Reflexiones críticas

Rajoy, el Rey Salomón

Rajoy, el Rey Salomón

En la era socialista la comidilla ‘popular’ (o populista, en cualquier caso) consistía en vender la idea de que con Zapatero, España era un hazme-reír diplomática en todo el mundo. Que se reían de nosotros en todos los grandes actos internacionales. Aún espero que alguien en el PP diga lo mismo por la humillación a nuestro país con la presentación de Rajoy como “primer ministro de las Islas Salomón” en la cumbre del clima en Brasil.

Otra mentira destripada.

Y lo de Aguirre… ¿qué me dicen? A mí me recuerda al famoso anuncio del juego del Scattergories. El Scattergories es mío y me llevo, decía el actor del spot, porque no le dejaban ganar con sus trampas y prefería irse con el juego a otra parte. Lo mismo ha hecho doña Esperancita con su arranque absolutista y anti-democrático sobre el Tribunal Constitucional y su fallo sobre Sortu. A mí tampoco me gusta ese fallo sobre los abertzales, pero si tiramos este Tribunal, para eso tiramos toda la vetusta Constitución de 1978. Que bien nos valdría, empezando por la absurda monarquía. Pero que una presidenta regional, que quiso aspirar, no olvidemos, a algo más grande en política nacional, diga algo así, es muy grave. Quiere enterrar el Constitucional porque no le ha gustado su fallo, y cree que lo gobiernan los sociatas-progres. Suele pasar, como ahora los conservadores-peperos mandan en otros órganos judiciales.

¿No vendría mejor abrir el debate sobre que dejemos de politizar la Justicia? Pero para ello, siendo objetivos y ecuánimes. Porque… ¿olvida Aguirre que nadie se quejó cuando este mismo Tribunal Constitucional tiró las partes más polémicas del Estatut catalán que recurrió su partido? Ahí no la vi yo con tantas ganas de fastidiar.

Entre Aguirre, Gil y Gil y políticos bananeros como Chávez no hay tanta diferencia. Políticos populistas que se mueven con arte y desparpajo entre sus bases y sus votantes, pero que son una completa decepción para nuestro nivel político como nación.

Y de cortinas de humo, ¿qué? Los españoles ya somos suficientemente inteligentes y experimentados para saber que casi todos los políticos son iguales, en el sentido de que cuando gobiernan hacen x, cuando están en oposición hacen y, que suele ser la queja de la x, y luego cuando uno pasa a la oposición y el otro gobierna, se intercambian las letras x e y. Pero vamos, que sabemos de qué hablamos: cuando Zapatero y su gobierno tenía que distraer la atención, se hablaba de gays y de leyes de aborto. El PP prefiere cargar contra Gibraltar y otras chorradas. La Eurocopa le ha venido genial a Rajoy. Si ganamos, que es más que factible, ya tiene este Gobierno del PP historia patriótica para rato, que no para Rodrigo Rato.

Me encontré esta mañana a primera hora algunas referencias de escándalo en la prensa por la anécdota acontecida ayer martes en el Senado, cuando un senador del PSOE, Iban García, de León, se acercó al presidente Rajoy y le intentó entregar un casco de minero, un sector en pie de guerra.

Primera reacción de vergüenza, la de los escoltas, que saltaron como si fuera un perroflauta del 15-M para proteger a su jefe, cuando estaban frente a un senador, elegido por el voto popular, un legítimo representante de los ciudadanos. Actuaron así porque creyeron que el presidente ‘corría peligro‘.

Segunda reacción de vergüenza, la de algunos medios. Hoy decía ‘ABC’ en su portada (junto a estas líneas), que abría con la foto de la escena, que era “una provocación a Rajoy”.

¿Dónde ven la provocación algunos? ¿Por qué se ve como tal un regalo de un casco minero y se ofenden tanto pero no se ofenden igualmente ante otros regalos igual de maravillosos de los amigos de Rajoy, como el pufo de Bankia que le ha dejado su amigo Rato o el pufo del déficit madrileño de su amiga Aguirre?

En democracia, cada uno, está claro, se ofende como quiere.

Cuando ayer vi el esperpento provocado por doña Esperanza Aguirre metiéndose en el fútbol para no hablar de la huelga de educación que tenía en sus calles y ayudar a olvidar sus ‘malas cuentas’ públicas, pensé… somos un país de pandereta. Somos un país de chiste. Somos una vergüenza. España ‘is different’, sí, pero por ser ridícula. Luego le contestaban compañeros de su partido, vascos y catalanes, así como de otros partidos. Ya estaba montada la guerra. Luego, la Justicia la permitía la manifestación ultra de fascistas franquistas el mismo día de la la final de la Copa del Rey, este viernes, cuando estén por las calles los aficionados del Barça y del Athletic.

Este miércoles amplié mi sentimiento de indignación al ver la mayoría de las portadas de la prensa del día, valorando a sus modos y usos la huelga de ayer en educación. Gente que pretendía, tan sólo, protestar por los recortes en la enseñanza haciendo valer su dignidad, su libertad de expresión y la lucha por sus derechos. Pues no, algunos periódicos sólo veían a alborotadores y violentos, vagos y maleantes que atacan a pobres políticos baleares. Patético. Después de ver esas portadas, también me asqueé con la mayoría de la prensa de este país y pensé: tenemos una prensa de pandereta, de chiste, acorde con esta sociedad, con este país.

Cuando se me fue el cabreo de encima por toda esta situación volví a caer en mis tesis: no, no somos de chiste. Seguimos heredando malas costumbres del pasado y aún nuestros gobernantes son de chiste. Tocan la pandereta. Pero nosotros sabemos tocar y dirigir toda una orquesta sinfónica si hace falta. Cuando conoces a empresarios, emprendedores, héroes callejeros y mundanos que levantan este país cada mañana (o cada noche, que el trabajo vespertino y nocturno también existe, como Teruel), se te disipan las dudas. Es cuestión de tiempo de que arreglemos este país y castiguemos a estos políticos donde se merecen: en las urnas. Harán falta una o dos generaciones. Pero ganaremos. La gente que estudiamos o nos esforzamos, que trabajamos o queremos hacerlo, son, somos, los que hacemos y haremos mejor a España.

Hoy es 10 de mayo, 10-M. Vamos a hacer unas cuantas reflexiones…

– Decathlon se frota las manos: la posible acampada del 15-M le hará de nuevo la campaña a las tiendas de campaña Quechua

– El Gobierno mete un gol a todos los españoles nacionalizando Bankia mientras Falcao metía los de verdad en Bucarest para el Atlético

– Había más policías para Cibeles que para Neptuno; ¿los tendrá Madrid preparándolos para el 15-M?

– Falcao se pasó tres pueblos con su camiseta evangelista en la celebración: “Ten fe y verás la gloria de Dios”… ¿y eso se lo dice a los del Atleti?

– ¿Y qué hace Bielsa reconociendo que la culpa de la derrota es únicamente suya por el planteamiento técnico y no de sus jugadores? ¿No sabe que así no llegará a político, ni a dirigente, ni a banquero?… ¡Estos hombres sin ambición…! Así va el mundo.

El Real Madrid ha sido campeón de Liga. Y lo ha sido con récord de goles, con el mejor Barça de la Historia como segundo y gran rival, y seguramente puede que también con récord de puntos. Messi lleva, a falta de dos jornadas para el final del campeonato, 46 goles. Cristiano Ronaldo, 44. Casi nada. Con estas cifras pareciera que estamos ante el mejor momento del fútbol de toda la historia. Y puede que sea así, pero también es la era del dinero, de los fichajes millonarios, la era en la que el resto de equipos quedan a años luz en la tabla de Madrid y Barça porque no pueden hacer frente a sus plantillas millonarias y sus cracks de ensueño. Pero sí, de todos modos, la afición blanca y culé pueden presumir de que algún día contarán a sus nietos que vieron los goles de Ronaldo, los regates de Messi, los pases de Özil o la soltura de Iniesta. Las paradas de Iker, las cabalgadas de Alves y Marcelo, la regia actitud de los Xavi Hernández y Xabi Alonso

Pero incluso todas esas maravillas llegan con polémicas. El Guardiola del mal perder, el Mourinho del mal humor, el Pepe de los pisotones, el Busquets del teatro… y también el Cristiano Ronaldo de los cortes de manga. Visto así, estamos en una época dorada del fútbol, pero con muy malos ejemplos para que nuestros menores se hagan aficionados a este deporte…

Muchos recordarán la obra de Eugene O’Neill de fantástico título, tan trágico como el argumento de la misma. Así veo yo a esta España que todos amamos y que se nos va de las manos, como la Europa del bienestar. Ese día que amanecía cada mañana en Europa, con un Estado del bienestar, sanidad pública, más o menos universal y plena dependiendo de cada país, una educación pública y de calidad garantizada para todas las clases sociales, un sistema financiero justo y unos gobiernos que gobernaban para el pueblo tras una lección que todos asumieron tras el horror de la Segunda Guerra Mundial y la posterior guerra de pugna entre los modelos comunista y capitalista.

Esa Europa, esa España, mueren con esta crisis. Una crisis que nos han vendido como una única causa del agotamiento de un ciclo económico, pero luego convertido en un agotamiento de un modelo de sociedad y economía pública, perfecto para justificar los recortes y el fin de los bienes públicos. La crisis comenzó como un revés del sistema financiero, una crisis de deuda que poco a poco tuvo una única solución para los ‘popes’ de la economía: ahorrar, cortar el grifo de todo y esperar a que el temporal pasara. Los más ricos sobrevivían (Alemania, Francia, Reino Unido, Suiza, Austria, Suecia, Noruega…) y los más pobres pagaban los platos rotos, algunos rescatados y otros intervenidos de hecho, como España o Italia. En el país transalpino se impuso un gobernante que no venía de las urnas, Mario Monti. En España, vino de la voluntad soberana, Mariano Rajoy. Pero ahí es donde comienza el drama nacional ibérico: el Gobierno escucha más a los que presionan y olvida a su pueblo. Mientras, en Francia enarbolan la bandera de la ‘revolución’ anti-austeridad con el socialista Hollande como si fuera el mesías del centro-izquierda, que viene a acabar con el imperio del negro capitalismo de Merkel y Sarkozy, aliados de la gran banca, víctimas de una recesión en cadena que nunca termina.

No hace falta ser economista para saber que si no inviertes, no ganas. Si no te endeudas, tampoco creas economía. Los que ahora no perdonan la deuda es la banca, que nadie se olvida. La misma banca que los ciudadanos de Europa hemos ayudado a rescatar es la que nos pone la almohada para ahogarnos en la cama del enfermo que jamás se recupera. Esta gripe, que ya no es la española, sino la del capitalismo yanqui y europeo, ha evidenciado el fallo del modelo neocapitalista. Y qué más da: son los que mandan. Lo seguirán imponiendo, pese a quien pese. Islandia es el otro ejemplo: nacionalización de la banca, condonación de toda deuda. Un nuevo amanecer que permanece oculto en la gris Europa, de la que ahora formamos parte. Un largo viaje de un día hacia su noche…