Debo reconocer que Mano lenta (Eric Clapton) nunca ha sido de mi agrado. Ni su blues-rock melancólico y tan sosegado hasta el aburrimiento. Al menos para mí. Y mucho menos ha sido un atenuante el odio hacia otro guitarrista genial como era Ritchie Blackmore, su rival de la época (los 70), porque le superaba en técnica y rapidez con las cuerdas. Llegó a boicotearle impidiendo que Blackmore tuviera estrellato en las salas de conciertos. Vamos, lo que se llama ‘cerrar puertas’.
Por entonces, Clapton se había ganado una gran fama como guitarrista y los años 70 eran tiempos de enfrentar a rivales. Blackmore representaba otra corriente del rock, más dura y contundente. Todas estaban influidas por las drogas, como era marca de la época, pero ésta era mucho más alocada. Blackmore, miembro de los Deep Purple y después creador de los geniales Rainbow, era el colgado que llegaba al escenario totalmente colocado en algunas ocasiones y se ponía a tocar los solos con los dedos de sus pies e incluso con los dientes. Y sonaba bien y todo. También era el que reventaba la guitarra contra los bufflers hasta provocar fuego y luego la tiraba al público entre gritos de satisfacción por el show generado.
No es que me decantara más por el caos en lugar del orden. Ni mucho menos se trata de ese aburrido y eterno debate sin sentido. No. Simplemente la música de Blackmore en Deep Purple y Rainbow era pura fantasía que luego generó la corriente heavy en los 80. Clapton se quedó anclado en el blues-rock, del que tengo mucho mejor apego por Gary Moore. Para mí, Moore ha sido mucho más para esta corriente del rock y le supera a Clapton en calidad, técnica y obra escrita. Pero no se puede negar que mucho más célebre y el que pasará más a la posteridad para el gran público es Mano lenta, con sus geniales piezas Layla o Tears in Heaven.
Todo esto viene a tenor de la aparición del nuevo disco de Clapton, ‘Back Home’, donde el guitarrista inglés combina material inédito con versiones de sus ídolos musicales. Otra cara del rock a la que se debe todo el respeto. Al menos, Clapton, como Moore, han seguido fieles a su estilo. Blackmore dejó el blues-rock, el heavy-rock y el hard-rock para iniciar con su esposa un proyecto de música renacentista y medieval. Algo que nunca ha terminado de convencer a sus miles y miles de fans. Cada uno sigue su camino. No se entiende mucho, por lo tanto, la reivindicación simbólica del título del álbum de Clapton: ‘Back Home’. No es una vuelta a casa. Nunca dejó de hacer el blues-rock que tanto ama. Ya estaba en casa.

Cómo ha cambiado el mundo de la fotografía no profesional. Me refiero a la que hacemos los aficionados cuando viajamos o queremos plasmar para la eternidad un momento feliz de nuestra vida. Hemos cambiado casi por competo ya el carrete de película por la tarjeta de memoria con el menor encanto posible. La tecnología va borrando paso a paso el encanto romántico del pasado en lo que se refiere a nuestros aparatos antiguos. Hace poco comentaba la eterna lucha de los que quieren reivindicar el vinilo y el cassette en contraposición del frío disco del CD.
Ya van por la tercera parte en el juego
A la mayoría de la gente no le gusta mucho estos juegos por lo complicados que resultan y la manejabilidad tan compleja en el ordenador. Hay que mirar miles de iconos pequeñitos y estar a mil cosas a la vez. Para que luego ten venga un invasor y te fastidie tu catedral tan bonita que habías edificado gastándote un montón de pasta. A la trompetita de alarma que suena, uno le coge realmente manía. Hasta sueñas con ella.
Hay cosas que no entiendo. La cultura del rock se desprecia continuamente, y más hoy en día en medio de la vorágine de la música pop más comercial. Pero la misma civilización occidental, que la creó y luego la degeneró hasta envolverla en la discriminación, no cesa de hacer uso de la misma para poner la nota de color a cualquier campaña publicitaria, política o de otro tipo.
Cuando nació la banda –su nombre quiere decir en español ‘La dama de hierro’-, se sostenía que su denominación era una segunda contra la primera ministra. No del todo cierto, puesto que se referían a la herramienta de tortura medieval que también se llama así, dama de hierro (una especie de garrote vil). Pero eran tiempos para criticar a la conservadora y ya en su primer disco hubo referencias a su persona: en el single ‘Sanctuary’, no publicado por censura pero luego recuperado, fue un himno contra su persona. En la portada del single, la mascota del grupo, Eddie, aparece con un cuchillo ensangrentado en la mano, y a sus pies una mujer con rasgos faciales semejantes a Thatcher. También se creo otra más explicita como la que aparece a la derecha.
Menuda ha montado el best-seller Dan Brown, el autor de ‘El Código Da Vinci’, con su nuevo libro ‘Fortaleza Digital’. Se ha despachado a diestro y siniestro con España, país que aparece en la ficción del relato como un lugar tercermundista. Frases como «un pulmón perforado era fatal, quizás no en lugares del mundo más avanzados médicamente pero en España era fatal», o «creo que hay que dar por seguro que tenemos los recursos para sobornar a unos cuantos policías españoles» han causado una gran repulsa, como ya lo hizo en la familia católica con su célebre ‘Código’. A ver si con ello bajamos los humos de ventas a este escritorzuelo que tienen a medio mundo entusiasmado con sus libros, como la autora de ‘Harry Potter’, J.K. Rowling, o el de ‘Los pilares de la tierra’, Ken Follet… Aunque a algunos les ha llenado de ideas
Hagamos un repasito histórico y curioso por el mundo de la música. Si los amantes del vinilo son algo incomprendidos –yo me incluyo en parte, puesto que me decanto por la calidad de los soportes digitales al servicio de la música-, siempre hay algún dato que puede hacer que les entendamos algo más.