De Armstrong, el doping, la organización del Tour y los corporativismos

armstrong_210_2.jpgNo se sabe qué es peor, si los oscuros motivos franceses para airear seis años después el supuesto doping de Armstrong, o las declaraciones simplistas de éste en el sentido de que “en Francia odian a los norteamericanos por la guerra de Irak”, o el corporativismo de muchos colegas clamando contra esta filtración y defendiendo la inocencia del yanqui. Porque, muy posiblemente nunca se sabrá la verdadera verdad de la buena, pero al menos siempre quedará la duda ‘per omnia saecula saeculorum’ sobre las victorias de Armstrong.

Y, para más ‘inri’ (vivan los latines, ahora que ya casi ni se estudian), porque llama la atención que algunos de los rivales y principales perjudicados sean sus máximos defensores, como Olano, Escartín y Virenque entre los más famosos. Incluso otros anteriores, como los hasta hace poco poseedores del récord de victorias -con cinco- Induráin, Merckx e Hinault, igualmente casi se lo tomaron como una afrenta personal, a pesar de que Armstrong les ha superado en dos victorias. En fin, los corporativismos son así, y no creo que nuestra profesión de periodistas pueda lanzar la primera piedra, salvo excepciones. 
Pero, en fin, entrando en el meollo de la cuestión y remedando a Shakespeare  la frase de "algo huele a podrido en el ciclismo", que es denominador común entre aficionados, informadores especializados e incluso médicos independientes, se puede aplicar al norteamericano tras la filtración de que se dopó en el Tour de 1999. La cuestión nada baladí de las sospechas empeora moralmente. Escribo moralmente, porque al tratarse de análisis de muestras de aquella temporada, cuando la eritropoyetina (EPO) aún no se detectaba ni, por tanto, estaba prohibida (comenzó a hacerse en los JJ OO de Sydney ’2000), no tiene validez jurídica.

Pero el palo es gordo, tanto para el propio ciclista norteamericano heptacampeón del Tour, que siempre viajó con la eterna sospecha, como de nuevo para este durísimo deporte, que los organizadores se encargan de endurecer más buscando la espectacularidad de las retransmisiones televisivas, y con ella el aumento de los ingresos económicos. Algo que los equipos, no olvidemos que respaldados por firmas comerciales, se ven obligados a tragar, con lo que a los propios profesionales del pedal no les queda otra opción también que tragar. Y a su salud, que le den.
No así a su rendimiento, que de ello ya se encargan los médicos…de las formaciones ciclistas, cada día más especializados con sus inventos en ir por delante de la legalidad e intentar burlarla (tantas veces con magníficos resultados). Pero volviendo al nuevo ‘caso Armstrong’, la duda planeó sobre él desde el momento en que tras superar el cáncer de testículos, empezó a ganar más carreras que antes de tan terrible enfermedad. No era normal, y todo olía a chamusquina. Mas, aunque ahora parezca que, como titula ‘L’Equipe’, el yanki era y es "un tramposo", merced a esta revelación de 1999, ningún otro corredor ha soportado más análisis ‘antidoping’ que él, en su condición de primero de la general (y de muchas etapas), lo que le obligaba a una micción casi todos los días.

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Hasta el punto de que en las siete ediciones de la ronda francesa que se ha apuntado Armstrong, se le han realizado más de medio centenar de pruebas ‘antidoping’. ¡Y ninguna dio positiva!. De modo que, una vez retirado, y cuestiones morales aparte, la duda le perseguirá ‘per omnia sacula saeculorum’. Y será cuestión individual de cada aficionado creerle un heptacampeón del Tour (por cierto la única de las tres grandes rondas que le motivaba, pues jamás se dedicó a intentar ganar el Giro o la Vuelta) o un mentiroso.
Claro que hablando de ética, algo tan escaso en esta sociedad posmoderna y amante del capitalismo salvaje bajo la ley de que el fin (económico) justifica los medios (todos, incluso utilizar a esos hombres anuncio que son los ciclistas para que se fuercen más allá de lo saludablemente correcto, se exhiban y publiciten marcas), tampoco parece muy correcta la jugada del diario deportivo francés, tan chauvinista siempre.

Porque por (todavía) extrañas razones, la empresa editora de ‘L’Equipe’, tan implicada en la organización de la ronda gala, se ha guardado hasta ahora la noticia, cuya filtración desde el Laboratorio Nacional de Detección del Dopaje (LNDD) es prácticamente seguro que conocía con anterioridad. De modo que, ya puestos con el latín, habrá que aplicarle el ‘quo prodest’ (más latines y olé), el ‘a quien beneficia’. Quizás el periódico y el Laboratorio tengan guardada alguna sorpresa más.


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9 Respuestas a “De Armstrong, el doping, la organización del Tour y los corporativismos”

  1. andres sanchez Dice:

    Vamos a dejarnos de medias verdades, que son mentiras en realidad, y llamar las cosas por su nombre. Armstrong, como Induráun, Hinault y los grandes campeones, iban ciegos de doping, como todos, pero como eran los mejores, pues ganaban. Como ocurre ahora con Heras en la Vuelta. Atrévnase a escribirlo, señores informadores, atrévanse.

  2. José Javier Dice:

    Yo no tengo la menor duda de que el dopping y el ciclismo profesional van de la mano. Es un deporte de una dureza extrema.

    Mi crítica es ¿porqué ahora? ¿porqué no cuando todavía estaba en activo? ¿tanto dinero daba a ganar al TOUR que no les interesó hacerlo entonces?

  3. adolfo blesa Dice:

    Totalmente de auerdo con José Javier. Pero no sólo doping y ciclismo, sino muchos más. Y el ejemplo está en el fútbol italiano, que no será muy distinto del español, sólo que aquí no se analiza aún. Y también digo lo mismo, como en el artículo del blog, ¿qué extraños intereses busca L’equipe?. Con el tiempo se sabrá. De momento, Armstroin contrataca diciendo que igual vuelve el año que viene, olvidándose de su retirada, para ganar otro Tour. Esto se pone interesante.

  4. soledad garcia Dice:

    Todo eso es verdad, pero también hay sospechas en el resto de carreras. Como en la actual Vuelta a España, donde Heras es superHeras unos días, luego es mediocre, luego pega el leñazo y gana la carrera casi ya. O Menchov, bien, después muy bien, luego pega el petardo etc. O sea que hay que tragar con todo o sospechar con todo pero sin discriminar por ese chauvinismo tan francés. A ver si vuelve Armstrong y pega otra lección ganando otro Tour y sin dar positivo en ningún análisis.

  5. Adrián Echeverría Dice:

    En cuestiones de doping, no hay discusión, el ciclista que salga con alguna droga sea cual sea, incurre en fraude, sea este el “mejor” o el peor. Hay que ser realistas Lance Armstrong utilizó EPO y gano gracias a eso el tour del 1999, además me atrevo a decir que talvez igualmente gano así el tour del 2000 y del 2001.
    Lance Armstrong es un fraude y le ha quitado injustamente la victoria a Alex Zulle y sino dos veces a Jan Ullrich.

  6. Eduard Dice:

    Soy un niño de 14 años, y no tengo la menor duda de que todos los ciclistas provesionales toman drogas i subsancies estupefaentes.
    Es imposible que una persona aguante tanto timpo encima de la bicicleta sin tomar drogas por detras. Lance Armstrong, es my idolo, y me duele pensar que se dopa, todo i que estoy seguro que lo haces, sino no seria un mortal, seria inmortal i esta es imposible.
    Eduard, Barcelona 2-12-05

  7. kaptha Dice:

    “¿Hasta cuando? Si la perfección no es de este de este mundo. Si aparece es la excepción que confirma la regla y dura un instante

    Si la salud y la vida tienen precio; mineros, bomberos, policías y otros muchos, mas o menos reciben un plus; +sueldo, jubilación anticipada y otras ventajas ¿Cuando el circo del deporte profesional aceptara, un probable riesgo para la salud dentro de unos limites, como el resto? ¿Porque se le exige al deporte profesional ser ejemplo imposible de perfección? “

  8. JUAN Dice:

    Pero, ¿hasta cuándo durará este hacerse el loco por parte de todos cuando en los años 20 el pobre Henri Pelissier dejó bien claro que, ante la dureza extrema del Tour todos se metían lo que podían? Han pasado más de 80 años y por lo bajo se comenta que los cadetes toman productos para galgos. Joder, pero es que se los compran sus padres… Aquí solo manda el dinero, y punto. Lo primero que había que hacer es un desagravio al pobre Pelissier por los huevos que tuvo para decirle al cabrón de Desgranges públicamente que era un gangster. Después, los nostálgicos habremos de conformarnos con echar un vistazo a nuestros cromos que compramos cuando soñábamos que el mundo y el deporte eran de otra forma. No nos engañemos más. La competición, por supuesto no solamente el ciclismo sino toda, está podrida. Se cae por cualquier lado, no hay forma de que los Eufemianos Fuentes o cualquier otro Al Capone de turno nos convenzan de nada. Son unos mafiosos y punto. Y nadie es un aguafiestas por decir esto. Es la verdad y ya está. – Oiga, señor, usted tiene un cáncer en los huevos y le ha alcanzado la cabeza.
    Ese es el diagnóstico. Y también esa es la metáfora, amigos. Pasó con Armstrong y ha pasado con los anteriores y con los posteriores. No hay un culpable, no hay dos culpables, no hay 5000 culpables. Los culpables somos todos nosotros por acción o por omisión, pero, sobre todo, por no hablar claro. Hay tantos intereses por medio…
    No solo el ciclismo, el deporte entero está muerto. El deporte de competición huele a muerto, es un cadáver, y de mantenerlo oliendo a rosas se encargan muchos listos. Que se vayan a la mierda, que revienten ellos a sus hijos, inmorales, cabrones, hijos de puta. Siento cabrearme, pero esta es la verdad.

  9. JUAN Dice:

    Y todo va a seguir igual. La respiración boca a boca, día a día, para mantener vivo al muerto. Ahora un comentarista finge entusiasmarse con un tipo que se mete una escapada de 200 kilómetros (le pagan por ello) y vamos a ver si el próximo caso de doping no aparece dentro de 3 días. A ver si tenemos suerte y tarda al menos un par de meses, que ya esta temporada acaba pronto. Esperemos que en la Vuelta a España no ocurra, de nuevo. La operación de maquillaje continúa. Nadie quiere manchar la imagen de los viejos campeones, que lo único que hicieron por cierto fue seguir las reglas del juego. Yo tomo lo que me dén, pero por favor dénme algo que no dé positivo en un control. Y que me permita reventar la carrera. Sin riesgos.
    Un ciclista de los años 50 le dio a otro un supositorio hecho con miga y aceite, envuelto en un papel de plata, y al día siguiente ese tipo que jamás había ganado nada, ganó la carrera de calle. Esa es una bonita historia. Una bonita historia de ciclistas majos y bromistas. Pero los médicos que preparan las sustancias que burlan los controles y que se cargan a Pantani y al Chaba y a chavales que lo único que quieren es ganar carreras, ser populares, ganarse la vida… Esos médicos tienen que dar con sus huesos en la cárcel. Ellos son los culpables. Y sus cómplices son todos los que saben y se callan. Pero, sobre todo, los que viven alrededor del mundo de la bicicleta sin dar una sola pedalada. Los organizadores de carreras que ponen trazados que ellos no se atreven a recorrer ni en moto. Los que viven del espectáculo que dan los chavales que se matan subiendo 5 puertos en un día, mientras ellos, modelos de hipocresía, juegan a personajes honorables viviendo del cuento, a promotores del deporte, a benefactores de la sociedad, a creadores de empleo. Y, cuando un ciclista da positivo en un control, se rasgan las vestiduras, lo inhabilitan y le tratan como a un criminal. Los criminales son ellos.
    A no ser que los ciclistas asuman de una vez que el riesgo no está solo en las bajadas a 100 por hora. Que el riesgo también es tomar cualquier cosa que les haga mejores que a los demás, quienes a fin de cuentas solo están haciendo lo mismo que ellos, intentar ganarse la vida sin estar subidos en un tejado 8 horas diarias. O sea, el doping, los productos que aceleran el ritmo son parte del riesgo y, si me revientan el hígado o los riñones, qué le vamos a hacer. Peor sería caerse de un tejado. Porque a ese no le salva ni Dios. En qué quedamos, señores, o una cosa o la otra. Pero, no más hipocresía, por favor, no insulten a nuestra inteligencia. No jueguen con la afición de los ciegos.

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