La hoja de ruta

Si la política de reinserción de presos de ETA anunciada por el Ministerio del Interior que dirige Jorge Fernández Díaz la hubieran realizado -con o sin anuncio- Zapatero y su lugarteniente Pérez Rubalcaba, en estos momentos tendríamos una contestación del PP y de las asociaciones de víctimas del terrorismo realmente sin precedentes. Quizá por eso, y por otras razones que sería arduo explicar, ni Zapatero ni Rubalcaba llegaron tan lejos. Pero sí es cierto que el propio Mariano Rajoy -o alguno de sus adláteres- hubiera salido entonces ante la opinión pública para desacreditar la iniciativa socialista y para afirmar, como ya hizo en otra ocasión, que un futuro gobierno del PP no respetaría los acuerdos a los que el gobierno de Zapatero llegara con una banda terrorista.

Pero los tiempos cambian, y hasta ahí se puede comprender la metamorfosis operada en Rajoy y en sus hombres de confianza. Es cierto que a finales de 2006 estuvimos muy cerca de ‘lograr la paz en Euskadi’; un eufemismo para decir que estuvimos a punto de conseguir el fin del final del terrorismo etarra en España. ETA y sólo ETA fue la única culpable de que no se llegara entonces a un acuerdo, pero las bases habían sido sentadas, tanto que es difícil explicar que en sólo 3 años -entre mayo de 2007 y mayo de 2010- cayeran sucesivamente seis ejecutivas etarras… y un buen número de pistoleros descerebrados.

Es evidente que ETA está ‘trufada’ por los servicios de información y por las fuerzas de seguridad, pero también es evidente que dentro de la organización, algunos -parece que ya muchos- piensan que la ‘lucha armada’ no tiene sentido, y que pueden haber colaborado, acaso por inacción, por ser suaves, para la caída de los pistoleros más brutos como Thierry, o como Txeroki y otros cuantos del dedo pegado al gatillo. Es decir, que durante el gobierno de Zapatero, y con la anuencia y entrega del PNV, se había sembrado una semilla que germina ahora. Algunos nombres deberán ser recordados para la historia; muchos, acaso, pero hay uno que merece destacarse por su resolución: Jesús Eguiguren, el mismo que inició las ‘sesiones gastronómicas de Txillarre’ que condujeron, años después, a las reuniones de Loyola.

Aquello sembró la semilla en un campo que, gracias a la labor policial española y la cooperación total -entonces sí- de Nicolás Sarkozy, tenía que fructificar sin duda en la declaración de alto el fuego, primero, y del ‘cese definitivo de la actividad armada’, después.

Pero, claro, nadie, ninguna organización se desarma, se disuelve sin más si no obtiene algo a cambio. ¿Y qué puede obtener ETA? Desde luego, nada políticamente hablando. Así que sólo queda por negociar una salida para sus presos y unas ‘medidas’ determinadas para los que aún permanecen fuera de España. Entre medias están las digamos conversaciones para ver cuáles son esas medidas ‘no políticas’, sus tiempos, sus declaraciones, sus actos, sus gestos, etcétera. Es decir, lo que se llama una ‘hoja de ruta’.

Y creo que nadie duda ya de que el Gobierno de Rajoy tiene una hoja de ruta; la suya, sí, pero una hoja de ruta al fin y al cabo. Y que en esa hoja de ruta se incluye, por ejemplo, el plan que ha puesto en marcha el ministro Fernández Díaz -desde luego con aquiescencia de Mariano Rajoy- de acercamiento de presos, aunque lo haya revestido de lagarterana y haya incluido a ‘todo’ el terrorismo -grapos e islamistas radicales- y hasta a los mafiosos de la nueva cosa nostra.

Es valiente la decisión de Rajoy, como valiente fue la de Zapatero de entablar negociaciones con ETA. Son dos iniciativas sin duda muy distintas, sí, pero la una ha tenido que llevar necesariamente a la otra, y justo es reconocerlo para hacer justicia a ambos. Ahora bien, Rajoy, como antes Zapatero, se ha metido en un auténtico berenjenal donde le van a dar por todos lados: los oficiales de la guardia civil no están conformes, ya lo han dicho; las asociaciones de víctimas están preparando las teas para incendiar las calles, ya lo sabemos, y hasta en las filas del PP han salido voces, como la de Jaime Mayor Oreja, avisando al Ejecutivo de las consecuencias de sus acciones.

Otros muchos, sin embargo, aplauden a Rajoy, y el PNV, el PSOE y la izquierda en general le apoyan. Tiene Rajoy más que lo tuvo Zapatero. Así que ahora puede que sí, que ahora sí estemos próximos a punto de ver el fin del final de una pesadilla. Pero Rajoy se ha metido en un nuevo problema. ¿Mantendrá el tipo y seguirá adelante, o se dejará llevar por las presiones y dará dos pasos atrás? Ése es el dilema.

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En 34 años, no ha habido ‘tiempo’ para legislar sobre la abdicación

Es curioso: han pasado 34 años desde la aprobación de la Constitución Española y… sigue sin regularse en muchos aspectos. Por ejemplo, no se ha legislado nada sobre la previsión constitucional de los referendos. Y por ejemplo también, no está regulada la abdicación o renuncia a la Corona de Su Majestad el Rey. Así, como suena.

La Constitución declara a España monárquica, cierto es, y cierto es también que dedica todo el Título II a la Corona: derechos y deberes del rey, de los príncipes, funciones, etcétera. Como no podía ser menos, en su Artículo 57. 5 la Constitución refleja esta previsión: “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”.

El legislador también previó la posibilidad de una inhabilitación del monarca, y lo hizo en el Artículo 59. 2, que dice: “Si el Rey se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales, entrará a ejercer inmediatamente la Regencia el Príncipe heredero de la Corona, si fuere mayor de edad. Si no lo fuere, se procederá de la manera prevista en el apartado anterior, hasta que el Príncipe heredero alcance la mayoría de edad”.

Ahora bien, en ningún momento el Ejecutivo ni el Legislativo vieron la necesidad de desarrollar la ley orgánica a que hace referencia el Artículo 57.5, y así estamos 34 años después.

Hay quien entiende que abdicación y renuncia son, en sentido amplio, dos supuestos de pérdida de los derechos regios, y que ambos comparten las características de tratarse de actos voluntarios, personalísimos, unilaterales, recepticios e irrevocables. Con más precisión, podríamos definir la abdicación como el abandono o dejación voluntaria del oficio regio por el titular de la Corona, causándose la transmisión de sus derechos al sucesor.

Y de ello pareció tener conciencia el constituyente, que estableció en nuestro Texto fundamental la previsión de una ley orgánica para resolver cualesquiera dudas de hecho o de derecho que pudieran plantearse en relación con esta figura. Además, la intervención de las Cortes supone que, de alguna manera, las Cortes han de aceptar la abdicación.

Sin embargo, ninguna previsión más contiene la Constitución, con lo que la abdicación se nos presenta en su diseño constitucional como un mecanismo desdibujado. Así que cuestiones como el procedimiento de comunicación a las Cortes Generales, la necesidad de autorización parlamentaria previa, la posibilidad de una negativa de las Cámaras o el refrendo del acto de abdicación y otras que pudieran ir planteándose son las que habría de resolver el legislador orgánico en el desarrollo del artículo 57.5 de la Constitución.

El caso distinto de la renuncia

Entienden algunos constitucionalistas que distinta de la abdicación es la renuncia del derecho a reinar, cuyo protagonista no es el Rey, sino que lo son las personas que forman parte del orden sucesorio a la Corona (el ejemplo más reciente lo tenemos en Don Juan de Borbón, padre del actual Rey, que renunció a sus derechos en favor de su hijo). Aunque no lo deja claro el texto constitucional, en principio, no cabe entender incluida en este precepto la renuncia regia o renuncia de derechos del Rey para sí y sus descendientes (como fue el caso de Amadeo de Saboya en 1873, el único caso de renuncia regia de nuestra historia).

Ahora bien, a diferencia de la abdicación, la renuncia no pone en marcha automáticamente el mecanismo sucesorio, ni supone una traslación de las funciones que corresponden al titular de la Corona, ya que viene a producirse previamente al acceso a tan alta magistratura.

En todo caso, al igual que ocurre con la abdicación, cualesquiera dudas de hecho o de derecho que se planteen en el orden sucesorio se habrán de resolver por las Cortes Generales por ley orgánica. Pero… no ha habido tiempo de desarrollarla en tan corto plazo de 34 años.

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Rajoy: de paloma a gavilán

“Es un compromiso de nuestro Gobierno decir la verdad”. La frase, elevada a rango de norma, fue pronunciada por la vicepresidenta primera, Soraya Sáenz de Santamaría, a las 14.45 horas del 30 de diciembre de 2011. Se celebraba la rueda de prensa tras el segundo Consejo de Ministros de Mariano Rajoy, y el primero en el que realmente se adoptaban acuerdos importantísimos de Gobierno. Pero la frase tenía un fallo: el Ejecutivo anunció acto seguido un incremento sustancial de impuestos, cuando Rajoy, en campaña electoral y en su investidura, lo había negado más veces que San Pedro negó su proximidad a Cristo. Más que agua, ahí se vio que el Gobierno comenzaba a hacer chapapote. Tres meses después, la marea azul pierde fuelle.

Han pasado sólo cien días desde aquella rueda de prensa de aquel segundo Consejo de Ministros y la credibilidad del Gobierno, si lo pasamos por el tamiz porcentual, ha bajado más rápidamente que en ningún otro periodo de la historia. El Ejecutivo de Rajoy surgió de unas urnas que muy mayoritariamente habían votado cambio político, cambio económico, cambio de actitud -y también de aptitud- y cambio social.

Profundamente desilusionados, los españoles habían apostado el 20 de noviembre por la ilusión, por la esperanza, y apenas un mes después de aquel famoso “siempre diré la verdad” se vio que en política la verdad es, siempre, más falsa que los euros de madera. La ilusión y la esperanza empezaron a tornarse escepticismo y negrura.

En diciembre de 2011, Rajoy afrontó una España más ‘invertebrada’ que nunca, conformada por unas pérfidas realidades: políticamente, la situación era de absoluta desidia, de desgana, de espíritu de derrota; parlamentariamente, nacionalistas vascos y catalanes hacían su ‘agosto’ particular repartiéndose los despojos de lo nacional para que Zapatero y su equipo consiguieran sacar medidas calificadas de antisociales por la izquierda real; socialmente, el guerracivilismo se había reinstalado en la sociedad y lo había hecho en forma tentacular; económicamente, el país era un desastre elevado a la enésima potencia.

Muchos españoles creyeron que la debilidad del Gobierno socialista tenía nombres y apellidos -el muy peculiar Rodríguez Zapatero y los muy peculiares ministros suyos-, y confiaban en una imagen de la derecha según la cual eran mucho mejor gestores que la socialdemocracia del PSOE. Además, Rajoy prometía sudor y lágrimas, pero no sangre, y muchos creyeron que transmitía transparencia orlada con una buena gestión anterior.

Pero la primera pedrada ya fue la frente, cuando el Gobierno anunció que el déficit se disparaba dos puntos por encima de la previsto y la vicepresidenta primera, flaqueada por los ministros de Hacienda, Montoro, Economía, De Guindos, y Empleo, Báñez, elevó el diapasón e igualó la máxima de Churchill: el sudor y las lágrimas prometidos por Rajoy y, además, la sangre, o, lo que es lo mismo, la sangría que el nuevo gobierno iba a hacer en la cartera de los que aún conservaban trabajo.

La segunda pedrada fue en el pecho: la reforma laboral que, según los sindicatos y la izquierda real, retrotrae a los trabajadores al nivel de sus bisabuelos y tatarabuelos del siglo XIX con el ataque más brutal que se conoce en la España democrática a los derechos sociales… y a los propios sindicatos, o, lo que es lo mismo, al sistema sindical. La pedrada fue tan gorda que ha motivado que Rajoy pase al Guinness de los récords: una huelga general antes de cumplir cien días en el Gobierno. Rajoy lo sabía y de ahí que se que se le escapara aquello de “sé que esto me va a costar una huelga general”. Así que, cinismo el imprescindible.

Tanta lapidación a las masas tenía que tener inevitablemente una respuesta social, un aviso, al menos, y el mismo ha venido en las primeras elecciones que se han presentado: las asturianas y las andaluzas. El que fuera ‘niño Arenas’ se ha estrellado por cuarta vez en Andalucía cuando ya acariciaba las mieles -de la edad madura, pero mieles- de la victoria, y a nadie le cabe duda de que la respuesta de los andaluces al universo de la gaviota tiene mucho que ver la política económico-social del señor Rajoy; es decir, de aquel que manda en Arenas. Así que los ERE de la Junta y demás supuestas corruptelas asociadas han pesado menos en la balance que el negro futuro que al trabajador le espera con políticas como las que se nos vienen encima.

En Asturias ha ocurrido algo similar, aunque con elementos distorsionantes muy particulares. Los asturianos podrían haber seguido con Álvarez-Casco -qué remedio, para eso le votaron más a él-, pero ese órdago de ‘ahora me hacen pinza, ahora convoco elecciones’ es difícil de entender por el pueblo llano, ése que tan finamente definió Sieyés en su ‘El Tercer Estado’.

A Rajoy le quedan cuatro años menos cien días de Gobierno, y no tiene citas electorales a la vista, salvo las autonómicas en el País Vasco, donde, efectivamente, el PP no es alternativa de Gobierno. Así que tiene las manos bastante libres para gobernar con una cierta comodidad política: su supermayoría absoluta en el Parlamento se lo permite, y el no tener nuevos proceso electorales pendientes le libra de la presión de sus ‘barones’. Pero, ¿tiene segura la calle? Si la ecuación del pacto para el Estado de bienestar se basaba en un ‘yo te ofrezco paz social a cambio de bienestar’ se rompe, habría que preguntarse: ¿quiere Rajoy una Grecia en España? ¿Está dispuesto a llevar fuego a las calles por seguir obediente los dictados de Merkel?

Con la reforma laboral, el propio Rajoy ha admitido que España va a perder otros 630.000 puestos de trabajo. Nos ponemos en los 6.00.000 (seis) millones, y el último millón lo será con Rajoy. La salida sólo parece posible con un pacto de Estado. Zapatero no estuvo a la altura de esa necesidad. ¿Lo estará Rajoy?

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Nuevo tiempo de órganos y cornetas

La prosa de Felipe Alcaraz (Granada, 1943) es tan acerada como su lengua, pero igual de veraz. Por eso, su última novela lleva un subtítulo muy significativo: “Crónica novelada de los días de la Gran Crisis”. Editada por Almuzara, la editorial de Manuel Pimentel, “Tiempo de ruido y soledad” es una novela coral, una especie de tapiz donde se trenzan varias decenas de hebras en una prosa directa y una estructura vertiginosa.

Felipe Alcaraz no es, precisamente, un autor primerizo. Doctor en filología románica con una tesis sobre el concepto materialista de la literatura, es autor de tres libros de poesía y ocho novelas, entre ellas “Amor, enemigo mío”, donde aborda uno de los capítulos que más inciden en nuestras vidas personales; o la novela más reciente “La conjura de los poetas”, dedicada a la biografía ideológica del poeta granadino Javier Egea y publicada también por Almuzara en 2010.

En todas sus obras la reivindicación social está a flor de línea; no en vano, Alcaraz ha estado activísimo en la política la mayor parte de su vida a través del PCE, y luego de Izquierda Unida, pero ahora, Alcaraz, volcado por completo en la literatura como escritor sus escritos reflejan la realidad circundante con toda su crudeza.

No extraña, pues, que “Tiempo de ruido y soledad”, su última novela, sea un en realidad un espacio público lleno del ruido de la sociedad actual, donde se cruzan personajes muy conocidos de la política, con sus nombres reales, con personajes de ficción. Resulta finalmente una crónica casi cinematográfica que, con el telón de fondo de la crisis económica y social que nos envuelve y masacra, revela las conspiraciones políticas que la acompañan, las políticas adoptadas y sus consecuencias ideológicas, culturales y sociales, en un momento en que la maquinaria financiera que impulsa al sistema aparece desnuda, sin disfraz alguno, ante la mirada atónita de la ciudadanía.

“Tiempo de ruido y soledad” es la primera entrega de la trilogía “La disciplina de la derrota”, que el autor prepara con crudeza extrema, y contiene, de la mano de personajes que luchan por darle un sentido histórico a su vida, los rasgos de la derrota de esa cierta izquierda que ha querido “combatir a la derecha pareciéndose a ella”, como dice el autor, o que ha intentado superar su fracaso asumiendo los valores de su adversario.

Nos ajustamos a la realidad si señalamos que en la novela palpita un tiempo desconcertado, donde el ruido y la política convertida en simulacro sustituyen a los colectivos, absolutamente desmovilizados. Por ejemplo, un personaje se refiere a esta situación como la crónica no escrita de una paz social interminable.

Entre sus líneas, Alcaraz nos va descubriendo cómo a la apatía secular de este pueblo de la vieja Iberia se suma la que recorre el franquismo, la Transición democrática o la que atraviesa la sociedad española durante los cambios y ajustes que introduce la estrategia neoliberal que nos avasalla.

“Tiempos ruido y soledad” es, efectivamente, un ruido, mezcla de espectáculo y competitividad, cuyo reverso exacto -más bien su final anunciado- es la soledad, la nueva soledad producida y extendida por el capitalismo avanzado. Alcaraz nos introduce en una paisaje situado en una realidad social y laboral que aísla a la gente a través de un dominio vertical sobre cada uno y que, en parte, diluye el concepto de clase social y la propia función de los sindicatos y fuerzas políticas.

Acaso por eso al autor no le extraña la aparición de fenómenos sociales nuevos, totalmente inesperados, como el llamado 15-M, el movimiento de los “indignados”, que funcionan en la novela como una especie de voz colectiva contra una democracia trucada.

Un personaje femenino, Genara Sampedro, recorre toda la novela. Lo femenino, claro, no podía faltar en una obra de Alcaraz, y en Genara el autor ha sintetizado la lucha por recuperar un sentido histórico de las cosas a fin de pensar la vida como algo susceptible de ser cambiado, con un drama personal que contamina el resto de sus sentimientos y la atenaza a través de un complejo de culpa.

En fin, que como dice uno de los personajes, el profesor Gómez Arboleya: “La soledad es la marca de estos tiempos. Pero lo sabemos. Y eso sigue siendo importante… que alguna vez podamos hablar sabiendo lo que sabemos”. Sí, lo sabemos, pero, ¡ay!, ¡ese “Tiempo de ruido y soledad” suena tanto a ese otro “Tiempo de órganos y cornetas”…!

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Rajoy y su plebiscito andaluz

Si el domingo el PP arrasa en Andalucía la lectura que se hará en la madrileña calle Génova está muy clara: los españoles han revalidado la dura política económica de Rajoy, su política social diseñada en los diferentes departamentos y, sobre todo, la reforma laboral. Es decir, si Arenas obtiene la mayoría absoluta en Andalucía, Rajoy se sentirá refrendado para sobrepasar el programa electoral con el que se presentó a las elecciones del 20 de noviembre.

Las elecciones autonómicas en Andalucía significan para los dos principales partidos mucho más que un gobierno autonómico; en las sedes nacionales del PSOE y del PP se lo han planteado como un rechazo a la política de Rajoy, en el primero de los casos, o como un refrendo a sus medidas, en el segundo. Es decir, que entienden ambos que la legitimación o deslegitimación de la política nacional emprendida por Rajoy a nivel nacional pasa por una prueba de fuego en Andalucía.

Así es como los estrategas socialistas y populares han entendido y desarrollado la campaña andaluza, más centrada en la política nacional que en la meramente autonómica. Los mensajes a lo largo de estas dos últimas semanas de campaña han estado claros en ambos sentidos, y por eso han bajado a fajarse en la arena los dos líderes nacionales, Pérez Rubalcaba y su equipo federal contra Mariano Rajoy y sus ministros ‘de Madrid’.

Pérez Rubalcaba ha desarrollado una campaña en Andalucía no entrando en la supuesta corrupción de la Junta que preside José Antonio Griñán, sino descalificando con sólidos argumentos la política económica que está realizando Rajoy, y especialmente la reforma laboral. Una labor en la que ha sido ayudado por toda su ejecutiva federal, pero que en estos días ha recibido un importante acopio de material ofensivo con Felipe González -se quiera o no, muy reconocido aún en Andalucía- y el informe de la Fundación Ideas, de Caldera, que se confirma que la reforma laboral de Rajoy provocará en Andalucía 150.000 nuevos parados y bajará su PIB un 2,7 %.

Se ha tratado, sobre todo, de impedir que el popular Javier Arenas obtenga mayoría absoluta, porque en el PSOE saben que con la ofensiva pepera sobre los ERE’s y demás corruptelas pretéritas de la Junta, los resultado electorales no son van a ser nada buenos para los socialistas.

Así que lo que se trataba de lograr era que con la suma de IU, PSOE y quizá alguna fuerza más Griñán pueda seguir gobernando e impedir así un la imagen de un refrendo andaluza a la reforma laboral, los recortes sociales en sanidad y educación, al desmantelamiento del estado de bienestar y, sobre todo, a los que nos espera por ver con los Presupuestos Generales del Estado para 2012, voluntariamente retrasados por Rajoy hasta después de los comicios del 25 de marzo.

Por el contrario, los estrategas de la calle Génova han buscado -claro está- justamente lo contrario.

No se trataba sólo de lograr una mayoría absoluta de Arenas para arrebatar Andalucía al PSOE, sino de mucho más: primero, de hundir al socialismo en general, porque la supuestamente corrupción en Andalucía se puede, supuestamente también, elevar a nivel nacional; segundo, sembrar dudas sobre el equipo de Rubalcaba, que ya fue el gran perdedor en las elecciones generales del 20-N pero que ahora ‘revalida’ esa imagen de escasa confianza en los españoles, es decir, que le desactiva y desautoriza como líder de la oposición, y tercero, y más importante, que una victoria aplastante en Andalucía refrendará la dureza económico-social del equipo de Rajoy.

Entienden en Génova que si Andalucía -una región históricamente socialista- da el vuelco ahora, justo después de todos los anuncios sociales restrictivos -desde el Ministerio de Justicia, de Ruiz-Gallardón, hasta el de Sanidad- y de la reforma laboral, que constituye, al decir de los sindicatos y el PSOE, la más grave agresión contra los derechos de los trabajadores que se conoce en democracia, está claro que el pueblo español refrenda la política de Rajoy. Y ya se sabe, sarna con gusto, no pica.

Bajo esos parámetros se ha movido hasta el final una campaña atípica, plagada de denuncias de ‘corrupción’ y de ‘agresiones’ contra los derechos sociales, porque Andalucía ha significado estas elecciones un experimento nacional, sólo que en clave de refrendo.

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Subida de impuestos y copago

No hay diferencia o ventaja alguna en la cesión ‘teóricamente’ hecha por el Eurogrupo a España al situar el objetivo de déficit para el 2012 en el 5,3 %, y no el 5,8 propuesto por Rajoy. Así lo creen los grupos parlamentarios, y así lo cree especialmente el nacionalista vasco Josu Erkoreka que cree que “todo apunta” a una subida del IVA que el Gobierno considera “inevitable”. Como avanzó Diariocrítico en primicia, tras las elecciones andaluzas y asturianas del 25 de marzo, Rajoy procederá a subir el IVA y los impuestos especiales y el Gobierno ‘avanzará’ en una fórmula de copago en sanidad y en otros sectores.

Ante estos objetivos de déficit, el portavoz nacionalista vasco, Josu Erkoreka, teme una subida del IVA y ha señalado este martes que siempre ha sospechado “que estaba en ciernes y que por mucho que dijera el Gobierno que no es su intención, lo consideraba inevitable”, por lo que cree Erkoreka que “todo apunta en esa dirección”.

Pero Diariocrítico ya lo había avanzado antes, incluso, de que el Gobierno aprobará el techo de déficit: decíamos el 7 de marzo que ‘después’ del día 25 -fecha de los comicios en Andalucía y en Asturias- se pondrían en marchar los ‘planes ocultos’ del equipo económico de Mariano Rajoy para el segundo trimestre del año en curso: subidas del IVA y de impuestos especiales e implantación gradual de cierto copago en sanidad y justicia en primer lugar. Erkoreka se suma ahora a esos temores, pese a los continuos desmentidos de Rajoy.

Tras la decisión del Eurogrupo, el portavoz vasco considera que “la Unión Europea ha pedido a España que suba tres escalones en dos pasos y eso no ha cambiado. Esto continúa exactamente igual y yo no veo mucha diferencia en que haya que subir con el primer paso dos escalones o que sea al revés, porque el punto de partida y el punto final son exactamente los mismos y el esfuerzo global va a tener que ser idéntico”. Erkoreka se refiere así al hecho de que España deberá cumplir en cualquier caso el objetivo del 3 % de déficit en 2013.

Respecto a los compromisos de las CCAA y las entidades locales, Erkoreka ha afirmado también que “es evidente que el nuevo objetivo deberá reflejarse en la asignación del déficit en todos los niveles administrativos”, y ha insistido en que a pesar del reajuste el esfuerzo global será el mismo de cara al 2013, “salvo que el propósito del Gobierno sea volver a plantear la guerra con respecto al déficit del año que viene”.

Ante estos objetivos de déficit, Erkoreka teme una subida del IVA y ha señalado que siempre ha sospechado “que estaba en ciernes y que por mucho que dijera el Gobierno que no es su intención, lo consideraba inevitable” por lo que cree Erkoreka que “todo apunta en esa dirección”.

En relación al debate en el Congreso de los Diputados sobre el techo de gasto, Erkoreka ha comunicado que el Grupo Vasco se va abstener en la votación, “en línea con lo que hemos hecho en los últimos años. Una cifra macroeconómica aporta muy poco y supone un avance muy poco preciso en lo que se refiere a la definición de las cuentas públicas correspondientes a este año; por tanto, nos abstendremos y ya tendremos ocasión de fijar una posición más profunda ante los Presupuestos Generales del Estado para 2012″.

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Chulapas y flamencas para una contrarreforma laboral

“Señora ministra, le he animado el auditorio, ¿eh?”. Soraya Rodríguez, en su papel de ‘Manola’ de Lavapiés, jaleaba así a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que en plan flamenca en jarras, peineta en los pelos y castañuelas en las manos, defendería a grito pelado desde la tribuna del Congreso de los Diputados la durísima contrarreforma laboral de Rajoy. ‘Manola’ y ‘flamenca’ han debatido así, muy ceñidas a sus personajes de guiñol sin autor, una de las reformas más serias que afronta España en los últimos años, por lo que supone de ruptura del modelo clásico y constitucional de concebir las relaciones entre los agentes sociales.

Hubo en pasillos quien recordó a los atildados y circunspectos pero brillantes oradores decimonónicos o de principios del siglo XX: los cánovas y los sagastas de turno, incluso las oratorias de la II República, y sin ir más lejos a los propios constituyentes del 77. “El nivel se ha perdido”, susurraba alguien en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso. Pero, ¿de qué nivel hablamos y cuándo se perdió? Cierto es, no obstante, que nunca antes un debate de la importancia de éste sobre la (contra)reforma laboral que tan decisiva puede llegar a ser en las relaciones entre los agentes sociales -corre peligro la paz social y el compromiso de no conflictividad en las empresas- había alcanzado un nivel más bajo, un nivel tan barriobajero.

La sesión comenzó puntualmente a las nueve de la mañana, pero con una entrada de apenas un tercio del tendido. La ministra Báñez leyó en 20 minutos exactos el papel que le habían preparado: aún conservaba su rol institucional. Su oponente, la socialista Soraya Rodríguez, salió al coso ya con el rol de ‘Manola’: pancarta y charanga, timbre pasado de decibelios, cuerdas vocales inflamadas e imagen de mitin en tarima. Pero mientras Soraya se encendía paulatinamente mientras hablaba, Báñez se preparaba el atuendo de flamenca y reía las ocurrencias de sus compañeros de gobierno y de escaño José Ignacio Wert, a su izquierda, y José Manuel Soria, a su derecha.

El reloj marcaba las 9.35 horas y el aforo contaba ya con media entrada. Aún faltaban muchos diputados cuando los de Amaiur entraron en el hemiciclo justo cuando terminaba de hablar Soraya, seguidos por escasos segundos por el que fuera ministro de Trabajo, Jesús Caldera, tan impuntual como los abertzales de izquierda. Mientras, la otra Soraya -Sáenz de Santamaría- abandonaba el semi-ruedo instantes antes de la entrada de Errekondo. No pudo oír, por tanto, cómo su tocaya y paisana de Valladolid -aunque hoy traspasada a Lavapiés- les lanzaba una durísima acusación: “[La reforma laboral] es el ajuste de cuentas de la derecha más conservadora de este país contra los derechos de los trabajadores”. Báñez, miraba con resabio desde su escaño, tomaba notas y afilaba las castañuelas. Mariano Rajoy estaba ausente -es decir, no presente-.

La réplica de Báñez no tuvo desperdicio: flamenca en plan faraona, vistió su discurso de tonos y adornos tan de corrala como su opositora socialista. Brazos en jarras, a cada frase ocurrente un repiqueteo de castañuelas de Huelva (a escasos kilómetros de Lepe): el mismo esfuerzo de laringe y tono pancartero: “Vergüenza les debería dar que con los fondos sociales se lucren en Andalucía tres compañeros socialistas”. Los EREs salieron a escena (la campaña electoral andaluza comienza esta noche). “Para campeones del despido está el Gobierno socialista”, y otras frases hechas y oídas, pero contundentes. Los escaños de la derecha ardían.

Cerca de las 10.00 horas, la dúplica de Soraya Rodríguez se vestía de mantón de Manila: “Señora ministra, le he animado el auditorio, ¿eh?”. El semi-ruedo se había ido llenando: incluso el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llegaba a las 10.01 horas, justo con la vallisoletana preguntaba por él, produciendo las consabidas risas. Rajoy llegaba al final, pero la otra Soraya -la vicepresidenta, que había vuelto a entrar- volvía a salir acompañada de la ministra Pastor, y no pudo escuchar el alegato final de su tocaya y paisana: “Me da vergüenza escuchar en esta Cámara proclamas vacías como las que hizo ayer el ministro de Justicia, señor Gallardón [a cuenta de la violencia de género, el aborto y el derecho a la vida]“.

El presidente Posada se desesperaba: “¡Que acabe ya, señoría¿”. “¡Que ya acabooooo!”, pero Soraya seguía hablando y golpeando sin querer -pero sin misericordia- los dos micrófonos que como pitones salían del atril. Luego vendrían las palabras gruesas de ERC (calificando de terrorismo la reforma laboral) y de Amaiur, protestando agriamente ante Celia Villalobos -que había sustituido a Posada en la Presidencia- por el tiempo que les daba para hablar y que no se ajustaba a lo pactado. Pero el debate entre el Gobierno y el principal partido de la oposición ha sido, sin duda, muy poco gratificante.

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Fracasa el plan de los ‘rubalcabistas’ de hacerse con el control del PSOE

Los rubalcabistas lo tenían todo previsto antes de las elecciones: dimisión de Zapatero como secretario general y que una gestora bajo la batuta de Rubalcaba pilotara el Congreso a celebrar a principios de 2012, como adelantó Diariocrítico el pasado día 19. Pero la ‘gota fría’ de los resultados de las elecciones les ha devuelto a la realidad. Tras el hundimiento del 20-N, Zapatero ha sacado pecho y ha desbaratado los planes rubalcabistas para hacerse con el poder: será él quien pilote el Congreso, que será un cónclave abierto, democrático y participativo en el que se admitirán más candidatos. Mientras tanto, la izquierda socialista cuestiona a Zapatero, Rubalcaba y Chacón: “No pueden ser ellos quienes piloten el cambio”, nos dicen.

Nunca antes la frase “corren vientos de fronda” ha servido de forma tan explícita para definir la situación en la que vive el PSOE. El hundimiento socialista el 20-N está haciendo aflorar las contradicciones internas, junto a las propias ambiciones personales, las cuales, por cierto, han quedado muy tocadas. La primera señal de alerta viene de Cataluña: el PSC afronta dentro de dos semanas -los días 14, 15 y 16 de diciembre- un Congreso fundamental en el que se juegan la propia subsistencia del PSC.

Algunos socialistas catalanes han encontrado una fórmula para que el PSC recobre en su XII Congreso nacional el equilibro necesario… y su propia subsistencia. Parece que se está conformando una nueva mayoría en torno a Pere Navarro (Terrassa, 1959), el carismático alcalde de Terrassa que ha aguantado muy bien el tirón en los dos últimos comicios electorales: las municipales del 22 de mayo y estas generales del 20-N, en las que, pese al tirón nacionalista de CiU, el PSC, aunque bajando respecto a 2008, ha ganado por más de dos puntos a la formación de Durán i Lleida.

Es importante este Congreso de cara al Federal convocado el lunes por Zapatero. Porque, entre otras cosas, del resultado del cónclave del PSC va a depender en buena medida la presentación de la candidatura de Carme Chacón a la Secretaría General del PSOE. Chacón aún no ha hablado con sus apoyos en Cataluña; es decir, no se sabe en realidad qué es lo que piensa hacer, pero parece que este fin de semana puede haber importantes novedades internas en Cataluña: de ahí puede salir una decisión que, según todos los indicios, no se pondría en marcha hasta inmediatamente después del 16 de diciembre, tras la clausura del Congreso del PSC.

La izquierda socialista los cuestiona a todos

Quienes sí han hablado son los representantes de la Esquerra Socialista de Catalunya, el equivalente catalán de Izquierda Socialista a nivel federal. Y lo han hecho con una dureza singular: haciendo caer el peso de la culpa a Rodríguez Zapatero, pero haciendo partícipe de la misma a Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre el que muestran escaso respeto por su “sectarismo”.

Cierto es que el sector izquierdista del PSC apenas cuenta -”son apenas cuatro”, nos dicen fuentes socialistas-, pero coinciden con Izquierda Socialista a nivel nacional, con un índice de representación interno probablemente superior al 15 %. Un porcentaje nada despreciable para ningún candidato de los que puedan presentarse a la Secretaría General; un porcentaje, igualmente, que le va a pasar factura a Rubalcaba: nadie olvida dentro de IS que ha sido Rubalcaba el que los ha laminado, sacándolos de las listas electorales -el ejemplo más sangrante es el del ya ex diputado por Madrid Juan Antonio Barrio de Penagos, que hizo una excelente labor en la pasada legislatura- para meter a sus acólitos y más próximos.

Zapatero bate y rebate a los rubalcabistas

Así las cosas, y tras la humillante derrota electoral del 20-N, Zapatero ha sacado el poco pecho que le quedaba. El pasado 19 de noviembre, en el día de reflexión electoral, Diariocrítico les contaba cómo grupos de militantes socialistas que se dicen afines a Pérez Rubalcaba se planteaban presionar a Rodríguez Zapatero para que dimitiera como secretario general del partido el propio lunes 21 de noviembre, en la reunión del Comité Ejecutivo del PSOE.

La idea era que se nombrara una gestora y que Rubalcaba, al frente de la misma, pilotara el Congreso Federal. Así no habría dudas: el cántabro llevaría en la mano todas las papeletas para hacerse con la Secretaría General. Pero los planes fallan, sobre todo por la humillación de la derrota: el domingo 20 de noviembre Rubalcaba dejó al PSOE en el subsuelo, cerca del núcleo terrestre. Ante tal resultado, Zapatero ha sacado pecho y ha convocado un Congreso que él mismo pilotará: un Congreso que quiere que sea amplio, democrático y participativo, con diversas candidaturas y no ‘candidatos por aclamación’ como ocurrió en las anteriores primarias.

La pelea por la dirección en el Grupo Socialista

Así, las cosas se han complicado: “Esto es un erial”, nos dicen medios socialistas, “sólo cabe esperar acontecimientos a ver qué pasa”. El primer acontecimiento, no obstante, será la elección de la dirección del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

“La pelea no va a estar en el cargo de portavoz, sino de la dirección del Grupo”, según medios del PSOE, que dan por supuesto que el portavoz, al menos de momento, tiene que ser el que se presentó como candidato; es decir, Pérez Rubalcaba. Y parece que en este punto hay un cierto acuerdo. Ahora bien, ¿quién presidirá el Grupo, quién la Secretaría General, quiénes formarán la dirección al completo? Eso ya es otra cosa.

Hay quien apuesta por Eduardo Madina, pero también hay quien le ve demasiado joven e inexperto. Hay quien piensa en Carme Chacón, pero la presión a este respecto viene desde el ámbito catalán y antes de que Chacón se pronuncie sobre sus aspiraciones y antes incluso de que el PSC resuelva su situación crítica.

Candidatos a la Secretaría General

En cualquier caso, pase lo que pase en la conformación del Grupo Parlamentario, formar parte de la dirección del mismo no será suficiente de cara al Congreso Federal. Ya están saliéndole ‘novio’ al cargo de la Secretaría General. Y podría ocurrir, como piensan algunos, que esto será algo muy parecido al año 2000: que se abra el ring y que cada palo aguante su vela.

Si en el año 2000 hubo 4 candidatos -Zapatero, Bono, Matilde Fernández yRosa Díez- ahora puede haber incluso más, y por expreso deseo de Zapatero. Se citan algunos nombres ya: Rubalcaba, Chacón, Madina, Juan Fernando López Aguilar (sic)… Y, curiosamente, nadie habla del lehendakari Patxi López, y nadie habla porque no lo va a ser; no sólo porque ya lo ha dicho el mismo, sino porque “¿cómo se puede ser candidato sin ser siquiera diputado?”, nos preguntan. Alguna razón llevan.

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De nuevo, en red… o casi

Por alguna razón no se ven los anteriores post. Los fantasmagóricos bits actúan de nuevo.

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Rubalcaba, un showman en busca de autor

Aportaciones, ninguna; respuestas, menos aún, pero show, lo que se dice show, un rato: con Pérez Rubalcaba está garantizado el rifirrafe y hasta la desganada carcajada. El vicepresidente primero, ministro del Interior, portavoz del Gobierno y candidato a suceder a Zapatero tiene muchas virtudes; por ejemplo, la del hombre invisible cuando se tercia (“El hombre sin sombra”); la de vengador justiciero (“The Punisher”), o la de del abracadabra (“El ilusionista”), faceta esta última que ha desarrollado inconmensurablemente en la sesión de control de este miércoles. Con un simple pase de varita ha cambiado el espíritu y letra del Reglamento de la Cámara: de ser él el sometido al control parlamentario se ha trocado en el controlador de la oposición… en este caso, de Rosa Díez y de Soraya Sáenz de Santamaría (¿adivina ya Rubalcaba que el cambio de Gobierno es inminente y se está preparando para su nuevo papel?).

Sorprende tal torpeza por parte de uno de los políticos más hábiles de este país (dicho sea sin sorma y hasta con admiración). Rubalcaba es como la savia del beleño, que mata de forma lenta, pero segura: a pequeñas dosis produce vómitos, cólico y diarrea con sangre, pero a dosis mayores inflama los riñones, produce vértigos y excitación nerviosa hasta paralizar el sistema nervioso central y conducir a la muerte. Es una buena técnica, pero la dosis se le ha ido de las manos a nuestro taumaturgo en la sesión de este miércoles.

Sólo hay que echarle un vistazo al acta de la sesión, especialmente en lo que concierne a su antigua compañera de partido -y, no obstante, no amiga- Rosa Díez: de interrogado ha pasado a interrogador (del puesto que se ocupa, ¿todo se pega menos la hermosura?), de Gobierno ha pasado a opositor. Las actas cantan, y la que sigue lo hace por sí sola:

El señor PRESIDENTE: Preguntas para el señor vicepresidente primero del Gobierno. Para formular la primera tiene la palabra doña Rosa Díez.

La señora DÍEZ GONZÁLEZ: Señor Pérez Rubalcaba, ha sido usted tan cómplice del desaguisado que ahora mismo no sabría decir quién fue el chef y quién el ayudante cuando se fue cocinando la crisis política e institucional que ha precedido a la crisis económica que hoy padecemos, una crisis que empobrece nuestro presente y lastra nuestro futuro. ¿Qué puede usted ofrecer a España junto con Rodríguez Zapatero si junto con él ha impulsado la deconstrucción del Estado y ha sido el artífice de las políticas más antisociales de nuestra joven democracia?

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señora Díez. Señor vicepresidente del Gobierno.

El señor VICEPRESIDENTE PRIMERO DEL GOBIERNO Y MINISTRO DEL INTERIOR (Pérez Rubalcaba): Muchas gracias, señor presidente. Me preguntaba usted, que es la pregunta que tengo, si yo me sentía corresponsable de las políticas del Gobierno y le contesto que sí, naturalmente. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor vicepresidente. Señora Díez. (Rumores.) Silencio.

La señora DÍEZ GONZÁLEZ: Pues bien, usted debe asumir que es políticamente responsable de todo lo que ha ocurrido en España en los últimos siete años. Usted no hizo nada en la primera legislatura de gobierno, cuando Zapatero rompió todos los pactos de Estado, empezando por el de política antiterrorista. Usted no hizo nada cuando Zapatero rompió el espíritu de la transición y decidió enfrentar a los españoles territorial e ideológicamente. (Un señor diputado: ¡Qué bruta!)

Usted y su partido decidieron congelar las pensiones, reducir los recursos para la dependencia, rebajar los salarios de los profesores, de los policías, los médicos, las enfermeras, los guardias civiles. Usted y su partido rechazaron nuestra propuesta de limitar el gasto autonómico cuando era el momento adecuado, y ahora deben hacerlo por imperativo de Bruselas y del Fondo Monetario Internacional.

Usted y su partido han rechazado todas nuestras propuestas para reformar un sistema electoral profundamente injusto, que perpetúa el bipartidismo y aleja a los ciudadanos de la política. Usted es responsable de las políticas económicas que han provocado 5 millones de parados. Usted es responsable de que el 45 por ciento de nuestros jóvenes esté en paro. Usted es responsable de que más de 9 millones de ciudadanos españoles vivan bajo el umbral de la pobreza. Y finalmente, para nuestra desgracia, usted y su partido son también responsables de que los testaferros de ETA estén hoy en las instituciones vascas. (Rumores. -Protestas.)

El señor PRESIDENTE: Silencio, por favor. Un momento, por favor. Silencio.

La señora DÍEZ GONZÁLEZ: Y ahora, señor Pérez Rubalcaba, don Alfredo, nos dice usted que sabe lo que hay que hacer para salir de la crisis. Usted, que es el vicerresponsable primero de haber creado esta crisis política y esta crisis económica. Mire, usted no es Panoramix ni tiene la poción mágica del druida. Usted, señor Pérez Rubalcaba, solo puede prestar un servicio útil a España, pedirle a su jefe que convoque elecciones ya, en defensa del interés general, y si me apura…

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señora Díez. Se le acabó el tiempo.  (Rumores.) Silencio, por favor. Señor vicepresidente.

El señor VICEPRESIDENTE PRIMERO DEL GOBIERNO Y MINISTRO DEL INTERIOR (Pérez Rubalcaba) Gracias, señor presidente. Hay una cosa que sí quiero decirle de entrada. De lo que sí me siento responsable, absolutamente responsable, es de que ETA esté en el peor momento de su historia (Aplausos.) y de que el Estado esté en el mejor momento de su historia. De eso me siento absolutamente responsable, de que ETA esté en el peor momento de su historia. (Rumores.)

Dicho esto, es la segunda pregunta que me hace, señora Díez, y ha hecho usted un bis, que consiste en lo siguiente. Usted busca todo lo malo que haya y ahí va, para el señor Rubalcaba. (Rumores.) Como ha hecho usted una pregunta ad hominem, completamente ad hominem, llena de acusaciones ad hominem, me voy a permitir una respuesta del mismo tenor. Si algo lamento es no poder preguntar yo, porque ¿sabe lo que le preguntaría? Le preguntaría: ¿Se considera usted corresponsable de las políticas que hizo el Gobierno de Ardanza cuando usted era miembro de ese Gobierno? (Rumores.) ¿Se considera usted corresponsable? (Rumores. -Un señor diputado pronuncia palabras que no se perciben.)

El señor PRESIDENTE: Silencio, por favor.

El señor VICEPRESIDENTE PRIMERO DEL GOBIERNO Y MINISTRO DEL INTERIOR (Pérez Rubalcaba): No la defiendan, si se sabe defender sola. Y la siguiente pregunta es: ¿se considera usted corresponsable no de las políticas que  hizo el Gobierno de Ardanza, de las que hizo usted cuando era consejera? Y sobre todo, ¿le parece que esas políticas que hizo usted cuando era consejera son compatibles con lo que usted está defendiendo en esta Cámara ahora? Porque yo le digo taxativamente que no. Y eso me lleva a una última personalización.

Mire, la diferencia entre usted y yo es que yo soy una persona coherente, y de su coherencia dan buena prueba las hemerotecas. Y por cierto, no vuelva a hablar aquí de chefs, porque me acuerdo de la marisquería de Madrid donde usted ha pactado que el Ayuntamiento de Getafe fuera para el PP. Muchas gracias. (Varios señores diputados: ¡Muy bien!-Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias.

[Sic]

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