Lo de Mas es de locos

Enviado por Fernando Jáuregui | 17/10/14



Lo de Mas es de locos

Enviado por Fernando Jáuregui | 16/10/14

Esto de Artur Mas es ya de locos.. Esa consulta no llega ni a encuesta con un mínimo valor demoscópico. ¿Cuánto dinero malgastará la Generalitat en esa charlotada? . Y conste que a Rajoy se le puede acusar de muchas cosas. Pero el desgobierno que le critica Pedro Sánchez ya no abarca a las insanias del molt honorable, que está para que le encierren. En cuarenta años de mirón político no había visto cosa semejante.

Cuando un Gobierno decide (o no) tomar la iniciativa…

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/10/14


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(la vicepresidenta, figura sin duda de valía, ¿va para alcaldesa?¿para primera ministra cuando se produzcan, si se producen, acontecimientos?¿saldrá con bien –espero que sí– de la prueba de la lucha contra el ébola? Atención a los próximos días)
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Da la impresión de que el Gobierno reconoce implícitamente que ofrece la sensación de haber perdido el control en temas importantes, y no solamente en la gestión de la crisis del ébola. Ha decidido impulsar la imagen de que pasa a la ofensiva. La creación de un comité especial de seguimiento para prevenir la extensión de cualquier contagio de ébola, presidida nada menos que por Soraya Sáenz de Santamaría, ha sido un primer aldabonazo. Como la presencia, con cuatro días de retraso, de Mariano Rayoy en el alterado hospital Carlos III, ha sido una segunda llamada de atención. Aseguran fuentes gubernamentales que probablemente, pese a la alergia de Rajoy a los cambios en su elenco ministerial, se producirá un ‘segundo cambio’, incluso a corto plazo, en el Ejecutivo, tras el aún reciente abandono del titular de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Es decir, que la titular de Sanidad, Ana Mato, que está en horas bajas, incluso anímicamente, dimitirá o será elegantemente cesada.

Claro que la ofensiva gubernamental va más allá del Carlos III o del feo edificio que alberga al Ministerio de Sanidad en las cercanías del Congreso de los Diputados y en el que Mato pasea su desconcierto. “No queremos que parezca que el país entero se paraliza porque se haya dado un caso, todo lo lamentable que se quiera, de una enfermera contagiada de ébola”, me dijo este viernes un alto cargo gubernamental, que no ahorró críticas a la gestión ‘de comunicación’, solo de comunicación, advirtió, de la tragedia que afecta a Teresa Romero. Por ello, es previsible que el Gobierno dé un impulso a otros aspectos de la gestión del país, desde la consulta catalana hasta la pretensión de celebrar un referéndum sobre prospecciones petrolíferas que alienta el Gobierno canario que preside el cada vez más ‘nacionalista’ Paulino Rivero.

Mariano Rajoy ha querido que el control del principal problema, al menos mediático, que afecta ahora al país pase a buenas manos: a las de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, la ‘número dos’ que se va convirtiendo, además de en una bastante eficaz portavoz gubernamental en un Gobierno en el que abundan los silencios, en un parche para casi –casi—todas las heridas. Es ella la que viaja a Cataluña para dar la imagen de que existe una presencia del Estado, ella la que ataja rumores, ella la que se desmarca de algunas acciones que proceden del partido, el PP, con cuya secretaria general es obvio que no mantiene una buena sintonía, por decir lo menos. Así, fue notable la frialdad con la que la ‘número dos’ del Ejecutivo trató el relevo en la presidencia de RTVE, que desde la Moncloa insisten, distanciándose, en que “es cosa de Génova”.

Me parece posible que este domingo, cuando se producen los fastos de la fiesta nacional, tengamos nuevos indicios de por dónde van los pasos futuros del Gobierno que preside, desde la extrema discreción, Mariano Rajoy. La recepción posterior al desfile congregará en torno al Rey Felipe VI a todo el poder político, jurídico, militar y mediático del país cuando faltan poco más de tres semanas para la teórica celebración de la consulta secesionista convocada por Artur Mas para el 9 de noviembre. ¿Qué se puede hacer en tres semanas para evitar el choque de trenes? Esa va a ser la gran pregunta en los pasillos del Palacio de Oriente, una pregunta a la que, en los corrillos inevitables, Mariano Rajoy y la propia Soraya Sáenz de Santamaría tendrán, seguramente, que responder, aunque no estoy seguro de que tengan las respuestas preparadas. De momento, es cierto que la consulta da la impresión de irse diluyendo, más por la incapacidad ‘técnica’ del equipo de la Generalitat que por las acciones que se emprenden desde el Ejecutivo central, empeñado en mantener una actitud de exquisita (y, a mi juicio peligrosa) distancia del mayor problema político planteado ahora en España.

Crece la impresión, no obstante, de que sí hay acciones emprendidas desde La Moncloa y otros centros oficiales u oficiosos para atajar la sensación de descontrol en muy diversos ámbitos, desde Cataluña hasta la corrupción. Resulta impensable que no se estén dando contactos acelerados entre el Gobierno central y la Generalitat catalana para, de alguna manera, amortiguar el golpe del 9-n, que será, sin duda, mucho mayor para Artur Mas que para Rajoy, para no hablar ya de la ciudadanía en Cataluña o/y la del resto de España, embarcadas en los vagones tras una u otra locomotora.

Como, en muy otro orden de cosas, resulta imposible no ver alguna ‘mano oculta’ oficial, u oficiosa, en la filtración de datos exhaustivos que afectan a los usuarios –sobre todo, los que tenían alguna representación política o institucional– de las ya internacionalmente famosas ‘tarjetas B’ de Caja Madrid: el linchamiento, no digo yo que no merecido, está siendo espectacular. Y no me atrevería yo a decir que no sea con la complacencia de un Gobierno que sin duda está manteniendo una actividad en la oscuridad mucho mayor de la que traslucen sus comunicados y pasos a la luz. Afortunadamente, supongo. O no, que diría Rajoy…

La crónica que me gustaría escribir este domingo: ahí queda la utopía

Enviado por Fernando Jáuregui | 05/10/14

Hubiese dado algo, mucho, por haber podido escribir, con visos de realidad, esta crónica que he enviado, como Carta a la Utopía, a la agencia Off the Record:

“El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tras reunirse con el Rey y con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ante la grave situación política que vive el país, ha convocado al president de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, a La Moncloa. Con el objetivo, manifiestan fuentes de Presidencia, de “llegar a una solución política” en el conflicto abierto por la convocatoria unilateral de una consulta sobre la independencia de Cataluña, que tendría lugar el próximo 9 de noviembre, dentro de poco más de un mes, aunque haya sido desautorizada por el Tribunal Constitucional. Mas ha respondido afirmativamente a la convocatoria de Rajoy, que se concretará muy probablemente en un encuentro esta misma semana.

Aunque el presidente del Gobierno central ha insistido en que la vulneración de la legalidad es imposible, las fuentes consultadas reconocen que hay ‘vías paralelas’ y ‘secundarias’ para, sin desviarse de la ley, tratar de llegar a un acuerdo que salve las posiciones, que en ámbitos nacionalistas catalanes reconocen que empiezan a ser desesperadas, de Mas y de Convergencia Democrática de Catalunya. El ‘plan Rajoy’ pasa, obviamente, por la decisión que tome el Tribunal Constitucional, que, al aceptar el recurso del Ejecutivo, ha paralizado los preparativos de la consulta por parte de la Generalitat. Donde, a título anecdótico, hay que subrayar que algunas fuentes admiten el ‘relativo fracaso’ de la convocatoria de la Asamblea Nacional catalana en la campaña ‘puerta a puerta’ por la independencia llevada a cabo este fin de semana, con la presencia de algunos ‘famosos’ como la periodista de programas televisivos Karmele Marchante.

El Alto Tribunal considerará separadamente la pregunta que sería sometida al referéndum ilegal del 9-n, el decreto de convocatoria de esta consulta y la propia ley de consultas aprobada por el Parlament catalán, una ley que podría llegar a ser constitucionalmente admitida en el futuro próximo si se somete a algunas modificaciones, como evitar alusiones directas al término ‘independencia’. Este paso podría llevar a alguna reforma constitucional de escaso peso, que ya estaría siendo abordada en conversaciones informales entre Rajoy y Pedro Sánchez. El desbloqueo de esta ‘reforma constitucional’, de menor calado que la ‘federalista’ genéricamente propuesta por el PSOE, constituiría un primer paso ‘de gigante’ en el encuentro entre Rajoy y Mas de esta semana, ya que serviría para que el president de la Generalitat se presentase en Barcelona con un logro importante –acompañado del ‘sí’ a buena parte de las 23 propuestas presentadas el pasado mes de julio en La Moncloa–. Y serviría también para que Rajoy, sometido a un fuerte castigo en las encuestas de este domingo, se presentase ante el electorado como un estadista capaz de acabar con un bloqueo político que, hasta ahora, se viene considerando muy peligroso. Casi un previsible choque de trenes, en cuyos vagones viajamos todos.

Medios cercanos al Tribunal Constitucional indicaron que el desbloqueo de la reforma de la Carta Magna “no supone un excesivo problema”, al no necesitarse siquiera la ‘reforma agravada’, que supondría la disolución de las cámaras, un referéndum y una nueva convocatoria de elecciones. Lo cual, para abordar otros supuestos de reforma también considerados necesarios, como la estructura y funciones del Senado o la sucesión al Trono, tampoco sería excesivamente complicado, dado que, de cualquier forma, dentro de poco más de un año concluye necesariamente la Legislatura, y podría aprovecharse la disolución de las Cortes para convocar el preceptivo referéndum de reforma constitucional, una vez pactada esta entre las fuerzas políticas. Un pacto al que se unirían, sugieren sus máximos responsables, formaciones como Izquierda Unida, UPyD, Ciudadanos e incluso ‘Podemos’, cuyos seguidores, por cierto, se han mostrado, en las últimas encuestas, fuertemente reticentes a la independencia de Cataluña.

En el caso, considerado por todos los portavoces como probable, de que se llegase a un acuerdo esta misma semana o, como máximo, a comienzos de la próxima, La Moncloa ha escenificado ya la presentación del mismo: Rajoy, Sánchez y Artur Mas saldrían a la puerta del palacio presidencial para dar cuenta conjunta del nuevo ‘pacto’, que tendría connotaciones similares al nunca del todo oficialmente suscrito entre Tarradellas y Adolfo Suárez o el tácito entre Jordi Pujol y todos sus sucesivos interlocutores monclovitas, entre ellos el José María Aznar de su primera Legislatura, cuando se llegó al denominado ‘pacto del Majestic’. El acuerdo sería saludado, no sin alivio, como ‘positivo’ por el lehendakari Iñigo Urkullu, según aventuran medios cercanos a Ajuria Enea.

Naturalmente, Esquerra Republicana de Catalunya expresó su radical oposición ante cualquier expectativa de acuerdo en el sentido que anticipamos. Una fuente de Unió Democrática de Catalunya, el partido liderado por Josep Antoni Duran i Lleida, y que, ante las posibilidades de auge de una ‘tercera vía’ para resolver el llamado ‘problema catalán’, ha suspendido sus proyectos de ruptura de su coalición con Convergencia, subrayó que “en estos momentos, todo lo que le parezca mal a Esquerra, es bueno para el futuro de Cataluña” y recordó que ERC ha sido la principal, ya que no la única, culpable “de todos los males históricos que han padecido los catalanes en un siglo””.

Usted, amigo lector, sabe cuánto me gustaría escribir hoy, ahora, esta crónica, o una similar a esta, en términos reales. Pero hoy, ante esta semana que comienza, solo nos queda, a usted y a mí, soñar y quién sabe si instalarnos en la utopía, de la que casi –casi– siempre uno se despierta dándose de bruces con la cruda realidad. Yo, por si acaso, inveterado y acaso sin remedio optimista, dejo estas líneas escritas, por si algún día tengo que rescatarlas ‘de verdad’ en todo o en parte, Dios lo quisiera.

Ay Carmele, Ay Carmele

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/10/14

Me dicen que, aunque se suspenda formalmente la campaña electoral catalana de cara a lo que iba a ser el referéndum del 9 de noviembre, siguen haciéndose otras cosas, porque quién sabe dónde termina una campaña y dónde comienzan esas otras cosas, a las que, por ejemplo, podríamos llamar ‘recorrido’. Lo digo porque me aseguran que, a partir de este fin de semana, lo que sí se hará es ir ‘puerta a puerta’ por los pueblos y ciudades catalanes, explicando a los vecinos las ventajas de ser independiente de España. Y me cuentan que una de las personas que se han declarado voluntarias para este menester es la muy conocida periodista Karmele Marchante, a quien parece que le ha dado un ataque de independentismo, a lo está en todo su derecho. Como lo tiene, me parece a mí, para golpear puertas con los nudillos o a llamar a timbres desconocidos, como si vendiese enciclopedias o prédicas mormonas.

Parece –yo no lo he visto, pero conste que no abomino de programa televiso alguno: si existe la ‘telebasura’ es porque alguien la consume—que, en el espacio de la pequeña pantalla donde se desempeña doña Karmele, hubo un vivo debate, no sé si de altura, entre algunos de los personajes que allí ejercen de tertulianos, como Don Kiko Matamoros o doña Belén Esteban, y la mentada señora Marchante, debate en el que abundaron calificativos como ‘fachas’ dedicados a quienes, contra lo que doña Karmele predica, abominan de la independencia de Cataluña. ¿Son, somos, ‘fachas’ quienes pensamos que mejor será para los catalanes, para el resto de los españoles y para todos los europeos, dejarse de locas aventuras independentistas?

Hace algunos meses que no viajo a Cataluña –ahora, lo políticamente correcto sería decir que me encanta Cataluña, lo que es la pura verdad–, pero me dicen que el clima se ha adensado no poco. Amigos de hace tiempo me aseguran que ya no hablan ‘del tema’ –no hay otro—ni siquiera con familiares cercanos, no digamos ya con los vecinos, deudos, comilitones, transeúntes o encuestadores. En los medios públicos catalanes acabó la controversia, porque todo se inclina hacia el mismo lado. No me extraña, por tanto, que en sitios donde la ‘bronca’ es paraje obligado para atraer audiencia, tener una tertuliana que se proclame abiertamente ‘indepe’, en lo que no deja de tener valor, provoque animada controversia, por decir lo menos de lo menos, porque parece que controversia sí hubo y animación, incluso acalorada, no poca.

Se me ocurrió escribir la noticia de mi compañera Karmele en un tweet, porque su recorrido puerta-a-puerta por la independencia me pareció noticioso. Madre mía la que se armó: hubo quien, con notoria exageración, dijo incluso que hasta preferiría la visita de Marta Ferrusola. Entre otras gracietas cañís. Ya se sabe: las cosas de twitter…

Pero me temo que todo este ‘affaire’ de la tentación secesionista de la Generalitat, que hoy tanto nos angustia, acabará con una inmensa risotada en la que alguien habrá dado el campanazo sin haber podido hacer la campañaza soñada; ese alguien, a más a más, habrá hecho el ridículo e iniciará, o acelerará, su particular hundimiento político. Conste que espero que ocurra algo de esto, porque no sería lo peor que podría pasar, desde luego. Lo peor es lo que pueda suceder tras las risas, el ridículo y el hundimiento, que serían la parte ‘light’ del relato. No quiero ni volver la cabeza en busca de la Historia, que es eso que debe aprenderse para no repetir jamás sus partes negativas. Lástima que el hombre sea el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, que hace que los pasajes trágicos sean un ‘deja vu’ y que llama dos voces a la misma puerta en la que no le responden, ay Karmele, ay Karmele.

Adiós, Gallardón, adiós

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/09/14



Gallardón tenía que marcharse

Enviado por Fernando Jáuregui | 23/09/14

Tenía que dimitir. Pero ¿a quién voy a criticar yo ahora? http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/462857

A Rajoy todo esto le suena a chino

Enviado por Fernando Jáuregui | 20/09/14


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(he elegido una imagen ‘graciosa’, entre las que he encontrado, pero la cosa no tiene ni pizca de gracia: es muy seria)
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El ‘no’ al independentismo en Escocia se conoció el mismo día en el que el Parlament catalán aprobaba la ley de consultas con la que Artur Mas pretende celebrar ‘legalmente’ su propio referéndum el día 9 de noviembre. Ajeno a los ecos, unánimemente favorables, que el rechazo a la independencia de Escocia ha cosechado en el mundo entero, el president de la Generalitat mantiene su rumbo hacia algo que incluso sus asociados de Unió admiten que es bastante similar a un suicidio político. Así que lo importante ahora es dilucidar los efectos del terremoto generado por el voto escocés en la ‘otra parte’ del conflicto catalán, es decir, en Madrid. Y todo indica que, aunque de modo prudente y hasta timorato, el Gobierno de Mariano Rajoy está dispuesto a dar algunos tímidos pasos. Sobre todo, porque ya son bastantes las voces que en la UE empiezan a señalar sus paralelismos (y sus obvias diferencias) con el ‘premier’ británico, Cameron.

Lo menos que puede decirse del rumbo político del Gobierno español en las últimas semanas es que parece algo errático: marcha atrás en la reforma del aborto –dejando abierta la puerta de la dimisión al titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón–, marcha atrás en los planes de reforma de la normativa electoral para que el alcalde sea directamente el más votado. Muchos primeros ministros salieron el viernes a la palestra para explicar sus reacciones ante un acontecimiento político de primer orden a escala europea, como el referéndum escocés. Mariano Rajoy se conformó, como suele, con el vídeo. Plasma en lugar de afrontar las preguntas, que tanto parecen aburrirle, de los periodistas. Nada de dar la cara.

Me encuentro entre quienes piensan que David Cameron ha hecho una buena labor: algunos le critican haber permitido el referéndum. Yo discrepo: no había legalidad en contra y él creía que un debate convenientemente conducido podría, junto con la tozuda realidad de los intereses –bancos que amenazan con cambiar de sede, empresarios que amenazan con cortar inversiones, las presiones de la propia UE–, llevar a la derrota del ‘si’. Incluso, dicen que se barajó en el 10 de Downing Street, por más de diez puntos, como así fue. Pero donde Cameron ha dado muestras de grandeza política ha sido en el momento de las reacciones tras el veredicto de las urnas, que daba la razón a las tesis unionistas: fue generoso con el derrotado y consecuente con la hora de cumplir sus promesas de más autonomía para Escocia. Y dijo, y esto es lo que más me interesó, que se ha abierto una “oportunidad” para que los ciudadanos sean gobernados de otra manera.

¿Han entendido Rajoy, Pedro Sánchez y demás componentes de la ‘clase política’ (yo nunca la llamaré, pese a que a veces estoy tentado, ‘casta’) el mensaje? De momento, no hemos escuchado del secretario general del PSOE una explicación convincente al hecho de que los socialistas catalanes votasen el viernes ‘sí’ en el Parlament catalán a la ley de Consultas, que, como dijo el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, abre la puerta a los intentos secesionistas, cosa que todos saben menos, al parecer, los dirigentes del PSC, comenzando por Miquel Iceta. Espero que comprenda Sánchez que no basta con arriesgados –y por otra parte bien diseñados—gestos mediáticos para convencer al cada día más exigente, más confundido, más enfadado, electorado español.

En cuanto al PP, sus dirigentes han recibido instrucciones, parece evidente, para tratar con exquisita prudencia el ‘tema escocés’, o sea, dejémonos de disquisiciones, el ‘tema catalán’. Pero son bastantes las voces que critican el ‘dolce far niente’ de Rajoy, que previsiblemente va a afrontar la convocatoria del referéndum y el consiguiente recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional…en China. Visita importante, sin duda, y fijada con mucha antelación, pero altamente inoportuna en estos momentos en los que conviene saber qué tiene que decir el jefe del Ejecutivo, el hombre que más poder tiene en España para hacer y deshacer, pactar o no pactar, conversar o no conversar, ceder algo o tirar de las riendas en todo. Estoy deseando escuchar a Rajoy decir un día, aunque sea ante los enviados especiales a China, como Cameron a los británicos, que se abre una oportunidad para gobernar a los ciudadanos españoles de otro modo, no a base de aburrirlos con falta de participación y parsimonia máximas. ¿Cómo se dirá eso en chino mandarín? Porque a veces parece que el clamor en busca de otras formas de incorporar a los ciudadanos a la tarea política, a Rajoy –y a tantos otros—les suena a chino.

Puede que el próximo Consejo de Ministros extraordinario, para estudiar las reacciones a la convocatoria formal, ley de Consultas en mano, del referéndum, tenga un carácter deliberante además de ejecutivo. Y eso, aunque Rajoy acuda a la reunión con la maleta lista para irse a Pekín. El mundo entero está ahora, tras el adiós de Salmond, pendiente de lo que ocurra entre Madrid y Barcelona. Nos jugamos esta semana algo más que la ‘marca España’.

Y claro que la victoria tiene un precio. Que se lo digan a David Cameron. Pero la derrota tiene un precio mayor aún. Y, más que ambas, el caos. Y puede que, aún más que eso, tiene un alto coste el ‘laissez faire, laissez passer”, actitud que en política acaba siempre, siempre, pagándose.

Paisaje tras la Diada: 1734+300

Enviado por Fernando Jáuregui | 11/09/14

1714+300

Todos estaban descolocados: los convergentes –por supuesto, Unió–, los socialistas, los de la Societat Civil Catalana, los de ‘Libres e Iguales’ en su acto de Madrid…Especialmente descolocados, claro, los grupúsculos de ‘ultras’, presuntamente violentos, que flaco favor prestan a la causa que dicen defender. Todos pululaban, se manifestaban, gritaban sus eslóganes y consignas. Parecían, algunos de los citados, estar juntos, otros enfrentados. Pero no: estaban alejados, muy alejados los unos de los otros. Se diría que solamente Esquerra Republicana de Catalunya y otras organizaciones que sustentan a ERC sabían exactamente lo que querían: violar la legalidad y forzar un proceso independentista a partir de la consulta del 9 de noviembre.

Paradójicamente, no ha sido este 11-s un buen día ni para la concordia nacional ni para el avance político en Cataluña. Hay, sí, una parte de la sociedad civil en la calle: mayoritariamente, se manifiestan por la independencia, digámoslo claramente. Minoritariamente, en contra. Hay muchos catalanes, dentro y fuera de Cataluña, que sin duda tienen algo que decir con su silencio, con su ausencia de los actos multitudinarios, vociferantes. ¿Es imprescindible consultarlos para saber si quieren dar el salto a la independencia? Eso es lo que han tratado de escenificar los organizadores de los actos de la Diada y, desde las bambalinas, la Generalitat de Catalunya. Se ha creado una necesidad artificial y ahora hay que responder a eso.

Pensamos que bien podría haberse arbitrado alguna fórmula de consulta –no vinculante—que respetase la legalidad constitucional. Incluso modificando la realidad de la Constitución donde proceda. Ahora es demasiado tarde: la tensión y las tensiones han llegado a unos niveles peligrosos. Seguramente, Rajoy se equivocó diciendo un ‘no’ tajante a las pretensiones económicas con las que Artur Mas le abordó hace dos ‘diadas’. Algo había de haber negociado. Sobre los errores de Mas mejor no entrar, por las limitaciones de espacio de este editorial: es un suicida político, que sabe que de esto no va a sacar sino la salida por la puerta falsa. Parece, increíblemente, que no le importa, ni eso, ni poner en riesgo la estabilidad y el bienestar de millones de catalanes que, sabiendo los peligros de la vía diseñada, se han lanzado ciegamente tras un líder que ni siquiera es demasiado carismático.

Así las cosas, más vale que ambas partes, el Gobierno central y la Generalitat, empiecen a hablar tras esta Diada que no demuestra nada más que lo que ya estaba demostrado: hay al menos medio millón –bien, pongamos un millón—de catalanes dispuestos a salir a la calle portando una camiseta amarilla o roja para pedir una consulta que, decíamos, bien podría haberse organizado desde el Estado, es decir, en este caso desde el Gobierno central y la Generalitat de consuno. Pero no se ha hechoo y ahora hay que dar una respuesta alejada de todo enfrentamiento, de toda provocación, de todo riesgo de futuros disturbios, a ese medio millón –bien, pongamos un millón—de catalanes que han salido a hacer la ‘V’ en las calles de Barcelona. No queda mucho tiempo: ese funesto 9 de noviembre, que nadie, con la mano en el corazón, quiere que llegue, está ahí, a siete semanas de distancia. Si diez días cambiaron, según la obra de Reed, el mundo, siete semanas bien pueden cambiar el que puede ser trágico sesgo de los acontecimientos en Cataluña.

Han pasado trescientos años desde aquel 1714 que conmemora algo sobre lo que ni siquiera los historiadores se ponen de acuerdo. Hora es de cerrar tan vieja herida.

Cinco afiliados por minuto es mucho afiliado

Enviado por Fernando Jáuregui | 09/08/14

Un poco de aburrimiento político; es lo que nuevamente nos deparó Rajoy al dar su versión tras el encuentro con el Rey en Marivent. Veintitantos minutos de referencia monocorde. Asegura que no hablaron de Cataluña, sino de política internacional, sobre el ébola…Bien está hablar de Gaza, de Irak, de Ucrania, de Putin y de Obama. Pero ¿y las cosas de casa? Falta, hoy, un mes y dos días para la Diada. ¿No hace eso pensar a nadie? Claro, por algo será que se afilien cinco personas por minuto a ‘Podemos’, si es que esos datos son ciertos: son afiliaciones nacidas del aburrimiento ante la atonía. No, yo, desde luego, no me voy a afiliar. Ni les gusto ni me gustan, aunque yo les comprendo y temo que ellos a mí, no.
Dejo aquí constancia de algunas de las cosas que he ido publicando esta semana, ‘for the record’:

Siete días trepidantes

Rajoy esquiva los titulares

Fernando Jáuregui

Debo confesarlo: los resultados del encuentro en Marivent entre el Rey Felipe VI y el presidente del Gobierno me han decepcionado. O, para ser exactos, me ha decepcionado la descripción que Mariano Rajoy ha hecho sobre una audiencia celebrada en momentos de bastante inestabilidad en la política internacional y de justificados temores sobre el equilibrio de la política nacional. Sin embargo, según Rajoy sí se habló del estado de cosas en Gaza, en Irak o en Ucrania, y, claro, sobre el ébola, y nada sobre Cataluña. Con todo y con eso, Rajoy echó un poco más de agua para prevenir cualquier incendio en los titulares de los medios y mantuvo su rumbo de negativas: no habrá referéndum nacional sobre Cataluña (y estoy muy de acuerdo con que, a estas alturas, diga eso) y no habrá reforma de la financiación autonómica (y, modestamente, estoy en profundo desacuerdo con esa ‘calma chicha’ presidencial en materia de reformas de calado).

Así que la primera reunión entre Felipe VI y su primer ministro ha pasado casi sin pena ni gloria por las portadas, y no por culpa del primero, desde luego, de quien se esperaba el silencio habitual cuando de cuestiones políticas se trata. No es que me parezca del positivo este silencio ante las cuestiones más candentes por parte de quien es, ahora, el principal activo político en España: nadie discute sus cualidades, como nadie discute ese ‘doble papel’ de los dos reyes con los que afortunadamente cuenta ahora el país: uno, en Marivent, a cumplir las tradiciones. El otro, a la toma de posesión de un presidente ‘hermano’, como es el colombiano, que, por cierto, rindió honores especiales a Juan Carlos I.

Por ese lado institucional, las cosas van bastante bien, me parece. Desde el prisma económico, la euforia gubernamental se mantiene, y sus razones parece haber para pensar que, con todos los riesgos aún pendiendo sobre nuestras cabezas, hemos salido del agujero en el que nos encontrábamos en agosto hace tres, dos y hasta un año. Pero, y será torpeza mía, veo pocos avances en eso que se llama política doméstica. Entendería ese ‘dolce far niente’ de Rajoy en estas vacaciones si no existiese ese reto, tan absurdo, planteado por Mas, agobiado ahora, por si tuviera poco en qué pensar, por las desafecciones de Esquerra en lo tocante a qué hacer con Jordi Pujol (si el ex president cree que agosto es el olvido, que aguarde al chaparrón de septiembre, con o sin Diada).

Pero ocurre que el reto existe, aunque tengo para mí que el presidente del Gobierno central está, en su fuero interno, esperanzado en una evolución, favorable por supuesto, de las cosas en Cataluña: sospecho, espero y confío en que se está dando una activa ‘diplomacia telefónica’ en estos días agosteños, en los que Rajoy se reparte entre Doñana y su querida Ribadumia, donde pronto le veremos trotar con su amigo Benito, el simpático marido de la ministra Ana Pastor.

Pero todo, este verano, está mudando, aunque parezca estar tranquilo. Ignoro si Rajoy está preparando la ‘ofensiva del regreso’, si se comunica o no con Artur Mas y/o con Pedro Sánchez, como ignoro el verdadero alcance de lo tratado este viernes con Felipe VI. Sólo sé que el desencanto sigue creciendo, que ‘Podemos’ cosecha cinco afiliados por minuto –son afiliaciones del descontento y de la desesperación al ver que aquí nadie hace nada para mover banquillos—y que, en Cataluña, muchas cosas están girando, aunque resulte imposible saber si lo hacen a derecha o izquierda, hacia la cuatribarrada o la estelada. Pero dejar que sea la inercia, así, sin ayudas, la que marque el ritmo allí es ahora muy peligroso. Por eso digo que me decepcionó el resultado de la ‘cumbre’ veraniega de Marivent, tras la que Rajoy, como siempre, se esforzó en mantener su política: no dar un solo titular en sus menos de treinta minutos de comparecencia ante los medios, un tiempo en el que, si los cálculos y las afirmaciones de los interesados son ciertos, la formación que lidera Pablo Iglesias, preparando lo que la ‘casta’ de antes llamaba ‘la rentrèe’, cosechó ciento veinticinco nuevos militantes. Gente que, además, está aburrida, señor Rajoy, del habitual discurso oficial, que no tiene por qué ser necesariamente el que se nos administra.

fjauregui@diariocritico.com
Y esto sobre Cataluña-Escocia

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/460786

Y esto sobre el encuentro de Marivent y el papel del Rey:

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-jauregui/460747

Y esto sobre el fenómeno ‘del año’, ‘Podemos’:

http://www.diariocritico.com/opinion-analisis/fernando-alonso/fernando-jauregui/460656