Harto, disgustado y desencantando ando con lo que se hace desde el Congreso, ese supuesto órgano representativo de la soberanía nacional y de ejecución de la democracia. Su función legislativa y de control del Gobierno queda muy bonita en los libros y ahí se queda. La nueva Ley de Propiedad Intelectual que el jueves ha aprobado es una bajada de pantalones ante las grandes multinacionales y empresas que distribuyen y fabrican las obras de arte que fríamente se convierten en CD, DVD y demás.
El cánon que se va a imponer es una forma de compensar las pérdidas millonarias, dicen, del sector. Y se vende ante el pueblo como la manera de que los artistas no se queden en la miseria. Menos Ramoncín, Teddy Bautista, SGAE…etc. y más Sabina. Los músicos, a componer música y hacer conciertos, que eso es su profesión. Por supuesto, que defiendan su derecho a que se compren legalmente las copias de sus CD, pero sin estas artimañas que indirecta e injustamente repercutirá en los precios de los discos vírgenes para grabar. Vamos, como subir el coste de las pistolas y las navajas para que a los asesinos les salga más caro matar. Pues esto, pero contra la piratería.
¿Absurdo planteamiento no? Yo de momento apoyo la iniciativa contraria, el copy-left: un juego de palabras para luchar contra las hipocresías con el copy-right, los derechos de autor. Distribuir gratis música, programas de ordenador o películas es un delito cuando pertenece a alguien, pero no se puede solucionar el problema encareciendo productos y fomentando esa forma de hacer las cosas para siempre. Se puede ganar dinero haciendo free-software y está demostrado. ¿Acaso cobran Google o Yahoo por buscarte los datos en Internet? ¿Acaso te cobra Hotmail o cualquier otra página de correo que lo ofrece gratuitamente?
Yo, si fuera músico, regalaría en Internet mi obra para precisamente darme a conocer y que la gente no se tenga que reprimir porque tiene otros mil gastos y no puede hacerse con una copia que a quien enriquece es a la distribuidora, casi siempre una multinacional. Porque discográficas independientes y pequeñas, pocas.
Ídem con el material cinematográfico y con el software informático. Luego, cobrar, podría ser lógicamente un añadido para el profesional que se dedica a ello. Por ejemplo, las actualizaciones, los servicios añadidos, los discos especiales y cajas con caras B o material extra, las películas también especiales… ya se cobra por ir al cine. ¿Basta con eso? Bueno, es un debate, reconozco, muy complejo y todas las partes tienen mucho que decir. Eso es cierto.