Campeones mundiales en baloncesto. ¡Tomad nota, inútiles futboleros!
¡Campones, campeones, oé, oé, oé…! Y de verdad, de verdad dela buena y olé, olé, olé. Los del baloncesto, escribo, no los inútiles del ‘furbor’, que pronunciaría -o lo que haga cuando habla- el ínclito Villar. Y es que en el superprofesionalizado deporte moderno no hay nada casual. Los éxitos y las decepciones, sobre todo en los deportes de equipo, llegan siempre después de grandes aciertos o errores desde la planificación a la actuación final de jugadores y técnicos, aunque sin olvidar ese punto de suerte necesaria para cualquier campeón.
Y la extraordinaria actuación, y trayectoria, del ‘superequipo’ español de baloncesto en este Mundial de Japón tiene de todo, en su causalidad, menos casualidad –aunque sean palabras tan similares-. España y sus ‘chicos de oro’, vencedores del Mundial juvenil en 1999, han culminado por ahora su trayectoria con este título absoluto, lo más grande que ha hecho el deporte del basket en su historia, y con la plusvalía añadida de la ausencia del líder Pau Gasol en la final. Y ahí se demuestra lo que es un equipo/equipo, capaz de no acusar las ausencias con un punto más de esfuerzo, solidaridad y juramentación entre el resto de compañeros, y en este caso amigos
Sin olvidar la excelente planificación federativa, al margen de quién fuera el seleccionador de turno, que también tiene su parte de ’culpa’ en este campeonato logrado, las claves del éxito han estado en jugadores y técnico. Empezando por éste –aunque sin olvidar a sus ayudantes ‘Chichi’ Creus, Rafael Vecina y Jenaro Díaz-, el sabio José Vicente ‘Pepu’ Hernández, que ya hizo locuras con Estudiantes hace años, llevándolo a ganar una Copa del Rey y un subcampeonato europeo de la Korac. Y que, más allá de cuestiones técnicas y tácticas –en baloncesto está todo inventado- y a pesar de llevar escasos meses al frente del combinado, ha sabido dotarlo del espíritu de victoria. Los ha convencido de que eran o podían ser los mejores, que debían salir al campo con esa idea de máxima competitividad en la mente.
Porque con este denominador común y el añadido de la humildad, la pelea, la sangre, sudor y lágrimas, se tenía andado ya el camino en gran parte, ya que el resto lo ponía la calidad incuestionable de los jugadores. Pero quizás la mayor aportación de ‘Pepu’ haya sido la personalidad de definir enseguida quiénes eran titulares y reservas, pero dando a estos últimos la trascendencia que deben aportar en un deporte con tantos cambios en cada partido. Y los reservas, que comparten con los titulares la calidad humana también, lo entendieron desde el primer momento y salían a la cancha sintiéndose tan importantes como los primeros.
Y los titulares, sabiendo que debían de mostrarlo a cada momento y que sus compañeros desde el banquillo –siempre animándoles- saltaban a la cancha a sustituirles al cien por cien y para demostrar que su aportación era no sólo importante, sino imprescindible para ganar. De modo que el mérito del campeonato es parigual en todos y se reparte equitativamente entre el cinco inicial de Calderón, Jiménez, Navarro, Garbajosa y Gasol, que en el resto. Porque Calderón aportó la regularidad, la gran capacidad para leer los encuentros, siendo la proyección en el campo del seleccionador, amén de su extraordinario tiro de dos y tres.
Pero sus dos ‘reservistas’, Carlos Cabezas y Sergio Rodríguez, también sacaron lo mejor de sí mismos. El de Unicaja con su ritmo diesel, con su ‘tran-tran’ para tranquilizar y dormir los partidos que lo necesitaban. Mientras que el descarado y jovencísimo de Estudiantes le echó desparpajo, se enchufó al turbo y descolocó a los rivales. Su aparición frente a Argentina, cuando más se habían distanciado los albiazules en el marcador, cambió el signo del mismo y fue trascendental para acabar ganando la semifinal y meterse en la finalísima.
Los aleros iniciales dieron la talla siempre: la ‘bomba’ Navarro –capaz de desdoblarse también como escolta- con algún altibajo pero partiéndose la cara siempre en los momentos difíciles y anotando un chorro de puntos, y Carlos Jiménez, con su habitual clarividencia para lanzar, y encestar casi siempre, en los momentos más propicios. Fueron dos aleros que rozaron la perfección. Mas no se quedaron atrás Berni Rodríguez, aguerrido y con enorme calidad también defensiva; Álex Mumbrú, con canastas inverosímiles y con sus ayudas a los bases ofreciéndose para recibir o como pantalla, y Rudy Fernández, certero en los tiros y listo para encontrar atascos y rendijas a la hora de lanzar y sacar de quicio a los rivales.
Lo único malo que ha tenido Gasol aconteció muy en contra de su voluntad: no jugar la finalísima –en la que su apoyo moral desde fuera de la cancha fue un catalizador al juramento de sus compañeros/amigos por su lesión en los minutos finales ante Argentina. El resto, una exhibición de poderío defensivo y ofensivo bajo los tableros; un portento en los tiros de la zona, de fuera y en las personales; una tremebunda facilidad en el uno contra uno, y una encastadísima capacidad de liderazgo y arrastre a todo el equipo. Todo ello le colocan no sólo como el ‘primum interpares’ español sino entre los mejores jugadores planetarios en la actualidad.
El otro titular indiscutible desde el principio, Garbajosa, fue el contrapunto esencial para Pau, ya que a pesar de su menor envergadura, se fajó con los pivots rivales que le buscaban para evitar a Gasol de igual a igual, a lo que añadió su fino olfato ofensivo hasta en los triples. Pero, como con bases y aleros, los del banquillo aportaron idéntico nivel en sus apariciones y fueron trascendentales ante los griegos para suplir a Gasol: Felipe Reyes, que superó su lesión del segundo partido en un tiempo récord y no la acusó después, y el ‘pequeño’ –en edad, 21 años, que no el altura, 2,11 solo 4 cm. menos que Pau- Marc Gasol, la apuesta personal de ‘Pepu’, a la que respondió a tope,
Y si hoy los aficionados españoles, y los que no lo son –aficionados, digo/escribo-, se han enganchado a tope con el espectáculo, el buen juego, las victorias y el título de la Selección de baloncesto, pueden estar tranquilos de cara al futuro. Porque, quizás el corolario mejor entre tantas alegrías, es que con una edad media de 25 años, el equipo nacional de baloncesto tiene un largo futuro por delante, en el que llegarán nuevos triunfos. Por ejemplo, en los ya casi inmediatos europeos de 2007 y Juegos Olímpicos de 2008. ¡Felicidades a todos! ¡Ah!, y ¡tomad nota, inútiles der furbor, aunque sé que no lo harés, sé que no lo haréis…!
6 dUTC septiembre dUTC 2006 a las 19:16
Que conste que envío esta nota, aparte de para señalar mi acuerdo absoluto con el comentario, para que se sepa que no me guía rencor a los futboleros. Solo que, en efecto, son unos inútiles, comparados con los de la canasta. Y me da igual lo que hagan dentro de unas horas, aunque goleen a Irlanda, como es su obligación, jamás de los jamases nos darán tanta gloria como estos Príncipes de Asturias del baloncesto. Como dijo Pepu: ba-lon-ces-to.
8 dUTC marzo dUTC 2007 a las 15:11
yo necesito lo de todos los mundiales