
Tráiganme una botella de aceite y yo me la bebo… dijo el ministro de Sanidad para tranquilizar a todos -no sin antes añadir que entera no, claro, que le daba algo…-. La cuestión es que a mí lo de Bernat Soria me recuerda a lo de Fraga bañándose en la playa para que la gente perdiera el miedo a lo de la bomba de Palomares. Pero vamos, que es una simple comparación, con lo que me quedo es con que no me ha gustado nada la gestión de esta ‘crisis’.
Está muy bien informar, pero para alertar hay que ir con datos. No se ha dado en ningún momento la lista de marcas de aceites de girasol con partidas contaminadas, con procedencia ucraniana. Se optó por prohibir la venta, sin excepciones, y una vez levantada la alerta se facilitó una lista (léala completa en PDF) ayer lunes en la que no dice qué marcas estaban contaminadas. Por no hacer daño a unas compañías se ha hecho daño al resto. Es la verdad.


Tan acostumbrados como estamos a escuchar todo tipo de críticas desde la oposición al Gobierno, sobre todo del PP, uno pierde ya el interés por la mayoría de ellas.

Muy polémica está siendo el convenio que al parecer ha firmado el gobierno de Esperanza Aguirre con la Iglesia Católica Apostólica y Romana para que haya sacerdotes en los comités de ética de los hospitales públicos madrileños. Para que decidan dónde y cuándo hay que actuar.
Y luego prefiero no entrar en la conocida postura de Rouco Varela, la Iglesia madrileña y la Conferencia Episcopal después del ‘caso Montes’. Ahora las restricciones para los cuidados paliativos serán tales que muchas familias temerán por el sufrimiento innecesario al que serán sometidos sus seres queridos. Y todo porque estamos ante un revanchismo político e ideológico. ¿Saben lo que dicen miembros de esta Conferencia Episcopal? Pues que debemos aprender del sufrimiento de Cristo durante su Pasión. Toma ya. Ahora el masoquismo va a ser bueno y todo. No creo que Cristo se sacrificara para que todos tuviéramos que sufrir innecesariamente.