Cuando ayer vi el esperpento provocado por doña Esperanza Aguirre metiéndose en el fútbol para no hablar de la huelga de educación que tenía en sus calles y ayudar a olvidar sus ‘malas cuentas’ públicas, pensé… somos un país de pandereta. Somos un país de chiste. Somos una vergüenza. España ‘is different’, sí, pero por ser ridícula. Luego le contestaban compañeros de su partido, vascos y catalanes, así como de otros partidos. Ya estaba montada la guerra. Luego, la Justicia la permitía la manifestación ultra de fascistas franquistas el mismo día de la la final de la Copa del Rey, este viernes, cuando estén por las calles los aficionados del Barça y del Athletic.
Este miércoles amplié mi sentimiento de indignación al ver la mayoría de las portadas de la prensa del día, valorando a sus modos y usos la huelga de ayer en educación. Gente que pretendía, tan sólo, protestar por los recortes en la enseñanza haciendo valer su dignidad, su libertad de expresión y la lucha por sus derechos. Pues no, algunos periódicos sólo veían a alborotadores y violentos, vagos y maleantes que atacan a pobres políticos baleares. Patético. Después de ver esas portadas, también me asqueé con la mayoría de la prensa de este país y pensé: tenemos una prensa de pandereta, de chiste, acorde con esta sociedad, con este país.
Cuando se me fue el cabreo de encima por toda esta situación volví a caer en mis tesis: no, no somos de chiste. Seguimos heredando malas costumbres del pasado y aún nuestros gobernantes son de chiste. Tocan la pandereta. Pero nosotros sabemos tocar y dirigir toda una orquesta sinfónica si hace falta. Cuando conoces a empresarios, emprendedores, héroes callejeros y mundanos que levantan este país cada mañana (o cada noche, que el trabajo vespertino y nocturno también existe, como Teruel), se te disipan las dudas. Es cuestión de tiempo de que arreglemos este país y castiguemos a estos políticos donde se merecen: en las urnas. Harán falta una o dos generaciones. Pero ganaremos. La gente que estudiamos o nos esforzamos, que trabajamos o queremos hacerlo, son, somos, los que hacemos y haremos mejor a España.



¿Machista o algo peor? Este jueves desayunábamos con un artículo publicado por el columnista de ‘El Mundo’ Salvador Sostres en el que, sin justificar, por supuesto, el horrible crimen del joven rumano que mató a su pareja y enseñó por webcam el cadáver a su padre, metió la pata en la forma de presentar sus argumentos. Vino a decir en un texto titulado “Un chico normal” (¿?) que no era un crimen tan horrible, porque es algo que está a la orden del día por la violencia que rodea nuestra sociedad y que se justificaba en que su novia le iba a dejar, ante lo que cualquier persona puede reaccionar de forma alocada. ‘Enajenación mental transitoria’, lo califican las leyes, pero una cosa no quita la otra, claro.
de las críticas al blog de Sostres de hoy. El director de elmundo.es también. Acabamos de retirarlo. Pedimos disculpas”, ha dicho tajantemente el periodista. También añadió poco después que “lo inaceptable del texto de Sostres es que utiliza la misma expresión -”violencia”- para un asesinato y el engaño y abandono en la pareja”. Y reitera que le hubiera gustado que no saliera en la publicación impresa, pero que se les escapó a los controles.
La peor versión del primer ministro italiano se dejó ver por Lampedusa, la isla italiana que está recibiendo grandes masas de refugiados e inmigrantes clandestinos procedentes de diversos países, árabes o asiáticos. Berlusconi anunció que propondrá a la isla de Lampedusa como candidata al Nobel de la Paz (¿?) y un plan extraordinario para “liberar la isla” de los inmigrantes clandestinos “en dos días”, así como un plan para renovar su imagen de cara al turismo.
