
Es el hombre del día, del momento y, quien sabe, quizás el hombre del año. Le comparo con Obama, no tanto ya por aptitudes políticas, sino por lo que su figura supone como herramienta para el cambio en Euskadi. Es el primer lehendakari no nacionalista y tiene por delante mucho trabajo que hacer, más allá de cumplir con las promesas y el programa electoral. Evitar el frentismo y el conflicto en la sociedad. De momento, como Obama, ha conseguido que los sectores más críticos con la izquierda socialista aplaudan su nombramiento.
Y aunar a grupos tan separados tiene su mérito. Recuerdo cuando Obama era un precandidato. Decían de él que era imposible que un negro fuera presidente de EEUU, un país con luchas raciales aún residuales. Pero hizo Historia. Y a Patxi López, yo el primero, nadie le veía como lehendakari. No se le veía porque los sondeos no daban mayoría al PSE y cualquier pacto se preciaba imposible. Pues fue que no. Fue que el PP prefirió el cambio, y es algo que le dignifica. Al igual que le hace perder todos los valores por la falta de ‘españolismo’ para pactar en Madrid las mejores soluciones para la crisis junto al partido gobernante.
Es igual. Lo importante es que el cambio ha llegado. Seguramente López no será como Obama. Pero con que ‘casi’ lo sea, es suficiente. Van a cambiar muchas cosas en Euskadi, y todas para bien. Recordaba hoy López en una entrevista en la SER que un vasco no se puede sentar a cenar en cualquier restaurante. Tiene que mirar antes qué tipo de restaurante es. En qué zona, barrio o municipio está. A eso no lo considero una sociedad con garantías democráticas.

