Hagamos un repaso de la actualidad del fin de semana a modo de análisis. Destaco cuatro temas:
1. “Que se muera este cabrón”… o que se calle este barón
Las palabras de Ibarra sobre De Juana en un acto en Plasencia ante la atenta -y atónita- mirada de Rubalcaba me han causado un gran estupor. El otro día escribí un artículo sobre las grandes verdades cuyo precio a pagar es alto. No gusta oír ciertas cosas, aunque sean verdades. Alguien podría decirme que por qué no aplico el mismo argumento para Ibarra, ya que De Juana es un asesino sanguinario con 25 muertos a sus espaldas y una celebración con langostinos y champán en la cárcel al conocer la muerte de un objetivo de su banda: ETA.
Pero no. No puedo aplicar ese argumento. Ibarra no puede llamar ‘cabrón’ a nadie en público. Es un político, un responsable de su partido en Extremadura pero también es un dirigente del PSOE a nivel nacional. Es un error, y grave, emplear estos términos, llegar a utilizar estos tonos y hacer como si nada. Rubalcaba estaría avisado o no, pero debió alucinar en colores, como se suele decir.
Sobre todo porque el Gobierno para el que trabaja este ministro está intentando por todos los medios que no se muera el etarra en su chantaje de huelga de hambre. Es precisamente lo que dijo Ibarra, sí, pero sólo por las formas ha perdido el fondo de la cuestión. Y lo que importa es lo que preocupa en Moncloa y en Ferraz, más allá de qué colores ostentemos cada uno: si muere este tipo en esta situación, se convertirá inapropiadamente en un mártir de la izquierda abertzale y estropeará aún más las expectativas de paz para Euskadi y el resto de España. Que haya algunos que aún no estén preocupados por esto es lo verdaderamente terrible. Todos sabemos que los ‘populares’ y sus acólitos disfrutarán con el fracaso de la búsqueda de la paz para no evitar réditos políticos positivos para Zapatero.
2. La cara buena de Otegi… y van y se la creen
Que cada vez que un radical vasco habla para la prensa ‘extranjera’-cuando no es de Euskadi, lo es para ellos- lo hace en clave ‘light’ no es un secreto. Pero parece que de nuevo se nos ha olvidado.
En su entrevista del fin de semana en el diario La Vanguardia, Arnaldo Otegi dio la cara buena y se hizo por tanto el buenazo. No pide precio político, ni ETA tampoco, a cambio de la paz. Qué buena gente. Y mientras, sigue la kale borroka, no la condenan, ni los atentados de ETA. Su ‘compi’ Permach, en una manifestación ilegal, acaba detenido por su presencia. Ésa es la cara real de Batasuna y su entorno. Quieren estar a cualquier precio en las municipales de mayo y para ello se valen de estas palabras preciosas.
Ni Zapatero se las cree, pero se ha servido de ellas para sacar réditos. Craso error Zetapés, con esta gente, ni agua. Que condenen la violencia, y luego, hablamos. No han ofrecido nada. Son palabras, sólo palabras que luego se las lleva el viento.
3. Oscar: la ‘chingada’ de siempre
Como homenaje a ‘El laberinto del fauno’, hispanomexicana, empleo el término ‘chingada’. Pero realmente es el de ‘cagada’. Cagada latina porque, de nuevo, nos creímos los reyes, vendimos la piel del oso antes de cazarlo. Así podríamos seguir con el refranero hasta la eternidad.
Decíamos que estos Oscar serían la ‘gran gala de los latinos’, que no se nos escaparía una buena tajada en la meca del cine… norteamericana por los cuatro costados. Y para nada: ‘El laberinto del fauno’ ganó tres estatuillas menores; Penélope Cruz, como decían las quinielas, se quedó sin premio -aunque haber sido nominada fue la gran gesta-; los dos cortometrajes nominados, ‘Binta y la gran idea’, de Javier Fresser y Luis Manso, y ‘Éramos pocos’, de Borja Cobeaga; y, por supuesto, ‘El laberinto’ vio cómo la alemana ‘La vida de los otros’ le arrebataba el Oscar a mejor película extranjera.
Moraleja: menos euforia, menos triunfalismo, por favor. Que no es nuestra gala del cine, es la de los yanquis.
4. Jugaron como nunca y perdieron como siempre
Bueno, empataron, pero el Atleti sigue ganándose cada día el mote de El Pupas. Tuvo a su rival histórico contra las cuerdas como nunca, y aunque es cierto que se le anuló un gol injusto -o no se le pitó el penalti inmediatamente previo de Emerson sobre el Kün, como se prefiera-, no supo rematar la faena.
Al final, consiguió lo increíble: hizo del gordito Cassano un crack y un salvador. Bautizó goleadoramente a Gonzalo Higuaín, muy prometedor pero que estaba aún sin estrenar la pólvora. Y dio vida a Capello, aunque me dice un compañero rojiblanco, con cierto humor y más de razón, que con ello le mandan un dardo envenenado a su club enemigo: seguirá aguantando al italiano.
Yo no he perdido fe en el Capello. Sigo pensando que es un gran entrenador y que debería ser siempre un referente para el Madrid. Pero las circunstancias obligan: ha perdido el norte esta vez, así como el respeto de su plantilla. Así hay poco que hacer. Aunque claro está que otros años, con este rendimiento, el Madrid estaría sexto, décimo o a saber. Y está metido en la pomada liguera y ‘championera’. No es momento de despidos.

