Estoy leyendo en estos momentos ‘La cena secreta’, de Javier Sierra -siento no poder hablar de una super novedad comercial, como hacen los críticos-, un autor más conocido por colaborar en Crónicas Marcianas en la sección sobre temas de ocultismo. De momento escribo con 100 de sus 300 páginas leídas, pero prometo volver a hacerlo al acabarlo.
Para quien no lo haya leído y tenga algún interés sobre los temas de misterio en torno al cuadro ‘La última cena’ de Leonardo da Vinci, estén tranquilos. No revelaré nada. Más que nada porque no he acabado el libro y no he hecho la trampita infantil de ojear las últimas páginas –vamos, por favor, quién no lo ha hecho alguna vez-…
El libro carece y luce, respectivamente, de lo bueno lo malo de esta temática para la literatura: puede presumir del misterio y el suspense que ata al lector. Pero tanto depende de la trama que se olvida algo de lo que en el fondo es la literatura, la belleza en las letras escritas. No soy un parnasiano, tranquilos, pero de vez en cuando debemos recapacitar al respecto. Tanto best-seller puede ser malo para la salud de las letras.
¿Pero por qué hablo de ‘La cena secreta’, de Javier Sierra? Quizás para resaltar la increíble magia que puede generar el cuadro de Da Vinci y, por supuesto, la gran influencia del libro de Dan Brown, ‘El código Da Vinci’, que incluso generará una película al respecto.
Lo cierto es que antes de comenzar a leer la obra tenía ciertas reticencias sobre si era excesivo hablar casi casi de lo mismo, pero el autor ha sabido darle una interesante vuelta a la trama. Sierra nos lleva precisamente a los tiempos del artista, en los momentos en los que pintaba el fresco en el refectorio del monasterio donde aún reposa la pintura. Suspense y misterios sobre las intenciones ocultas de Da Vinci a la hora de pintar su ‘Cenáculo’ con la Inquisición de fondo. Interesante. Como también el análisis de otros cuadros del pintor italiano, como la ‘Virgen de las rocas’ o una Adoración al Niño Jesús. ¿Era un hereje Da Vinci? Volveré sobre el tema cuando acabe el libro. Que promete…

Hoy volvemos a temas más propios de este blog, tras un parangón obligado sobre 