de españoles, cuya única responsabilidad en todo esto es no haber colmado aún su vaso de indignación ante el desmán permanente y no habernos organizado en una verdadera sociedad civil.

Ejemplo uno. La pelea de leguleyos en la que nos han enzarzado tratando de evitar que votemos el 25 de diciembre en unas hipotéticas terceras elecciones, que ya todos admiten incluso como probables, para sustituir el día de Navidad por el domingo anterior, es casi surrealista: están dispuestos a no dar su brazo a torcer cambiando su voto en la investidura y, en cambio, pretenden retorcer la normativa electoral, esa que tanto les cuesta reformar, para que el ridículo completo se convierta en solamente parcial. Porque yo, de entrada, suscribo la iniciativa pública del alcalde de un pequeño pueblo salmantino y, el día 25, no solamente no iría a votar, sino que me declararía insumiso si me tocase estar en una mesa electoral: que no voy, vaya. Y que luego tengan el valor de sancionarme. Por cierto, tampoco sé qué haré si la jornada de votación, porque el Congreso así lo ‘permite’ tras, ya digo, violar el espíritu (y la letra) de la ley, es el día 18 de diciembre, y no el de Navidad. Probablemente, tampoco vaya. Esa, y este comentario, son las únicas formas de protesta, pobre protesta, a mi alcance.

Ejemplo dos. Hay que ver la que se ha montado a cuenta de la colocación de los grupos parlamentarios en unos u otros escaños. Todos quieren estar en primera fila en el hemiciclo, no sé si para que las cámaras institucionales de la tele les sorprendan más fácilmente jugando al Pokemon. ¿De verdad esta es la reforma que importa? ¿Dónde se sienten los de Podemos, los de Ciudadanos o los del PNV? Maaadre mía…

Ejemplo tres.- La presidenta del Congreso, la por otro lado muy admirable Ana Pastor, anuncia que el discurso inaugural de investidura será el martes, a las cuatro de la tarde, interviniendo tan solo Mariano Rajoy y, al día siguiente, los restantes portavoces de los grupos. Olvidaba el Partido Popular la escandalera que montó cuando, en la brevísima Legislatura anterior, el predecesor de la señora Pastor, el socialista Patxi López, decidió el mismo orden: que el primer día interviniese solamente Pedro Sánchez, y al día siguiente los demás. ¡Las cosas que entonces se dijeron ante los micrófonos y fuera de ellos! Una muestra más de la inconsistencia del debate político español, en el que lo nimio sustituye siempre, siempre, a lo importante: pero ¿es que no saben todos que, sea cual sea el orden del debate, no habrá esta vez investidura?

Y lo importe es, son, las reformas de calado que hay que introducir en el texto constitucional y en la normativa electoral. No para que las elecciones no caigan, vaya por Dios, nada menos que en la entrañable Navidad, sino para que lo que está pasando desde el 20 de diciembre de 2015 no vuelva a repetirse jamás: hay que cambiar cuando menos el artículo 99 de la Constitución (entero) y ya aprovechar para cambiar algunos otros (bastantes) artículos, cambios que contribuyan, de paso, a solucionar el problemón territorial que se nos echa encima. Y hay que cambiar la normativa electoral no de un modo oportunista, sino para convertir el sistema parlamentario de elección del presidente por uno presidencialista, a dos vueltas. Entre otras cosas evidentes: porque ¿cómo presentar en público a un país en el que quien tiene más votos que otro tenga menos escaños?

Ejemplo cuatro. Que yo sepa, ninguno de estos cambios sustanciales se están debatiendo en esa comisión negociadora entre Ciudadanos y el Partido Popular que seguramente dentro de unas horas anunciará, tras los rifirrafes verbales de rigor, que ha llegado a un acuerdo para la investidura de Rajoy, que ya digo que será una no investidura, porque el PSOE se empeña, cada vez más contra la lógica de las cosas, en mantener su ‘no’. Más bien, lo que los naranjas y los azules negocian son cuestiones que, aun redundando en la mejora de la política lamentable de este país, tienen un tono menor: ¡pues claro que hay que reforzar las medidas anticorrupción, claro que hay que arreglar lo del Senado y lo de la Administración autonómica y local! Eso es tan obvio que es casi de Perogrullo y uno, por supuesto, saluda que tales reformas se pongan en marcha de una vez, junto con el desbloqueo de las candidaturas electorales, la limitación de mandatos y el eventual acortamiento –¿por qué no supresión? Si, en el fondo, ‘ellos’ siempre están en campaña…– de las campañas electorales, pero no solamente para que no tengamos que ir (o no ir) a las urnas el día de Navidad.

Tengo muchos más ejemplos en la cartera, pero he de dejarlos para otro día. Las limitaciones de espacio me lo imponen. Y no se pierdan los discursos en la sesión parlamentaria: el ‘y tú más culpable que yo de que tengamos que ir a unas nuevas elecciones’ va a ser la tónica de las intervenciones; no hace falta ser un adivino para pronosticarlo. Ni para denunciar la oportunidad que estamos perdiendo para, llegando a un acuerdo para una Legislatura abreviada –la última de Rajoy, según los acuerdos con Ciudadanos–, emprender las reformas regeneracionistas que, ya se ve solamente a través de los ejemplos chuscos que presento, tanto necesita nuestra España. Una auténtica Nueva Política. Pero nada, no hay nada que hacer: salvo sorpresas agradables que aquí jamás se producen, seguiremos donde estábamos, donde, ay, estamos.

‘Cambio’ es con ‘C’ mayúscula, no con ‘p’ de parches

Enviado por Fernando Jáuregui | 25/08/16


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((perdón por poner nuevamente la prtada de nuestro último libro en este comentario. Pero es que del Cambio seguimos hablando. O no hablando, según se mire…))
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Ignoro si el acuerdo entre el Partido Popular y Ciudadanos para el ‘si’ de estos últimos a la investidura de Mariano Rajoy se firmará este viernes o el fin de semana, que parece ahora, por increíble que se nos antoje, la gran controversia entre ambas partes. Pero doy por hecho que, con todas las bravatas que escuchamos, las amenazas veladas, los faroles musísticos y las descalificaciones soterradas entre los negociadores, el acuerdo se dará: han ido demasiado lejos como para ahora volver grupas y que de lo dicho, nada.

Entre otras cosas, porque existe una cierta esperanza ciudadana no en que la investidura del próximo martes vaya a salir adelante –el ‘ no’ del PSOE, que es la clave, sigue siendo ‘no’– , sino en que esa negociación abra puertas, aunque sea en una primera instancia, al Cambio. Si PP y C’s acuerdan una serie de reformas útiles para el avance del país, difícil será que lo que venga después suponga un retroceso. Incluyendo en ese ‘después’ ulteriores negociaciones con el hasta ahora irreductible PSOE para que se avenga a abstenerse, allá por octubre, para permitir la investidura de Rajoy; todo lo contrario: al PSOE, para que empiece a pensárselo, habrá que ofrecerle más cambios, no menos.

Si hablamos de desbloqueo de candidaturas, limitación de mandatos o determinadas formas de lucha contra la corrupción –donde se ha impuesto, menos mal, el realismo, en lugar del maximalismo–, ya no habrá marcha atrás, suceda lo que suceda, aunque lo que suceda sea, esperemos que no, nuevas elecciones. Si entre todos determinan la reforma del obsoleto Senado, la reforma de las administraciones, la regeneración de ciertos órganos de la Justicia, la disminución temporal de las campañas electorales, seguro que no habrá vuelta al pasado, que de momento es el presente.

Por eso, el acuerdo entre PP y Ciudadanos en la mayor parte de puntos regeneracionistas que sea posible resulta sustancial, aunque no vaya a servir para asegurar que Rajoy siga en La Moncloa. Quizá eso sea ya lo menos importante: acaso, entre los cambios futuros a proponer al PSOE para que desbloquee esta inaceptable situación y se abstenga, haya de incluir la propia figura de Rajoy, por muy injusto que parezca que tenga que ser el ganador quien más haya de ceder. Puede que llegue a no haber, acaso, otro remedio: ¡es la razón de Estado, estúpido!, que dirían los clásicos.

Lo malo es precisamente eso: que los cambios que parece que se debaten en la mesa negociadora de PP y Ciudadanos no constituyen el Cambio. Son, a mi juicio, insuficientes, tímidos, incompletos: solo de pasada se habla de reformas constitucionales –yo hablaría de la Reforma de la Constitución–, los cambios en la normativa electoral son mínimos…

Y, desde luego, la presencia de Ciudadanos –y del PP—no va a resolver, por sí sola, el principal problema que tiene planteado España: el territorial. Cataluña, o el debate leguleyo sobre la candidatura de Otegi, son una buena muestra. Probablemente, los socialistas, incluidos en un futuro pacto de Legislatura, aunque sea como una parte de la oposición constructiva, como ha propuesto Albert Rivera, son esenciales para avanzar en la cohesión territorial y en el diálogo con los nacionalistas.

Pero para eso, claro, los dirigentes del PSOE habrán de replantearse muchas posiciones hoy, al parecer, irreductibles. Y tengamos en cuenta, a la vista de los resultados electorales en Cataluña y País Vasco, que incluso Podemos puede resultar muy importante, en su momento, para mantener, bajo los moldes que se acuerden, la unidad del país. Algo, algo, tendremos que ceder todos, sin olvidar la legalidad desde luego (pero sin que esa sea siempre la ‘maxima ratio’), para que la situación deje de ser tan indeseable, tan artificial, tan potencialmente explosiva, como sin duda lo es hoy.

Me alegrará mucho, como digo, la conclusión del pacto entre las fuerzas del centro-derecha y el centro, que sin duda será bueno, pase luego lo que pase, para el avance del país. Lo único que lamento es la falta de ambición reformista que muestran algunas fuerzas, y, aunque reconozco que se han hecho algunos esfuerzos, me refiero en este caso a varios de los que tienen la máxima responsabilidad en el Partido Popular, con Rajoy a la cabeza. Estamos, en suma, perdiendo una oportunidad de oro para, entre todos, hacer un país más justo, más moderno, más racional, más honrado…y menos surrealista. Para consolidar una sola España, y no diecisiete, con incitaciones, para colmo, a la división ehtre ‘derechas’ e ‘izquierdas’. Mucho hablar de cambios, pero el Cambio, con mayúscula, cada vez me parece que está más lejos. Sobre todo, de las cabezas de algunos de los que tendrían que propiciarlo.

No, no estaba Rajoy en el Garibaldi

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/08/16

Nada tienen que ver, obviamente, el revolucionario italiano y el ex etarra –vanos a llamarlo así– Arnaldo Otegi. Este último quiere fraccionar el Estado, y Garibaldi, por el contrario, luchó toda su vida por unificar la desmembrada Italia. Pero sucede que ambos estaban en las últimas horas en los titulares de los periódicos, y eso es lo que me preocupa: dos símbolos, y nos quedamos con el peor. Viendo cómo, a bordo del portaviones ‘Garibaldi’, los tres líderes europeos post Brexit, Merkel, Hollande y Renzi, discutían el futuro de la Unión Europea, uno se quedaba con la sensación de que faltaba un cuarto pasajero en el buque: el representante de la que es la cuarta economía de la Europa sin el Reino Unido. Es decir, España. Pero Mariano Rajoy, a quien le hubiese correspondido el cuarto atril en la conferencia de prensa en la cubierta de la nave, está, claro, en funciones. Y muy distraído, dicen, preparando su discurso en una investidura que perderá ante el ‘no’ tenaz de los que deciden ahora en el PSOE.

Y a nadie parece preocuparle mucho que el destino de esa Europa en la que a los españoles nos es imprescindible estar se debata, y se decida, sin nosotros a bordo. Ni estamos ni se nos espera. Porque el país está muy preocupado, al margen de esa no-investidura y de las cosas incomprensibles que hacen algunos de nuestros políticos, sobre si Arnaldo Otegi, el contrapunto de Garibaldi, podría o no presentarse a las elecciones como cabeza de lista de Bildu. Muchas veces he dicho que mal asunto cuando juristas, constitucionalistas y leguleyos de todas clases entran en el debate sobre el ser o no ser de la nación, que eso viene a ser, en el fondo, la legalidad o no de que la inhabilitación de Otegui le permita o no aspirar a ser lehendakari vasco, Dios nos asista. Y peor asunto aún cuando la desobediencia a las decisiones de las instituciones judiciales se instaura en determinados territorios de eso que catalanes, vascos y algunos gallegos llaman ‘el Estado español’ y no simplemente España: en Italia, que es la dueña del ‘Garibaldi’, héroe nacional, nadie habla del Estado italiano, no al menos con el sentido de evitar pronunciar la palabra ‘ Italia’, y eso que se trata de un país con mucha menor solera histórica que el nuestro. O quizá por eso. Y Francia y Alemania, lo mismo: piensan en Europa, no en Córcega, la Padania o en la marcha del Estado de los länder, que esos son temas ha tiempo resueltos, menuda suerte que tienen.

Pero así están las cosas. Como si, pasase lo que pasase, Otegi no fuese a convertirse en el símbolo electoral para que Bildu mejore esos resultados catastróficos que le auguran los sondeos, a manos, por cierto, de Podemos: menuda publicidad estamos haciendo, entre todos, con el pseudo debate jurídico, a quien tan falsamente se quiere el ‘Mandela vasco’. Bueno, y luego está lo de Cataluña y el Tribunal Constitucional, otro debate togado de cortos vuelos y larga trascendencia. Pues eso: aquí andamos entre galgos y podencos, debatiéndonos entre las ‘derechas’ y las ‘izquierdas’ –o, al menos, sobre eso se debate el secretario general socialista– y polemizando sobre si Ada Colau debe o no estar presente en la Diada. Las dos, tres o cuatro Españas. ¿Cómo vamos a pensar en una Europa unida si no somos capaces de consolidar una España unida?

Pocos países, como el nuestro, más ansiosos por tirar por la borda, ahora que hablamos de barcos, todo lo conseguido. Y estamos a punto de ello: una nación boquiabierta aguarda a que ‘ellos’ vuelvan definitivamente de sus vacaciones para ver si recuperan, sin el pantalón corto vacacional, las ideas largas, de altura.

Pero ya, de momento, no estamos en el Garibaldi, que andamos pendientes de Otegi y del discurso que, mientras trotaba por Ribadumia, preparaba Rajoy para solarlo en el Congreso el día 30. O del que, saliendo del baño en Ibiza, pergeñaba Pedro Sánchez. Total, ambos para lo mismo: para culpar al otro de ser el máximo responsable de que acaso tengamos que ir a unas hipotéticas elecciones ¡el 25 de diciembre! Eso, que, claro, no ocurrirá, se lo cuentas a los del Garibaldi y se parten de risa, vamos: ellos, ya se ve, en lugar de preocuparse de Arnaldo, Ada o el toro de la Vega, quieren arreglar Europa, los ilusos. Menos mal que nosotros no estábamos en tales fruslerías, sino en lo que importa: lo de Arnaldo o Ada, o preguntándonos qué tal ha pasado el veraneo Pablo Iglesias, ya te digo. Y Donald Trump, aún en libertad, maaaadre mía…

Rajoy y Sánchez se enseñan las piernas

Enviado por Fernando Jáuregui | 22/08/16

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Pantalones cortos, ideas cortas: al menos, cuando se vean ya no se habrán ocultado nada. Bueno, excepto los ojos, a los que no se mirarán
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Fernando Jáuregui

Estoy un poco harto, la verdad, de ver las acreditadas piernas presidenciales subiendo y bajando la ruta da pedra e auga, algo que uno hizo tres años atrás, comprobando que hay que estar en bastante mejor forma de lo que uno está para trotar por la ruta de Ribadumia; o sea, que Rajoy está en forma o más que uno, al menos. Como Pedro Sánchez, que ya no teme ser cazado por los ‘paparazzi’ del ‘selfie’ bañándose en Ibiza y mostrando que no es Cristiano Ronaldo, hombre, pero tampoco tiene una barriguita cervecera.

Se les ve en forma (física), en suma, a los dos hombres de los que depende nuestro destino. Qué bien. Lo malo no es verlos con los pantalones cortos, piernas al aire como cualquier veraneante o como cualquiera de los hombres con los que me encuentro haciendo la compra en la gran superficie de mi pueblo: lo verdaderamente malo es cuando sospechas que también las ideas están acortadas, que no hay nada que hacer para que nos saquen de este surrealismo político en el que estamos metidos. Bueno, al menos los emergentes Rivera e Iglesias, que no son precisamente Petronio –especialmente el último, claro—no andan exhibiendo su ‘dress code’ de relax a los españoles que pueden, o no, tomarse unas vacaciones fuera de casa, pero que lo que piden a quienes aspiran a representarlos es que no nos creen más problemas, no que nos muestren lo bien que lo están pasando.

Está claro que en agosto no se pueden hacer planes políticos, porque la cabeza de ‘ellos’ está en la playa o en la montaña, y conste que no equiparo a Rajoy, que hace, con todas sus limitaciones, lo que puede en busca de un acuerdo, con Sánchez, que no sé muy bien qué hace, al margen de recorrer, turista nada anónimo, los pueblos y tierras de España. La investidura de finales de este mes no saldrá adelante, porque el ‘no’ del playero Sánchez (insisto: ¿quién fabrica la imagen de este hombre, quién?) parece inamovible. Pero ya llegará el otoño, ya llegarán las prisas por pactar y entonces el PP aceptará muchas de las cosas que le pedirá el PSOE a cambio de un giro en el rumbo terco en la negativa.

Básicamente, porque en otoño ya llevan todos los pantalones largos, y eso, y el alejamiento de los paraísos vacacionales, puede que les alargue algo las ideas. Eso y, claro, que se vaya acercando la fecha increíble, imposible, del 25 de diciembre para que nos lleven a votar, que puede que vayan a llevar a votar a Rita la cantaora. Pero, antes que eso, ocurrirán muchas cosas, ya verán. En cuanto se quiten los pantalones cortos y vean que empieza a hacer mucho, pero mucho, frío.

Otra de Gila: ‘¿Está Sanchez? Que se ponga…’

Enviado por Fernando Jáuregui | 21/08/16

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((Gila: ‘Oiga ¿está el enemigo? Que se ponga. Oye, que cuándo vais a atacar, que es que esta tarde tengo una fiesta en Ibiza…’ etcétera))
¿Cómo diablos no aparece un nuevo Gil, una nueva Codorniz, un Hermano Lobo resucitado en este país tan dramáticamente gracioso?¿Cómo no tenemos un Canard Enchainé, cómo andan tan lentos los del Jueves?))
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Está muy bien que Rajoy, en su papel de dialogante negociador, llame esta semana, o vaya usted a saber cuándo, a Pedro Sánchez. Y estará bien que, si sus múltiples ocupaciones se lo permiten, Sánchez se le ponga al teléfono. Al fin y al cabo, los teléfonos están para eso: para comunicarse, no para estar todo el día comunicando. Pero, en el caso Rajoy-Sánchez, me da la impresión de que el presidente en funciones pierde el tiempo si cree que va convencer a su interlocutor (que Rajoy, viejo zorro, por supuesto no lo cree) para que abandone su posición de ‘no y no’ a facilitar ahora la investidura del líder ‘popular’: ha ido demasiado lejos el secretario general socialista como para que, así como así, y aunque le prometan el oro y el moro regeneracionista y anticorruptelas, dé su brazo a torcer. Ya digo que habrá que esperar hasta octubre para eso. Que ocurrirá –lo del cambio de postura del PSOE, digo–, vaya si ocurrirá.

Si se me permite, me arriesgaré a avanzar el calendario de lo previsible, de acuerdo con el sentido común (bueno, no tan común en estos tiempos que corren en nuestra clase política): Rajoy llamará a Sánchez, se verán educadamente no se sabe si en esa enorme casa de citas en la que se ha convertido el Congreso, y recibirá un no menos educado ‘no’, para variar. Luego, o al tiempo, a Sánchez le llamarán Rivera –“no te puedes quedar al margen de este proceso de reformas, Pedro”—y Pablo Iglesias –“todavía lo podemos intentar, Pedro”–. Y, claro, le llamarán, o le han llamado, o le están llamando, los ‘peces gordos’ del PSOE que aún mantienen interlocución con él, amén de las figuras institucionales, internacionales y económicas que imaginamos. O sea, que el teléfono de Pedro Sánchez debe de ser uno de los más marcados en estas fechas, aunque no estoy seguro de que todas esas llamadas sean respondidas: menudo lujo, pedazo de poderío, permitirte el no contestar a ciertas llamadas que te piden que reflexiones, te dejes de cabezonerías y varíes un rumbo que ya casi nadie, aparte del círculo de tiza caucasiano, comprende.

Pero, desde luego, no es Mariano Rajoy quien puede convencer a Sánchez, por mucho que se adapte (en teoría) al proceso fuertemente reformista que han comenzado ya a negociar a toda vela el PP y Ciudadanos. Los recelos y la antipatía mutuos son ya irreversibles. Creo que Sánchez, a fuerza de repetirlo, se ha convencido de verdad de que Rajoy representa todo lo malo que se puede representar, y que su misión sagrada es salvar a este país de esa especie de anticristo que es el presidente en funciones, y ello digan lo que digan los electores.

Así que nada que hacer: derrota del candidato en la sesión de investidura del 30 de agosto-2 de septiembre, una sesión parlamentaria que va a ser bronca de verdad y que sospecho que ganará moralmente, ante los telespectadores y ante los medios, un Albert Rivera que va a decir que no quiere nada para él, sino para el bien de los españoles, y por eso se apunta a ser gobierno –sin gobernar—con Rajoy y a ser oposición –sin serlo del todo—con Sánchez, dejando a Podemos, a los nacionalistas, independentistas y demás fuera de este juego de tronos. Buena mano la del líder naranja, al menos en este reparto de cartas.

Así que el día 2 vuelven a repartirse estas cartas, esta vez con mesas de juego paralelas en las campañas electorales en Galicia y Euskadi, donde los resultados pueden tener cierta relación con lo que pase en una sesión de investidura posterior. Porque fíjese usted lo que puede ocurrir si, por ejemplo, el PNV, para seguir gobernando en Ajuria Enea,, necesita del concurso de los socialistas y los ‘populares’ vascos…

Y hay una cuarta mesa de póker en este panorama: el comité federal del PSOE, que sin duda tendrá que ser convocado en algún momento del mes de septiembre, ya que Sánchez ha declinado hacerlo hasta ahora. ¿De verdad es pensable que el principal órgano decisorio del PSOE entre congresos siga siendo la cámara de los aplausos de cualquier cosa que diga Pedro Sánchez, sin nadie que levante la voz para expresar matizaciones, críticas más o menos acerbas, ideas nuevas, alternativas, para decir en alto lo que susurran en las cenas con los amigos? Si eso fuese así, apaga y vámonos. Pero no será así. Y comprobaremos que, con unos u otros pretextos o, más bien, razonamientos, el ‘niet’ perpetuo se tornará en ‘quizá’ coyuntural, a cambio de alguna de las muchas cosas que a Sánchez y compañía se les pueden ofrecer para lubricar el tránsito. Y, así, ocurrirá que Rajoy podrá seguir gobernando, en situación de equilibrista –no sabemos si sirve para eso, pero seguro que le pondrán una red–, ganando tiempo para otros dos años, un tiempo del que saldrá, por qué no esperarlo, un país mejorado, con caras nuevas y menos caótico políticamente, que eso tampoco es tan difícil. Lo difícil es lo contrario, aumentar aún más este caos y llevar a votar en Navidad a los pavos, que serían, los que sobreviviesen a las fiestas, los únicos que se acercarían por las urnas, si es que hubiese alguien para abrir los colegios electorales.

La inminente rebelión del ‘Viejo testamento’ del PSOE (creo)

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/08/16

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((¿qué piensn gentes como Abel Caballero, Felipe González, Guerra, V<lrinao Gómez, Solana, Bono, Almunia, Zapatero, Javier Fernández, Lambán, los disidentes de Madrid, la propia y silente Susana Díaz, de lo que está pasando en el PSOE? Preveo, a este paso, una rebelión contra Pedro Sábchez, inmerso en un tacticismo que nos está costando mucho tiempo, y quizá dinero, a los españoles))

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Es el nuestro un país conformista, y hablo por igual de las dos Españas, la de ‘las derechas’ y la de ‘las izquierdas’, según la etiqueta, tan pasada de moda, de Pedro Sánchez. Estamos encantados de recibir más turistas que nadie; del oro y plata cosechados en deportes tan hispanos como el badmington (perdón: bádminton) o el taekwondo, y conste que estoy orgulloso con el modesto medallero olímpico español; felices por el récord de ingresos hosteleros que hace que casi un cuarto de la población empleada lo sea en esa industria…En fin, los españoles estamos tan contentos de la vida, si atendemos a algunos comentaristas pletóricos y a la filosofía mariana de que todo va bien, que nos mostramos dispuestos a tragar con todo lo que nos hagan. Y ya hay quien, manso, se prepara para votar el día de Navidad por correo, porque tendrá que estar atendiendo obligaciones y devociones familiares fuera de su domicilio habitual. Como si fuese lo más normal del mundo, vamos, esa situación de locos a la que nos abocan algunos de quienes quieren erigirse en nuestros representantes.

Consciente como soy de que, simplemente, es imposible eso de las elecciones el 25 de diciembre –ahora hay leguleyos que dicen que, reduciendo la campaña electoral, la votación podría ser el 18–, anuncio desde ahora que, si contra todo sentido común, esas elecciones se celebrasen, y si me toca ser presidente de mesa o algo, desobedeceré la convocatoria, y que, en todo caso, no iría a votar o votaría clamorosamente en blanco. Y que haré todo lo posible para que no sean los personalismos de quienes nos han conducido a esta situación los que encabecen esas candidaturas: los responsables de traernos hasta aquí no pueden seguir siendo quienes aspiren a seguir conduciéndonos por las rutas del desastre.

Pero eso no ocurrirá, porque no habrá terceras elecciones: de aquí al vencimiento del plazo para disolver las cámaras –el 31 de octubre—, aquí tienen que pasar muchas cosas, además de la ‘conversión’ de Rajoy al reformismo, como Rivera se convirtió al ‘sí’ a la investidura de alguien a quien aprecia tan poco como Mariano Rajoy. Pablo Iglesias se ha convertido, cayéndose del caballo de la soberbia, al silencio y a la prudencia, a la espera de que el único no converso, Pedro Sánchez, se pegue el batacazo que sin duda se va a pegar. El viernes, desde Ibiza y con Francina Armengol riéndole las gracias (pero ¿quién fabrica la imagen de este señor?¿Algún enemigo personal?), Sánchez insistía, tras la firma del acuerdo entre PP y Ciudadanos, acertadamente bautizado como ‘contra la corrupción’, que él seguirá votando ‘no y no’ a la investidura de Rajoy en las votaciones de los próximos días 31 de agosto y 2 de septiembre. Y es más: que votará, en su caso, contra los Presupuestos, aún no elaborados ni presentados y que, por tanto, Sánchez desconoce (sí, definitivamente tiene que ser alguien del PP, o al menos de Podemos, quien le asesora).

Así que sospecho que una de las cosas que tienen que pasar tras la fallida sesión de investidura de dentro de once días y hasta ese 31 de octubre, que es la fecha tope para disolver las cámaras y convocar las elecciones del 25-D (o del 18-D, o lo que sea que puedan retorcer esos leguleyos los preceptos constitucionales), es, simple y llanamente, que Sánchez tenga que marcharse. O rectifica sobre sus posiciones, o preveo, aunque aún no se detecte, una rebelión en toda regla contra él y contra los miembros que más apegados están a él en su Ejecutiva.

Rebelión de los del ‘viejo testamento’, comenzando por Felipe González, por Guerra, por Solana, Maravall, Bono, Almunia, Valeriano Gómez y hasta Zapatero, que algo han significado para este país, para no hablar de algunos ‘barones’, como Fernández Vara, Lambán, Puig, Javier Fernández y, desde luego, Susana Díaz, que están que ya no pueden más con este estado de cosas. Y me extraña que mentes tan juiciosas como las de José Enrique Serrano o Jordi Sevilla, ‘ministros en la sombra’ que nunca saldrán de ella, no hayan alzado ya sus voces descontentas, alarmadas. Para no hablar, y yo no puedo hacerlo en representación de todos, pero sí de mí mismo, de quienes votaron al PSOE pensando que eso iba a ser otra cosa y que nos llevaría por un camino de prudente regeneracionismo, forzando a Rajoy a hacer cambios que nunca quiso hacer y que ahora hará de la mano de Rivera. Lo que ocurre es que el viejo sentido de disciplina callada y de que ‘el que se mueve no sale en la foto’ contienen muchas lenguas en las sesiones del comité federal socialista…hasta ahora. Por algo será que Sánchez no quiere convocarlo, ni consultar, como antes hizo cuando pactó con Ciudadanos, a la militancia.

Solo se me ocurre que lo que sucede es que Sánchez quiera vender muy cara su inevitable abstención en una siguiente votación de investidura –allá por comienzos de octubre, ya digo– que facilite a su enemigo Rajoy seguir, durante un par de años como máximo, en La Moncloa: por ejemplo, potenciar esa comisión parlamentaria sobre la corrupción del PP ue tan malos ratos va a hacer pasar al hoy presidente en funciones; o ser presentado como el impulsor de un reformismo a fondo; o que los suyos le mantengan en la secretaría general como el mal inevitable. O sea, tacticismo puro y duro que está haciendo perder el tiempo a todo el país, con los consiguientes perjuicios nacionales e internacionales que ya sabemos. Un país, repito, conformista hasta que se le hinchan demasiado las narices, que es una hipótesis con la que no conviene jugar demasiado. Y lo de Sánchez o es locura o es juego. Casi prefiero lo segundo, aunque pierda. Sobre todo, si pierde.

Ni a Gila se le hubiese ocuurido lo de las elecciones el 25 de diciembre

Enviado por Fernando Jáuregui | 19/08/16

Lo que de verdad me alarma de la situación política –moral—en España es que se hable en serio de la posibilidad de que tengamos elecciones generales el 25 de diciembre, fun, fun, fun. Pues claro que no tendremos elecciones el día de Navidad, incluso porque sería materialmente imposible llenar las mesas…y las urnas. Una broma propia de una película de Berlanga, o de las charlas de Gila, ese gran humorista que, en su chispa surrealista, jamás hubiese podido imaginar una ‘guerra’ como la electoral que aquí nos tenemos planteada.

Que Rajoy es un figura ya lo sabemos todos. Le dije un día, a comienzos de agosto, que, por supuesto, se tendría que presentar a la investidura y que, por supuesto, la perdería, con lo que su discurso en ese acto parlamentario estaría más dirigido a los futuros electores, a la indignación de los españoles al verse sometidos al riesgo de unas nuevas elecciones, que a Sus Señorías empeñadas en el ‘no’. Negó la mayor: ni estaba seguro de ir a la investidura, y menos de ir para perderla, y menos de que fuese a haber terceras elecciones. Sin embargo, las dos primeras premisas se van a dar el día 30: se presenta y perderá, en las votaciones del 31 de agosto y el 2 de septiembre, la votación, porque el PSOE seguirá anclado en el ‘no, no y requeteno’.

En lo que estamos de acuerdo es en que no habrá terceras elecciones: queda mucho tiempo hasta que, el 31 de octubre, expire el plazo para disolver las cámaras legislativas y convocar esas elecciones que, cincuenta y cuatro días después, desembocan en ese 25 de diciembre de pavo, turrón y resaca de la noche de paz y amor (y de mensaje navideño del Rey) anterior. Y, entre el ‘no’ del 2 de septiembre y la muy probable abstención socialista en una nueva sesión de investidura, quizá allá por comienzos de octubre, van a pasar muchas cosas: que la UE nos va a urgir a cumplir, so pena de multa severísima; que los Presupuestos se van a prorrogar, con todo lo que ello implica (es lo menos importante, a mi juicio), que a Pedro Sánchez le van a presionar hasta lo indecible desde lugares insospechados… Y que, el 25 de septiembre, se celebran elecciones en Galicia, con un probable vencedor, que es el ‘popular’ Nuñez Feijoo (o no…que diría el genuino Rajoy), y en Euskadi, con un resultado más que incierto: de momento, no sabemos ni quién será el candidato independentista, hasta que la semana próxima el tribunal vasco dé el ‘sí’ o el ‘no’ a Otegi. Lo que sí sabemos es que, por sí solo, con Otegi o sin Otegi al frente de Bildu, el Partido Nacionalista Vasco no gana.

Pienso que es muy probable que, para gobernar, el PNV necesite el apoyo de ‘populares’ y socialistas vascos. Y allí puede instaurarse una moneda de cambio bien interesante. Urkullu es uno de los tipos políticamente más pragmáticos que conozco, y, en función de sus intereses, no haría ascos, una vez sabidos los resultados de las urnas, a un trueque de cromos. Lo veremos, en su caso y en su momento: ya no falta mucho.

Y luego están los socialistas. Acabarán absteniéndose, porque, hasta octubre, hay muchas oportunidades para que se reúna el comité federal y, en él, quienes ahora aplauden reticentes lo que consideran una insensatez, manifiesten, por fin, en público lo que dicen a sus íntimos: que Sánchez está conduciendo al PSOE a un desastre que puede provocar una escisión grave y de cierta magnitud en el partido. Y que no nieguen esto que afirmo aquellos miembros de la guardia ejecutiva pretoriana que aún apoyan graníticamente el ‘niet’, porque ya somos muchos los que hemos escuchado, de bocas responsables, cosas. Y qué cosas: si se las dijesen a Sánchez a la cara –lo que no hacen—temblaría el Misterio.

Y también, hasta octubre, hay oportunidades incluso de una consulta –honesta– a la militancia socialista, e incluso de convocar ese ya tan aplazado congreso federal que propiciaría la sustitución del secretario general, en su caso. Como Sánchez no es tonto, y supongo que lee lo que unánimemente dicen los medios de comunicación y atiende a las muchas llamadas que recibe aunque se esconda, sabe que tiene muchos pretextos para variar el rumbo, como ha hecho Albert Rivera, que sin duda ha ascendido varios escalones en el aprecio moral de los electores: la creación conjuntamente con Ciudadanos de esa comisión parlamentaria para debatir sobre las pasadas corrupciones en el PP puede ser una vía que conduzca a la abstención. Lo mismo que un ‘acuerdo de oposición’ entre socialistas y Ciudadanos para impulsar determinadas reformas que a la pereza de Rajoy, por sí sola, no le apetece afrontar. ¿No sería esto mucho más constructivo para España que un ‘no’ sin alternativas?

Y que no vengan ahora los socialistas ‘oficiales’ con pretextos de mal pagador, diciendo que Rajoy les tiende una trampa, presionándoles con la amenaza de unas elecciones el 25 de diciembre. Ya antes decía que el presidente en funciones es un ‘figura’, lleno de carencias –hay que ver la rueda de prensa que nos largó el pasado martes–; pero en estas olimpiadas políticas, en las que Rivera se lleva la medalla de plata, a Sánchez le saca varios cuerpos de ventaja; además, que nadie olvide que Rajoy ofreció públicamente al socialista negociar con él esa fecha de investidura, y recibió, parece, la callada por respuesta.

Así que no se queje el socialista, que en dos años al frente del PSOE ha acumulado muchos más errores que aciertos, contándose entre los segundos el haber sobrepasado y alejado de cualquier posibilidad de gobierno el fantasma del Podemos de Pablo Iglesias; esperemos que no haya una segunda intentona de formar aquel ‘Gobierno de progreso’, o como quieran llamarlo, semejante al estrepitosamente intentado, y fracasado, en medio de un cierto ridículo, entre los pasados meses de enero y marzo.

Ya le gané, en un programa de televisión, Canal 24 Horas, una apuesta pública a Miguel Gutiérrez, el eficaz delegado de Ciudadanos en Madrid, al jugarme con él un almuerzo a que Rivera cambiaría de posición en menos de un mes. Eso era el 3 de agosto: dos días después, la formación naranja se mostraba dispuesta a dar el ‘sí’ a la investidura de Rajoy a cambio de las condiciones que se conocen y que ahora han comenzado a negociarse en su letra pequeña. Era bastante fácil: a Rivera, que sabe dónde le aprieta el zapato, no le quedaba otro remedio. Ahora extiendo aquella apuesta: Sánchez cambiará el sentido de su voto, no ahora, pero sí acaso en octubre. Y, si no, se irá a hacer puñetas y, con él, todos, fun, fun, fun. Pero ya le digo: lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. O sea, ahora que hablamos de apuestas, apueste con seguridad a que el 25 de diciembre no tendrá usted, caso de que le quedasen ganas, que ir a las urnas.

Ahora, al PSOE solo le cabe modificar su postura: que busque los pretextos

Enviado por Fernando Jáuregui | 18/08/16

Tras haber escuchado las conferencias de prensa de Albert Rivera y Mariano Rajoy este jueves, horas antes de que firmasen su acuerdo de investidura este viernes, uno se queda con la esperanza de que, al fin, algo –algo—de luz de ve al final del larguísimo túnel que nos ha impuesto esta clase política nuestra. Rajoy, como todos esperábamos, aceptó las condiciones de Rivera, incluyendo esa dolorosa comisión de investigación de las corruptelas pasadas del PP, que, al menos, servirá al presidente en funciones para limpiar hasta el final su propio partido, contaminado por muchos años de poderío. Este viernes, pues, se firmará el primer pacto anticorrupción verdaderamente eficaz que se haya dado en una España muy tocada en el pasado por corruptelas varias, aunque preciso sea reconocer que la situación actual no es la pretérita. Y, a partir de ahí…

A partir de ahí, Rajoy, que, como no le quedaba otro remedio, se comprometió formalmente este jueves a ir a una sesión de investidura, tendrá que ganar esa votación para lograr seguir en la presidencia del Gobierno. Debilitado, sin duda, pero, al fin, ocupando la misma mesa en la que lleva cinco años sentado, ahora en funciones. Dígamelo, si no, usted, amable lector, que quizá, como yo, esté deseando ver las cosas con el cristal más favorable: pero, de las comparecencias ante la prensa este jueves de Rivera y Rajoy, deduzco que ambos tienen una razonable certeza en que la investidura saldrá adelante, aunque la suma de PP , C’s y Coalición Canaria se quede a falta de seis votos favorables, o de once abstenciones, para que Rajoy pueda anunciar, urbi et orbi, la composición de su ‘nuevo’ Gobierno, que dicen que ya tiene listo en su particular ‘cuaderno azul’: es natural, porque ha tenido muchos meses para pensar en la composición de su ‘nuevo’ Consejo de Ministeros…

Luego siguen siendo necesarios esos seis votos favorables –algo impensable, en estos momentos—o esas once abstenciones de diputados que ya sabemos que no podrían provenir, razonablemente, sino del Grupo Socialista. Teniendo en cuenta que el presidente de ese grupo, y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sigue invariable en su postura de votar ‘no, no y no’ a cuanto signifique un cheque para que Rajoy siga gobernando, ¿cómo piensan Rivera y Rajoy evitar esas terceras elecciones? Solamente un cambio de posición del PSOE podría arreglarlo.

Uno, entonces, se aferra a sus viejas tesis: el PSOE tendrá que cambiar, a corto o medio plazo, sus posiciones. Se tendrá que aferrar a razonamientos como que lo importante es llegar a un pacto sbre esa comisión sobre la corrupción del PP, aceptada por este partido y exigida por Ciudadanos. O a que Rajoy, como máximo, le quedan, según los acuerdos suscritos con C’s, tres años de vida política. O a que esta Legislatura será reformista, pero corta, abriéndose nuevas posibilidades dentro de veinticuatro meses. No sé muy bien qué es lo que alegará el PSOE en el último minuto, ni lo que negociará Sánchez para garantizase una mínima supervivencia. Pero sí sé que algo ha de pasar: es impensable que los socialistas mantengan sus posturas, llevándonos a unas terceras elecciones, apenas porque tienen la sensación de que, en unos comicios, mejorarían sus actuales resultados. Pagarán muy caro este empecinamiento, pienso.

Tras todo lo que ha ocurrido estos días entre Ciudadanos y el PP, al PSOE ya solamente le queda una bala en la recámara. Esperemos, por el bien de todos, que no la utilice para suicidarse. Y suicidarnos. Aún quedan cupos para la esperanza. Al menos, es lo que se desprende de lo que vimos este jueves en los rostros de Rajoy y Rivera. O lo que creímos, quisimos, adivinar.

Un calendario más procupante (aún) que el medallero olímpico

Enviado por Fernando Jáuregui | 16/08/16

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((¡Vaya! También Pedro Sánchez, que reúne a ‘su’ Ejecutiva, ha puesto fin a sus vacaciones itinerantes! Este miércoles va a ser un día presuntamente importante para el GD (Gran Desbloqueo. O no, que diría Rajoy…))

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Claro que nadie espera un acalorado debate en el Partido Popular cuando Mariano Rajoy pida este miércoles a su Ejecuitiva el ‘sí’ a las seis más una condiciones impuestas por Albert Rivera para que Ciudadanos vote a favor de la investidura de Rajoy. El problema no reside en un partido disciplinado, en el que, salvo disonancias de Aznar o Esperanza Aguirre, el debate no existe: la prueba es que apenas unos militantes de base, deseosos de publicidad, han solicitado notarialmente la celebración del congreso nacional del partido, que lleva ya un año y medio de retraso, violando los estatutos.

Claro que a uno le gustaría un poco más de democracia interna en el partido que comanda con toda comodidad Mariano Rajoy: elecciones primarias, juntas directivas nacionales abiertas…Pero tampoco es que en las demás formaciones nacionales primen ni una sorprendente transparencia ni un afán por conocer qié piensan sus propios votantes, y mire usted, si quiere, al PSOE, que está estos días dando un auténtico ejemplo de escapismo vacacional: ni se convoca al comité federal ni, menos aún, a la militancia para que vote sobre la trascendental cuestión que sobre la cabeza de los socialistas está, cual espada de Damocles, pendiente: si hay que repetir elecciones, que ‘caerían’ en fechas tan curiosas como el 25 de diciembre o el 1 de enero –no, eso no ocurrirá en modo alguno, pese al calendario endiablado que se abre en septiembre—el PSOE sería considerado responsable por mucha gente. Lo están escuchando, en voz baja, los pocos que tienen acceso a las confesiones íntimas de algunos ‘barones’ y de numeroos integrantes del ‘viejo testamento’ del partido. Hay disidencia clara contra Sánchez, que por eso no quiere ahora convocar al comité federal, aunque tendrá que acabar haciéndolo: saldría abrasado.
Así que ahora lo urgente es saber cómo va a gestionar Rajoy en persona la oferta de Ciudadanos y el ‘sí’ masivo en el órgano dirigente del PP. Porque esa oferta de Ciudadanos exige, además de las seis condiciones archisabidas, algunas ya bastnte incómodas para los ‘populares’, la convocatoria de una fecha para someterse a la investidura, naturalmente con Rajoy como candidato, al margen de que el PSOE ‘preste’ o no esos once escaños cuya abstención es imprescindible para que Rajoy pueda formar Gobierno.
Como no puedo resignarme al pesimismo de unas terceras elecciones, con todo lo que sabemos que implicarían, y, sobre todo, a la frustración de una oportunidad para que, desde el Parlamento, socialistas y Ciudadanos obliguen al impávido Rajoy a llevar a cabo esa etapa regeneracionista que necesitamos, sigo pensando que Sánchez tiene que encontrar el método de superar su terco, torpe, ‘no, no, qué parte de ese no no entiende’, etc.
Vamos a ver si esa comisión parlamentaria –solicitada por Cs y por el PSOE–sobre la corrupción pasada del PP, a la que le quedan temas y juicios pendientes, pudiera ser el nexo para que Sánchez ceda esos once diputados por la abstención: si esa comisión se forma, se llega a un entendimiento, podría proponer Sánchez a su ya muy enfadado Comité Federal, que está demostrando, de todas maneras, no ser muy operativo: algo tiene que cambiar muy profundamente en el PSOE, un partido tan necesario para España y cuyo liderazgo deja mucho que desear, y no hablo solamente de Sánchez.
Y entonces Rajoy, aun sin esas once abstenciones en la mano –menuda negociación a tres bandas, en busca del acuerdo ‘in extremis’ del PSOE, se avecina en las cuarenta y ocho horas entre la primera y la segunda votación de esa sesión parlamentaria–, tiene que fijar ya una fecha para esa investidura. Aunque, en el peor de los casos, no sea más que para que empiecen a contar las fechas para poder ir a unas eventuales terceras elecciones. No hay manera de averiguar, aunque algunos avancen fechas como los últimos días de agosto y los primeros de septiembre, qué es lo que Rajoy tiene en la cabeza en cuanto esas fechas endiabladas que componen el calendario político español, que está más mustio aún que el medallero olímpico. Menudo papelón estamos, están, haciendo. Y que no me hablen del piragüismo o del badminton
, que eso es como decir que el de Equo debería ser el presidente del Gobierno de este país desanimado.

A Rajoy se le acaba el trotar por la pedra y el auga: menuda le espera

Enviado por Fernando Jáuregui | 14/08/16

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((Menuda le espera a Rajoy desde este mismo lunes, cuando haya dejado de trotar por Ribadumia: el calendario más perverso se alía contra él. Y contra todos, por cierto))

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Dice Mariano el Previsible que anda ‘preparando papeles’ estos días en los que recorre, junto con su amigo el marido de la presidenta del Congreso, la ruta ‘da pedra e auga’ en Pontedeume, como hace todos los años. Este mismo lunes abandonará la ruta y también sus muy breves vacaciones. Menuda le espera: conoceremos entonces de qué van esos papeles con los que, ante la dirección del Partido Popular, ‘convencerá’ el miércoles a los suyos –¿hace falta?¿hay verdadero debate sobre el tema en el seno del PP?—de que es necesario aceptar las seis propuestas de Ciudadanos para lograr su ‘sí’ en una investidura que Rajoy quisiera ya a finales de agosto, aunque todos lo consideren altamente improbable. Apenas hay tiempo, en un calendario que se conjura para dificultar aún más las cosas: ‘cumbre’ de la OTAN, campañas gallega y vasca, Presupuestos, exigencias europeas… Pero investidura, aunque hoy parezca remota, habrála, como las meigas. Otra cosa es que los cantos de sirena dirigidos a una abstención de los socialistas en esa sesión parlamentaria logren atraer el lejano barco de Pedro Sánchez.

Dije a Rajoy, a comienzos de este mes de agosto, antes de que se lanzase a trotar por las pedras y el auga, que yo creía que se presentará a la sesión de investidura; que la perderá y que, entonces, convertirá esa sesión en el primer mítin dela campaña, dirigido más a los electores que a Sus Señorías en la Cámara, en busca del ´sí´en las urnas, ya que no lo consigue en el hemiciclo. Me respondió negándome la mayor: que no se podía afirmar con esa rotundidad que él vaya a presentarse a la investidura si no cuenta con la mayoría necesaria, y que él lo que quiere es evitar esas elecciones, no ganarlas.

Yo sigo creyendo, sin embargo, que lo hará, que se presentará a la sesión contando con el ‘sí’ comprometido (e incómodo, más por lo que los dirigentes naranjas dicen que por las seis famosas condiciones impuestas por Rivera) de Ciudadanos más el escaño de Coalición Canaria. Y sigo pensando que, si Pedro Sánchez no ha reflexionado un cambio de postura en estos días de apartamiento vaya usted a saber dónde, Rajoy perderá esa investidura. Y ganaría, junto con Ciudadanos, unas terceras elecciones casi por mayoría absoluta. Hasta aquí, nada demasiado nuevo.

Pero es posible que Sánchez esté reflexionando. No puede ser insensible a lo que le dicen de manera unánime los periódicos, las encuestas ‘de verdad’, algunos que le llaman del Ibex y de Europa, los del ‘viejo testamento’ del PSOE, Albert Rivera en sus ‘cartas abiertas’ desde los medios…y el propio Mariano Rajoy, que aseguran que mantiene un bastante fluido contacto telefónico con el aún líder socialista. ¿Por dónde discurre esa reflexión y cómo se daría un giro desde el actual ‘no, no y no’ a la abstención?. En primer lugar, sería un giro que permitiese una precaria investidura de Rajoy, que, desde ‘su’ Gobierno en solitario, sería rehén de su propia minoría en el Parlamento, desde donde se forzarían los cambios regeneracionistas, impulsados, como sugería este domingo Rivera, conjuntamente por Ciudadanos y socialistas, formando una especie de oposición ‘constructiva’, junta pero no revuelta.

Bueno, de momento ambas formaciones, PSOE y C’s, han solicitado la misma comisión parlamentaria de investigación de la pasada corrupción ‘popular’, de la que aún cuelgan, como en el caso de la financiación de la sede de Génova, algunos pegajosos flecos pendientes. Podría, si Sánchez se lanzase por una vía imaginativa, ser un principio de acuerdo para ir transitando por una Legislatura que sería corta, complicada y áspera, pero que al menos evitaría repetir las elecciones. No, no será fácil para Rajoy ir a la investidura de la mano de alguien que continuamente le recuerda que no es la persona más idónea para ejercer la gobernación del país, pero que qué remedio queda, a la vista de lo que han votado los españoles; tampoco será fácil para Sánchez, que tendrá que apearse del caballo del ‘no’, al que él mismo ha puesto al galope, convencer a su comité federal de que haga algo diferente a lo que machaconamente viene repitiendo y enfrentarse a un congreso federal de su partido del que ya veremos si sale vivo.

Y, por supuesto, la situación ya está siendo difícil para Rivera, que está teniendo que hacer algo que él mismo un día me negó severamente que fuese a ejercer nunca: de bisagra. Entre un PSOE al que considera falta de liderazgo –aunque jamás lo dirá—y un PP al que aspira a sustituir algún día –aunque lo reconocerá públicamente aún menos–. De momento, con la ratificación del ‘pacto parlamentario’ , que no de Gobierno, esta semana con el PP, Rivera habrá dado un paso más importante para su carrera a medio plazo que Rajoy para la suya a corto. Ahora, solo falta saber, y nadie, quizá ni él mismo, lo sabe, es cuál será el paso de Pedro Sánchez hacia un avance de su carrera, que es nuestra carrera…O hacia el batacazo, que es, claro está, nuestro batacazo. Aquí no hay ni medallas de plata y bronce ni menciones honoríficas: es el oro dd la renuncia o el foso de los leones del ‘sostenella y no enmendalla’.