Hablemos en serio… del dichoso ácido bórico. Ahora resulta que nunca hubo indicios de esta sustancia utilizada para matar cucarachas en el piso de ETA que sirvió a algunos para vincular a los islamistas del 11-M con ETA. Y cuentan en nuestro foro LíneaCrítica los lectores que el ya famoso ácido bórico “merece un monumento nacional”. Es una forma amena y sana de reírnos de nosotros mismos, como hacen los británicos. Y hacemos bien en marchar por esa vía. Porque si nos limitamos a analizar el panorama de medios de comunicación que nos rodean, eso sí, los que queramos quitarnos la venda, sólo nos queda el consuelo.
Penosa postura de El Mundo, ese periódico que en los años 90 creció de la nada a golpe de descubrir las miserias del felipismo, la corruptela y la delincuencia de Estado. Sí, y esa radio episcopal que entre salmos y ángelus intercalan al horripilante talibán de verborrea digna del Demóstenes más falso y patético. Y cierran el círculo de las cucarachas, que merodean entre basura y ensucian esta profesión que desempeño, la ‘pública’ Telemadrid y otras tantas emisoras, teles, periódicos que se encargan de querer buscar la autoría de Rubalcaba-PSOE… ¡perdón de ETA!, en qué estaría pensando, en los atentados del 11-M.
Tétrica también la labor de oposición del PP, que sigue sin construir un proyecto sino es destruyendo el del vecino, como hizo, guste o no guste, el PSOE de Zapatero durante cuatro años frente a Aznar. Y más tétrica, patética y detestable la campaña contra Garzón por haber metido sus zarpas en el caso de los peritos y los supuestos informes falsificados. ¿Es que importa quién sea el que investigue un posible fraude? ¿Es que tiene que tener autor particular el investigador de la verdad? ¿Tiene que ser lo que las cucarachas que abanderan la teoría conspirativa pretendan? Que nos pillen confesados. Al menos otros respiramos a gusto: hacemos otro tipo de periodismo. Si es bueno o malo, júzguenlo ustedes. Pero no apesta, se lo aseguramos.

Como indica el propio nombre de esta sección, ¡menudo finde! el que hemos pasado. Más allá de los festejos extravagantes y ridículos de Alonso al ganar en Japón y casi asegurarse el Mundial de Fórmula-1, o el último “desmadre” de Luis Aragonés -Joaquín dixit, con acierto-, acto político en lo que era un partido de jurgol en el Camp Nou.
Hablemos en serio de… la polémica sobre los velos musulmanes en Occidente. Vuelve a la actualidad, como estuvo hace tiempo en Francia, donde se quiso prohibir dentro de las escuelas públicas. Ahora regresa en Reino Unido, rescatado por
Hablemos en serio… del ‘affair Garzón’. Que el regreso del superjuez tras la etapa de Grande-Marlaska -incendiaria, todo sea dicho- a su juzgado de instrucción en la Audiencia Nacional iba a ser también de relumbrón, no ofrecía duda. Pero parece que esta vez no sólo por su culpa. Le están haciendo la vida imposible, todo sea dicho, atacando en el fondo la libertad y la independencia judicial.
Hablemos en serio… de lo que es hacer oposición. Creo que todos entendemos que un partido como el PP endurezca su discurso para lograr limar la popularidad del Gobierno. Entiendo también que, con visión crítica, cuestione la política económica, social y por extensión, toda la iniciativa legislativa del Ejecutivo. Pero también considero que si con el 11-M se está haciendo el ridículo en Génova y en determinados medios de comunicación, lo que ya tiene menos sentido es criticar que Zapatero se reúna con Tony Blair para hablar del proceso de paz vasco.
Hablemos en serio… del dichoso vídeo. Con nada de ñoñería y al grano: Vale que no se debe jugar con la seguridad de una institución tan importante como es el Congreso de los Diputados. Vale que al igual que se hizo un anuncio, podría haberse hecho un ataque terrorista o una broma de peor gusto. Pero también es cierto que, como bien han comentado esta mañana en las emisoras de radios muchos de sus oyentes, de lo que no se habla para nada es del verdadero objetivo del anuncio-escándalo: la lucha contra la pobreza. 