La impresión que da el ex presidente de Telefónica en tiempos de Aznar -y antiguo compañero de pupitre de éste- es que no le importa ‘dónde’, sino tener un club para su gestión. El verano pasado ha intentado presidir y gestionar el Valencia bajo una sociedad de inversores, pero le salió mal y tuvo que salir ‘expulsado’ de Mestalla. Después, lo ha intentado con el Getafe. Y, como tampoco, ahora el empresario anuncia que pretende una nueva novia: nada más y nada menos que la supermodelo internacional del Real Madrid.
A Villalonga, queda claro, le da igual un club que otro, quiere meter baza en todas partes y es lo que parece incorrecto: al igual que a los jugadores se les culpa de chaqueteros, no es normal ni creíble que los aficionados de un club confíen ahora en este candidato para las próximas elecciones madridistas, en 2010, después de que ha querido estar en todas partes. Incluso en el Valencia, uno de los principales rivales del Madrid. Por cierto que su candidatura añadiría una nueva piedra de polémica porque, al parecer, entre sus asesores estaría el periodista José María García. Eso le enfrentará a varios grupos mediáticos, sobre todo la siempre decisiva SER y el resto de Prisa.

